#OpiniónDos mil veinte: Iemanja solo necesita fe

Pedido especial para este año: No más femicidios ni violencia hacia las mujeres y los niños.

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La fe es un elemento purificador. La fe brinda esperanzas y renueva el entusiasmo por la vida. No necesariamente tiene que ser una fe religiosa y bienvenida si lo es.

Puede ser fe en nosotros mismos, en los demás, en un proyecto, en que nos vamos a superar, en la capacidad de resiliencia humana, en la resistencia de las identidades culturales, en el poder regenerador de las ganas de vivir. El ansia de la vida por sí misma de que nos habla Khalil Gibran.

Por eso es válido creer en que tiempos mejores vendrán y hacer algo para eso.

Iemanjá nos trae vida y ganas de vivirla en cada nuevo festejo. Y las aguas de la naturaleza veneradas especialmente ese día y necesarias para la existencia siempre están ahí.

Uruguay es un país bendecido con pródigos cauces acuáticos de ríos, arroyos y mar.

La fiesta multitudinaria en las playas además, es una gran oportunidad para poner en valor la trascendencia del cuidado al medioambiente cada día y no solamente los 2 de febrero.

Visualicemos la importancia social del evento, que además tiene la virtud de ser espontáneo.

Iemanjá obliga a pensar en el cuidado del agua para la sobrevivencia en el planeta, también es atracción turística, es fiesta popular, es mensaje de convivencia, de juntarnos para algo lindo, de pretexto para la integración comunitaria. Son muchas las dimensiones de cada dos de febrero uruguayo y no es casualidad; todos son colores de paz. Y las sociedades para sobrevivir necesitan imprescindiblemente la armonía social.

Pensemos incluso en la simbología acorde a los atributos de la deidad como es el caso de ser defensora de las mujeres, protectora de la familia, guerrera, la madre que educa a los hijos y pone límites, la estricta.

Otro aspecto de las tantas y diversas miradas hacia los 2 de febrero, es el de la reivindicación de la cultura afro desde el enfoque religioso o espiritual.

Porque el acervo cultural étnico racial afrouruguayo, latino y caribeño, nace de una misma raíz reflejada en diferentes expresiones. Las creencias son un aspecto de esas tradiciones, como lo es el idioma, la vestimenta, la culinaria, el arte, la música, los valores, lo sagrado, etc.

En tal sentido es una conmemoración mística de origen afroamerindio, que ha trascendido la religiosidad para instalarse en el calendario popular del verano uruguayo, tanto en la capital como en el interior del país.

¿O acaso creemos que Iemanjá es sólo un paseo de 2 de febrero?

Ese encuentro al aire libre que cada quien vive libremente desde su mirada, tiene un sentido tan intenso que a veces se pierde en la multitud.

Una significación diferente y plural, vasta y profunda como los océanos.

Un mensaje de defensa a los dones naturales -privilegio de las civilizaciones originarias en vinculación directa con la vegetación, los cielos, los caudalosos ríos- que hoy siglo XXI, a pesar de ser milenario en sus orígenes, posee total vigencia.

Y algo muy importante, no dejemos de visualizar la celebración.

Iemanjá es devoción, entrega, amor, solidaridad, integración y fe. No hay que ser umbandista para disfrutar Iemanjá.

Valoremos y valoricemos la fiesta en su justa dimensión, en su real magnitud, en toda la grandeza de la significación que implica un festejo de tanta raigambre popular.

Como herramienta colectiva contra la violencia, me quedo con Iemanjá; su alegría y esperanza.

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