La investigadora Cristina Romera Castillo considera que s urgente el estimular la creatividad para enfocarla en la búsqueda de soluciones a la acumulación de plástico en los océanosCualquier alternativa al uso de plásticos es significativa

0 71

Según datos recogidos por la ONU. cerca de 13 millones de toneladas de plástico culminan en el océano comprometiendo la vida de más de 100 mil especies marinas año a año.. Por erosión progresiva a causa de las corrientes oceánicas y los rayos del sol, los fragmentos de plástico se descomponen hasta volverse micropartículas de plástico que luego contaminan todos nuestros alimentos provenientes del mar. Esto representa una incalculable amenaza para la especie humana y para el equilibrio de los ecosistemas terrestres, por lo que Cristina Romera Castillo, investigadora del Instituto de Ciencias del Mar del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), ha decidido volcarse de lleno a la búsqueda de soluciones alternativas para deshacernos de los residuos que generan estos derivados del petróleo. “Cualquier cosa que utilicemos como alternativa va a tener un impacto. Lo mejor es no generar residuo”, dijo Romera Castillo a El País de Madrid. Recientemente su investigación recibió uno de los cinco premios otorgados por L’Oréal-UNESCO For Women In Science, una fundación que promueve la igualdad de género, la visibilidad y el reconocimiento de las mujeres en la ciencia.

Su estudio consiste en estudiar qué condiciones favorecen la degradación de estos microplásticos y que consecuencias pueden tener estos en los microorganismos marinos. Según la investigadora, la existencia de bacterias capaces de consumir las moléculas de carbono que resultan de la progresiva degradación de los residuos plásticos podría ser en un futuro la clave para sortear una catástrofe ecológica. La idea de la investigación surgió cuando Romera Castillo encontró  grandes acumulaciones de carbono orgánico en ciertas zonas del Atlántico Norte, lo que sugería que los residuos plásticos siguen en el océano una ruta específica a lo largo del tiempo. Según el Foro Económico Mundial la acumulación de microplásticos será insostenible para el 2050, lo que vuelve urgente el implementar sistemas de control para evitar la llegada de estos residuos al mar. “Casi el 80% de plástico que hay en el mar llega por los ríos, las depuradoras, y por las plantas de tratamiento de las aguas. Poniendo un control y crear un mejor sistema de tratamiento de las aguas en las ciudades se evitaría que siga llegando a nuestro océano», argumentó la científica.

Por más aditivos que se agreguen a los productos plásticos durante su fabricación para retrasar su descomposición, tarde o temprano la erosión transformará cada botella, cada silla de playa y cada cepillo de dientes en minúsculas partículas de plástico casi invisibles pero potencialmente nocivas. . “Estos pequeños plásticos son los más peligrosos”, explica la científica, “son los que la red no consigue atrapar, los que los peces ingieren y que luego llegan a nuestros organismos por comerlos. Me dan miedo los efectos que podría tener este ciclo de degradación tan lento en nuestro organismo porque los desconozco todavía”, explicó la investigadora. La disolución de microplásticos en el agua marina facilita la multiplicación de aquellas bacterias que se alimentan de carbono orgánico, por lo que se podría generar un sistema de retroalimentación en el que la acumulación de estas bacterias combatiría la acumulación de residuos plásticos. “Quiero ver de qué bacterias se trata y si se pueden utilizar, junto a la luz y a la erosión, para eliminar el plástico”, comentò Romera Castillo. Sin embargo, la científica no cree que multiplicar estas bacterias signifique la última solución al problema, ya que éstas también respiran y emiten dióxido de carbono (CO2), un poderoso gas de efecto invernadero. “Digamos que es el camino pero no puedo confirmar que hayamos encontrado la solución”, precisó.

El plástico biodegradable es otra alternativa que podría encender una luz de esperanza, pero éste solo se degrada en condiciones muy particulares y genera una impresión de inocuidad en la población humana que termina siendo contraproducente. “Y tampoco podemos dejar de cultivar alimentos para hacer plásticos. La gente piensa que puede tirar cosas al mar por ser biodegradables, pero no es verdad”, explicó Romera Castillo. La científica aún así se mantiene optimista al observar a las nuevas generaciones, ya que los niños y jóvenes tienen una sensibilidad ecológica que supera con creces la de sus padres, quienes terminan aprendiendo de sus hijos nuevas formas de comportamiento más responsables con el entorno.

Habiendo dudado en un inicio entre estudiar ciencias o bellas artes, Cristina Romera Castillo, aunque se haya decidido por la primera opción, considera que el arte es esencial para lograr concientización en la ciudadanía. La creatividad, para la investigadora, es esencial para encontrar nuevas soluciones alternativas a problemas que en un principio parecen insorteables.  «Hace falta creatividad para investigar y sobre todo para que llegue a más gente”, opinó la científica. “Cada vía de divulgación llega a un colectivo de personas diferentes y me parece que el arte es un buen camino. La visión es diferente entre un científico y el artista y se tienen que unir», concluyó.

También podría gustarte

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.