#OpiniónEl alto de Talvi Pou

En algunos momentos del país la historia intenta volver a repetirse.

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Batlle y Ordóñez había sido ya dos veces presidente del Uruguay (entre 1903 a 1907 y 1907 a 1911), en el medio de sus dos Presidencias había estado Claudio Williman.

Feliciano Viera era el nuevo «delfín» de Batlle, había sido su ministro del Interior en su segunda Presidencia, pero el hombre resultó de poco confiar.

Decía Feliciano Viera el 12 de agosto de 1916 (1 año y 4 meses después de haber asumido como presidente): «Las avanzadas leyes económicas y sociales sancionadas durante los últimos períodos legislativos, han alarmado a muchos correligionarios y son ellos los que nos han negado su concurso en las elecciones del treinta.

Bien señores, no avancemos más en materia de legislación económica y social; conciliemos el capital con el obrero. Hemos marchado bastante de prisa; hagamos un alto en la jornada.

No patrocinemos nuevas leyes de esa índole y aún paralicemos aquellas que están en tramitación en el Cuerpo Legislativo, o por lo menos, si se sancionan, que sea con el acuerdo de las partes interesadas».

Este episodio fue denominado el «ALTO DE VIERA» y significó una marcha atrás de todas las reformas sociales batllistas que se venían procesando en la época.

La ley de 8 horas, las indemnizaciones por despido, la ley de la silla, los seguros de accidentes de trabajo a cargo de los patrones, las leyes sobre descanso semanal obligatorio, salario mínimo para los trabajadores rurales, las leyes de divorcio, los comienzos de medidas tendientes a la emancipación de la mujer, la estatización del Banco República y del Banco Hipotecario, la creación del Banco de Seguros, AFE, UTE, la Administración General del Puerto de Montevideo (varios de estos negocios fueron arrebatados a los ingleses), la supresión de la enseñanza religiosa en las escuelas, la prohibición del uso de crucifijos en los hospitales públicos, la eliminación de los subsidios para el seminario sacerdotal, entre las reformas más importantes.

Era demasiado para el arco conservador de la época.

Ese bloque político y social tenía una oposición virulenta del Partido Colorado a través de Pedro Manini Ríos (abuelo del actual candidato a la Presidencia Guido Manini Ríos) quien rompió con el batllismo y creó el ala «riverista» del Partido, el Partido Nacional en su conjunto, la Unión Cívica que en aquella época era una fuerza pequeña pero influyente y las Cámaras empresariales que estaban en primera fila de la oposición.

Entre ellas se encontraba la Federación Rural (recientemente creada), la Asociación Rural (que había sido creada unos años antes), la Cámara Nacional de Comercio y la Cámara Mercantil.

Por supuesto que en todo este frente «antibatllista» se sumaba la Iglesia Católica, como abanderado de todo el proceso luchando por mantener sus viejos privilegios.

Todo el conglomerado era «todos contra Batlle» y encontraron el filo que buscaban. La reforma constitucional colegialista presentada por Batlle y Ordóñez los unió a todos y ésta fue derrotada en un plebiscito del año 1916.

El plebiscito se convirtió en una excusa y el bloque conservador- católico- liberal emprendió juntando todas sus fuerzas para «parar» el cúmulo de reformas que el país había creado en ese período.

Feliciano Viera se dio vuelta como un panqueque y se puso al frente de los conservadores. Viera se alejó de Batlle y creó una fracción propia en el Partido Colorado, murió a temprana edad siendo su principal legado el freno al avance de las legislaciones progresistas y fueron los primeros pasos de una República conservadora que enfrentara al batllismo.

Hoy, en setiembre de 2019 el país empieza a encontrarse con la misma encrucijada y con el mismo bloque conservador que intenta poner un freno a los cambios.

En materia laboral los tres períodos de gobierno del Frente Amplio denominado por algunos «la era progresista» generaron más de 50 normas que reconocen y amplían los derechos de los trabajadores; aumentos y recuperación de salarios reales, ley de regulación del trabajo doméstico, 8 horas para el peón rural, restitución de los Consejos de Salarios, Ley de Responsabilidad Penal Empresarial, creación del Instituto Nacional de Empleo y Formación Profesional (INEFOP); extensión de las leyes de maternidad y paternidad, licencias para padres y horarios especiales por adopción, ley de violencia contra las mujeres basada en género, despenalización del aborto, matrimonio igualitario, salas de lactancia, Sistema Nacional Integrado de Cuidados para la atención de la población en situación de dependencia, programas de salud bocal, hospital de ojos, leyes antitabaco, creación del Sistema Nacional Integrado de Salud que garantiza la cobertura y acceso universal de la salud a toda la población a través del FONASA, creación del MIDES con la contrapartida de recursos para las personas en condiciones de precariedad. Igual que en el año 1916 es demasiada tolerancia del bloque conservador.

Ahora formado por el Partido Nacional, el Partido Colorado (ahora en su totalidad ante el vaciamiento del batllismo en sus filas), Guido Manini Ríos a través de Cabildo Abierto, el Partido Independiente que junto a otros partidos menores emulan lo que fue la Unión Cívica en su momento.

Las Cámaras empresariales siguen igual que entonces, con la Asociación Rural, la Cámara de Comercio, la Cámara de Industria y en general todas las asociaciones empresariales que tienen peso económico en el país. A ello se suma un nuevo sector social conservador y liberal como «Un Solo Uruguay» y algunas expresiones religiosas sobre todo evangelistas y con una Iglesia Católica que manifiesta una alianza levemente explícita con el Partido Nacional (pero con un papel mucho más moderado que aquel 1916).

El Alto a las reformas sociales encabezado por la alianza entre Luis Lacalle Pou y Ernesto Talvi se vuelve imprescindible para una sociedad conservadora y alarmada, que ve con desconfianza y desagrado el impulso a la modernidad con cierto aire de audacia de esta era progresista.

En octubre el pueblo dirá. Si hay un freno a la era progresista o si hay un voto de confianza para seguir por este rumbo. La «era batllista» duró casi 30 años (hasta el ascenso de Terra) y con el Alto de Viera que funcionó como un forúnculo en el medio del proceso. La «era progresista» recién va por sus primeros 15.

Los historiadores del futuro recordarán los primeros años del siglo XXI de la misma forma que los primeros años del siglo XX. Un Uruguay que dio un salto cualitativo hacia el futuro y el bienestar, de la mano del batllismo y del Frente Amplio.

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1 comentario
  1. Marcelo dice
    Que buen articulo !!!!!!! Felicitaciones!!!!!

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