Opinión¡Dios salve a Verónica!

Pagad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Así contestó Jesucristo a los fariseos cuando vinieron a consultarle si era justo pagarle tributos al emperador romano.

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Esta frase, que fue luego desarrollada e interpretada por San Pablo, convirtió en doctrina cristiana la obligación de la obediencia cívica como virtud. Eso posibilitó que más tarde Constantino adoptara el cristianismo como religión, ya que dicha teoría permitía una convivencia pacífica entre las autoridades romanas y los cristianos.

El cristiano tenía que obedecer al César si los asuntos eran del César, pero por otra parte, tenía que obedecer a Dios si el asunto era de su incumbencia. De esta forma nació en la Edad Media la teoría política de los dos estados, de los dos mundos, de los dos reinos. La ciudad, el mundo, el reino de los hombres, por un lado y el estado celestial o reino de los cielos, por el otro. Era muy claro, que si había un conflicto entre ambos mundos el cristiano respondía a Dios, o sea el llamado “Derecho Natural”.

Como principales expresiones de esas nuevas teorías aparecieron los llamados “Padres de la Iglesia”: San Ambrosio, San Agustín y San Gregorio en ese orden. Son quienes, por primera vez, en el mundo antiguo plantearon el problema entre las relaciones entre la Iglesia y el Estado.

San Ambrosio (Milán mitad del Siglo IV) dijo que la Iglesia era quien tenía jurisdicción en materia espiritual sobre todos los cristianos, lo cual incluía al propio Emperador. Dios estaba por encima del Emperador, pero la Iglesia cuando se trataba de temas del más allá también.

San Agustín (principios del Siglo V) fue quien más se explayó en estos temas. Publicó su libro “Ciudad de Dios”. Allí desarrolla la idea de que el hombre es ciudadano de dos ciudades, la ciudad de su nacimiento y la ciudad de Dios, siguiendo la línea que se había marcado un siglo antes.

Por último San Gregorio (Segunda mitad del Siglo VI) se atreve a dar un paso más en la teoría de obediencia civil del cristiano. Dice que la obediencia debe ser silenciosa y pasiva aunque el Emperador realice las cosas más injustas, será Dios quien lo juzgue y deberá rendir cuentas no en el mundo terrenal (donde no tiene competencias) sino en el mundo de los cielos.

Quedó sepultado durante siglos todo el conocimiento griego y la grandeza de Roma, sus conceptos de poder del pueblo. Por algo algunos la han denominado como años de oscuridad, dado el escaso avance en todos los planos, particularmente de la ciencia (que tuvo directa relación con la Inquisición). Europa Occidental, el mundo conocido de entonces, se desarrolló política y culturalmente sobre esas bases.

Los sistemas democráticos, los sistemas republicanos se encuentran en problemas y cuestionados en el mundo entero. Parecería ser que dichos sistemas no dan las respuestas que los ciudadanos solicitan, ya sea en el tipo de respuesta esperada así como en los tiempos exigidos. De allí surgen gobiernos neonazistas, fascistas, gobiernos islámicos radicales, modelos tecnocráticos o autoritarios. Se ensayan diferentes respuestas a un mundo plagado de insatisfacciones.

Pensábamos que el problema venía de lejos. Pero al lado nuestro, el gigante norteño puso como presidente a Jair Bolsonaro, que parece querer reeditar la “teoría de los dos mundos” y plantear un claro retroceso político e ideológico que es un paso atrás en las ideas de la época moderna. Con visiones atrasadas y caducas de las relaciones entre la iglesia y el estado, sustentadas por las ramas de la religión cristiana más ortodoxa.

Tiene sus imitadores. Tiene quien le hace tribuna. Quienes invocando a Dios se hacen eco de estos retrocesos. No tienen ni de cerca el apoyo o la unanimidad en la comunidad cristiana. No es casualidad que el propio arzobispo de Montevideo, Daniel Sturla cuestionara ese tipo de relaciones entre Iglesia y Estado.
Un día aparecen en Mujeres de Negro portando una bandera en defensa de la mujer. Otro día en una Iglesia Evangélica muy cercana a conceptos del medioevo para sentirse ungida por el señor y fruto de la divina providencia.

Uno duda si se trata de oportunismo político, si hay insuficiencia de análisis teórico de nuestros actos o si hay convicción ideológica de querer llevar al mundo a una vuelta de tuerca atrás que nos conduzca nuevamente a conceptos perimidos y reñidos con el avance de la humanidad.

Por suerte Uruguay esta 1º en niveles de democracia (Unidad de Inteligencia de The Economist 2017) y 1º en Estabilidad Política (Indicadores de Gobernanza Mundial 2017).
No parece haber caldo de cultivo para estas expresiones teocráticas en un país laico, tolerante y con un profundo sentido democrático. Eso no impide estar alertas.

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1 comentario
  1. alfredo alsamendi dice
    Un estado teocrático siempr es algo negativo. Irán, Afganistán, Arabia, el Vaticano, Brasil. Afirmar que la política, el manejo de la economía, de la justicia, de la sociedad, está ordenado desde el cielo por una entidad sobrenatural que orienta en exclusiva al Presidente y sus seguidores sólo puede desembocar en la reparición de la iNquisisción. Quien se opone al gobierno, le lleva la contra a Dios. Ahí ahí aparecerá doña Verónica y su corte de los milagros evangélica y fundamentalista.

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