Dormir y descansar es vital

Una vida saludable no solo implica tener una alimentación saludable, hacer ejercicio y practicar una adecuada inteligencia emocional. Dormir es fundamental, básico y mucho más que necesario. Es imposible mantener un equilibrio saludable en nuestra vida si no dormimos ni descansamos bien. El resto de nuestros procesos biológicos se ven alterados si el descanso no es correcto.

Dormir y descansar bien repondrá nuestra energía vital, despejará la mente, y pondrá orden en lo aprendido y adquirido durante las horas de vigilia.Si no le dedicáramos las horas necesarias a dormir cada día, todos nuestros sistemas biológicos se verían saturados y alterados, perjudicando nuestra estabilidad y atención exponiéndonos a situaciones de riesgo más fácilmente.

Para poder decir que se tiene un buen descanso es necesario que el sueño sea reparador, que no se vea alterado e interrumpido, que no haya sobresaltos, ni pesadillas, molestias o dolores durante las horas de descanso. Acostarse mientras estamos haciendo la digestión sobrecarga al organismo, y el descanso tiende a no ser muy reparador.

Disponernos a descansar debería implicar cierto orden y consciencia de lo que hacemos antes de dormir para que esas horas de descanso sean efectivas, por ejemplo, acostarnos muy nerviosos o luego de haber hecho alguna actividad que implicó mucha adrenalina, haber estado expuestos mucho tiempo a pantallas de diferentes dispositivos, estar incómodos o molestos con algo, no son factores que colaboren a tener un descanso reparador. Al contrario podrían causar más inconvenientes para conciliar el sueño y dormir bien.

Ernesto Ignacio Vega, en su libro denominado «El extraño universo de los sueños» sostiene: «…durante ese lapso nos recuperamos (psíquica y físicamente) de nuestra rutina cotidiana, de nuestras idas y vueltas por la vida. Cuando caemos en los brazos de Morfeo (Dios del sueño en la mitología grecorromana, descrito con una planta de adormidera en las manos), como suele decirse popularmente para referir ese acto casi ceremonioso y formal (el dormir) «desenchufamos» nuestro cuerpo, recesamos nuestras transmisiones conscientes y lo colocamos en un estado que le permite una rectificación restauradora. (…) Lo cierto es que cuando nos dormimos «desconectamos» el lóbulo frontal del cerebro, que ha trabajado todo el día en planificar, organizar y solucionar nuestra existencia, y el resto de las funciones cerebrales funcionan de la misma manera que lo hacen durante la vigilia.»

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