Un estudio de más de 300 culturas demuestra que las poblaciones humanas han encontrado los mismos patrones musicales en respuesta a contextos similaresDemuestran que la música sigue patrones universales

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Suele decirse que a falta de palabras, dos seres humanos siempre podrán comunicarse, sin importar sus diferencias culturales, a través del lenguaje universal de la música. Un estudio reciente de la Universidad de Harvard, liderado por el pedagogo Samuel Mehr, ha comparado la música tradicional de 300 culturas de alrededor del mundo buscando patrones comunes. Pasando por culturas africanas, guaraníes, coreanas hasta escocesas, Mehr ha concluido que “la música, efectivamente, es universal», y que incluso ésta presenta grandes coincidencias en contextos similares.

El equipo de Mehr ha investigado durante cinco años reuniendo registros sonoros de cuatro tipos de canciones provenientes de un centenar de culturas del mundo: canciones de amor, bailables, de cuna y de sanación. Para cada canción se analizaron diferentes dimensiones: por un lado la excitación asociada a la misma, es decir su capacidad de generar bailes comunitarios; por otro lado el grado de formalidad con que se ejecuta; y por último el nivel de religiosidad que la canción trae asociado. La formalidad casi siempre se vio vinculada a las ceremonias, la excitación a las fiestas liberadoras de tensión social, y la religiosidad casi siempre estuvo emparejada a la muerte y la elevación espiritual. También las canciones estudiadas se clasificaron según su complejidad utilizando softwares específicamente programados para la tarea. Los resultados de la investigación demostraron que en contextos y situaciones similares las canciones interpretadas suelen presentar los mismos rasgos, por lo que cabe pensar que la forma de las composiciones se encuentra asocia a la función que éstas deben cumplir.

“Una de las grandes preguntas sin responder es cómo varía la percepción de la música en todo el mundo. Hemos estudiado a 30.000 oyentes en un experimento y son capaces de averiguar qué tipo de canción están escuchando, incluso si las canciones son de sociedades de otros países”, explicó Mehr. Ya a partir de encuestas realizadas en línea a personas de todo el mundo los investigadores demostraron que la mayoría de los entrevistados, sin importar su origen cultural, podían interpretar la función de las músicas tradicionales de culturas muy diferentes que se les hizo escuchar.  “Las canciones de cuna y las de bailar son ubicuas y muy estereotipadas”, explica el antropólogo Manvir Singh, coautor de la investigación. Sea cual sea su cultura, el ser humano se rige a lo largo y ancho del globo por las mismas raíces simbólicas, lo que demuestra que la humanidad entera comparte el mismo tronco psicológico común.

Pero no todos los expertos coinciden con los estudios de Mehr. Uno de estos escépticos es el musicólogo Emilio Ros-Fábregas, quien dirige el Fondo de Música Tradicional de la Institución Milá y Fontanals de Barcelona. Según Ros-Fábregas, por más sólido que parezca el estudio, lo universal de la música puede chocarse con códigos de interpretación a veces muy alejados culturalmente que pueden dificultar enormemente la comprensión de un mensaje de una cultura a otra. “Reto a cualquier persona a escuchar un fragmento de Yaegoromo, una canción japonesa del repertorio de tradición oral, y a averiguar su mensaje”, desafió el musicólogo. En cambio, Mehr sostiene que todas las mentes humanas presentan una misma «gramática musical» que funciona como una estructura base en toda interpretación. “En la teoría musical, a menudo se asume que la tonalidad [el principio de organizar composiciones musicales alrededor de una nota central] es una invención de los músicos occidentales, pero nuestros datos plantean la controvertida posibilidad de que sea una característica universal de la música”, sostuvo Mehr. “Esto sugiere preguntas acuciantes acerca de la estructura que subyace en la música de todo el mundo. Y sobre si nuestras mentes están diseñadas para componer música”, sentenció. Por su parte, Steven Pinker, coautor del estudio de Mehr, considera que  «las características universales de la psicología humana inclinan a las personas a componer y disfrutar canciones con ciertos patrones rítmicos o melódicos que se asocian con naturalidad a ciertos deseos o estados de ánimo».

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