ENTREVISTADiana Bresque: «Soy una actriz de proceso y construcción»

En el ciclo «El teatro visto por sus protagonistas», invitamos a hombres y mujeres del quehacer teatral para que nos cuenten sobre sus vivencias, inquietudes, realizaciones y temores. Porque el teatro está construido por todo esto y mucho más. Hoy descubriremos algo de lo mucho que tiene para decirnos Diana Bresque, actriz, en ocasiones dramaturga, adaptadora, directora, como todo artista y creadora.

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Hagamos un poco de historia, ¿cómo llegas al teatro?

No me queda claro, tengo la sensación de que llego de casualidad, pero quizás ya

me estaba llamando desde la niñez. Mi padre siempre me llevaba desde pequeña a ver teatro.

Cuando era adolescente, fuimos a ver una obra y al entrar me ofrecieron dar la prueba para estudiar en su escuela, La Gaviota, dirigida en ese entonces por el recordado Juver Salcedo. Recuerdo en detalle el día que di la prueba. Era 1987 y tenía muchos nervios… habían alrededor de seis referentes de nuestro medio artístico de distintas disciplinas y fui seleccionada para ingresar en el pre vocacional. Ahí empezó mi futuro plagado de ilusiones.

¿Qué sentiste al estar sobre el escenario y enfrentar al público en tu primera composición teatral?

Sentí que era donde siempre sin saberlo quise estar y fue el comienzo del resto de mi vida.

¿Qué cuota de audacia se asocia al conocimiento en el arte?

Creo que la audacia es todo para lograr lo que te propongas y desees con todas tus fuerzas. Te lleva el impulso de la pasión por lo que realmente te hace vibrar y casi como en un estado una inconsciencia vas directamente y te lanzas. De todas formas, sin el conocimiento la audacia no sería consecuente y te haría perder el objetivo.

¿Qué rol reconocés como más acertado en tu carrera y cuál aquel que no volverías a interpretar?

Es loco, pero nunca lo pensé. Creo que siempre cometemos errores, pero cuando pasa lo tomo como aprendizaje y trato de ser mejor artista cada día. Siempre le busco lo positivo y negativo a cada personaje y a la distancia luego de crearlos reconozco sus defectos y virtudes, que se asemejan a mis defectos y virtudes personales.

Soy una actriz de proceso y construcción. Me gusta incursionar en todos los géneros, formas y metodologías soy sumamente inquieta. Tuve la suerte de experimentar en teatro, cine, tv, radio teatro, radio, carnaval y me siento agradecida por haber podido explorar en un abanico inmenso de oportunidades. Ojo siempre fui, soy y seré muy busca.

¿Ser docente de teatro es una vocación o una necesidad?

En mi caso fue un descubrimiento que también se dio de casualidad, no me lo propuse. En 1992 me llegó una invitación del director del instituto Bertold Brecht, donde comprendí que mi profesión tenía otras aristas. Fue entonces que empecé a estudiar mucho, a instruirme con otra visión para llegar de otra manera desde el arte y pronto logré sentirme segura. Me fascinaba la idea de poder transmitir emociones y sensaciones desde otro lado y no sólo en el escenario. Me enamoró y me sigue enamorando el dar y recibir.

Tengo la vocación desde que la descubrí y he estado en distintos espacios: liceos, escuelas, en el interior del país y en centros comunales de la Intendencia de Montevideo, donde trabajé durante 20 años desde 1994.

En el 2001 creé la Escuela de Actuación Integral, que partió en el INJU como un pequeño taller. La escuela como tal surgió por necesidad de los mismos alumnos que pedían más. De a poco fui armando el programa y se terminó convirtiendo en lo que es hoy, que constantemente se va transformando para ser aún mejor.

Lamentablemente, hoy estamos pasando una crisis a causa la pandemia, lo que me tiene triste y preocupada. Estamos trabajando con alrededor de 20 docentes de la escuela con todas las ganas para que los cursos no pierdan continuidad, pero no está siendo nada fácil.

¿Cómo planificas una temporada teatral? ¿Con cuánta anticipación? ¿Si surgen imprevistos cómo se solucionan?

Tengo como necesidad de proyectar, es algo que me alimenta y me hace sentir que existo. No me gusta parar la cabeza, siempre busco estar activa.

