De profecías y realidades (II)

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Por supuesto que la victoria no vendrá por simple acción de la naturaleza, a la victoria tendremos que construirla. Con ejercicios de memoria por ejemplo, que nos permitan recordar el país que éramos antes de 2004 y el diametralmente distinto que tenemos hoy. Un país que empieza a dar señales claras de transitar hacia el desarrollo productivo que le permita ese salto de calidad para el que se preparó durante esta década y media.

Es cierto –además- que se ha instalado un clima interno donde se abona la idea de oscuros presagios en la economía nacional, haciendo que la opinión pública se hunda en pronósticos negativos donde se proyecta la desaceleración del crecimiento de la economía y la pérdida de puestos de trabajo que, sin disparar la tasa de desempleo, no dejan de ser un llamado de atención para las autoridades. Ante la preocupación y el tratamiento real del problema, se instala -por parte de la oposición- la idea de crisis que busca generar un estado de desánimo que invite a rotar el rumbo político y llevar votos para sus partidos.

También es cierto que ese estado de ánimo que se pretende imponer debe corresponderse con la realidad, y eso todavía está lejos de cumplirse por más que machaquen y repitan hasta el hartazgo lo contrario. Pero, también es cierto, que es necesario que los militantes tengan la fortaleza necesaria para no caer en el desánimo que intentan imponer con ese discurso e impedir que nos pinten la realidad que ellos quieren dibujarnos.

Un Gobierno presente
En vísperas de esta columna la Presidencia de la República informó del retiro de Petrobras del país conjuntamente con el anuncio de la restitución de todos los trabajadores despedidos y el cese de todas las concesiones que tenía la empresa en el país que vuelven al Estado “sin reclamos de especie alguna” como expresa el comunicado. Una clara señal de una forma diferente de gobernar el país pensando en su gente, muy distinta a la que tuvo el Uruguay antes de 2004, donde había quienes se ufanaban de «no perder ninguna huelga» o «hacer que les pagaba mientras hacían que trabajaban» (Sanguinetti y Lacalle Herrera, respectivamente).

Un dato como cierre para ilustrar una realidad uruguaya que, a pesar de las dificultades, no es como la pintan desde la oposición: con la recaudación de los peajes fue posible cumplir el plan de inversión vial. Un promedio mensual de 3 millones de tránsitos generaron una recaudación de casi 100 millones de dólares entre los 15 puestos a nivel nacional en el año 2018. Esa recaudación habla de un Uruguay que lejos está de vivir una crisis, habla de uruguayos que transitan las rutas nacionales para vacacionar, de turistas que nos visitan, de camiones que trasladan valor agregado, hablan de trabajo y tiempo libre, hablan de divisas que se generan y que se reinvierten en mejorar la infraestructura. Hoy recorrer el país es diametralmente diferente con rutas nuevas, de primer mundo.

Hoy quieren imponer la sensación de un escenario similar al año 1999 para justificar que hay señales de alternancia en el gobierno del Uruguay; se olvidan que han pasado 20 años y que si bien estamos más viejos, tenemos la memoria intacta. Hay un país al que no queremos volver y es precisamente ese país de entonces donde nos sumimos en la peor crisis que registra nuestra historia.

Hay un país que ya fue y dependerá de nosotros mismos evitar que vuelva…

el hombre leía una encuesta,
el perro ladraba un dato…

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