No todos los espectáculos me llevan el mismo tiempo de realización, por ejemplo, Los 85 y pico BonusTrack me llevó años de creación en mi cabeza para luego plasmarlo. Fue mucho trabajo con el elenco, un año de ensayos y entrenamiento. Ésta es una obra muy importante en mi carrera, que me llevó a ganar el premio a Mejor Espectáculo Musical de los Florencio 2018. Además, Los 85 y pico me marcan a nivel personal porque incluye una época de mi juventud, por lo que es un poco autobiográfica.

Cuando dirijo me gusta tomarme mi tiempo para procesar por mi cabeza toda la puesta, la creo y me la imagino antes de hacerla. Me gusta mucho plasmar imágenes en las puestas en escena. Generalmente empiezo a proyectar un año antes. Es inevitable que no surjan imprevistos, siempre tenemos obstáculos en el camino, pero se encuentra la solución.

Hablemos de las dificultades de nuestro teatro independiente, ¿cuál de todas te preocupa o te ocupa más?

Dificultades de todo tipo y colores

La indiferencia en todos sentidos

EAI se nutre de gran cantidad de alumnos y alumnas. ¿Por qué crees, de acuerdo a tu experiencia que la gente se acerca a las instituciones para hacer teatro?

Creo que por muchas razones. En base a mi experiencia, son muy pocas las personas que se acercan o sienten curiosidad de incursionar en este mundo por una verdadera vocación. El insistir, caer y levantarse es constante en nuestra profesión.

En general, ser alumno entra con una visión de lo que es el arte muy distorsionada, hasta que empieza a darse cuenta que va por otro lado. Hoy en día les cuesta el proceso, quieren todo ya y eso es lo primero que debemos enseñar. Es fundamental respetar los tiempos y los procesos.

¿Existen en verdad nuevas fórmulas para el teatro o son las mismas recicladas?

Pienso que hay muchas fórmulas metodológicas distintas… Sin embargo, todas nos conducen a un mismo objetivo logrando de lo deseado.

En tiempos del COVID-19, ¿cómo hará nuestro teatro tan herido siempre, para recomenzar la marcha?

Me siento impotente con el tema, porque los artistas estamos desamparados. Pero creo que es admirable lo luchador que suele ser nuestro medio. Somos luchadores incansables porque siempre estamos en peleándola. Rompemos barreras y traspasamos los limites. Hoy, siento que estamos rotos, por lo que vamos a tener que renacer de las cenizas… Sé que vamos a salir con más fuerza por todas las ganas contenidas y esa pasión que nos lleva a lo inalcanzable.

Eres una mujer muy luchadora, que no se da por vencida. ¿hay algo que te haga sentir desprotegida, artísticamente hablando?

Muchas cosas me hacen sentir desprotegida. Desprotegida es una palabra que me lleva al abismo y me asusta. La verdad que justo en este momento es lo que siento ante tanta incertidumbre por todo lo que nuestro país y el mundo está viviendo.

En mi caso los proyectos se desdibujan, las esperanzas se diluyen. Con mi escuela, a la que me dedico constantemente hace 19 años, me siento perdida. Otros proyectos artísticos en los que estoy trabajando serán postergados. Todo está detenido.

¿Hay claves para el éxito? ¿En nuestro país hay gente exitosa o todo pasa por el autobombo?

Creo que hay de ambas. Están quienes realmente tienen éxito y quienes saben venderse bien. No hay claves escritas para el éxito… se alcanza cuando uno mismo logra lo deseado.

¿Qué obra u obras te gustaría representar, pero te ves con impedimento para hacerla/s por el costo?

Ufff, tengo tantos sueños. Me encantaría realizar muchas obras que no puedo por sus altos costos.

¿La ley de teatro, aprobada y con presupuesto (pensemos que sí) cubriría las necesidades de la comunidad teatral?

Ojalá que sí, sería un sueño y tengo la esperanza de que se haga realidad. Hay que insistir golpear puertas y lo más importante tratar de unirnos todos los artistas para lograr el objetivo que tenemos en común. No se si cubrirían todas las necesidades, pero por lo menos sería una gran ayuda si se reparte equitativamente.

¿Una anécdota de esas inolvidables que nos puedas y quieras contar?

Recuerdo una anécdota qué sucedió hace muchos años dónde era el teatro de la Alianza Francesa, una sala hermosa. Estuve con un espectáculo, llamado Los amores de Kafka, que empezaba con los actores desparramados por todo el escenario. Si recuerdan, el público debía pasar por arriba del escenario para sentarse del otro lado de la sala. Fue a verme mi padre y al pasar me dice “Dianita, acá estoy”. Me sacó totalmente de contexto, quería que me tragara la tierra. Yo creo que él estaba tan nervioso como yo y por eso atinó a saludarme.

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