"Con esta obra se busca mover al público, al actor y al ambiente artístico", aseveró su productor, el actor y director Roberto "Chicho" Andrade«Conejo Blanco, Conejo Rojo», un abismo artístico donde se fusiona

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Mañana miércoles 22 de mayo, se estrena en nuestro país, un éxito internacional, la obra «Conejo Blanco, Conejo Rojo», del iraní Nassim Soleimanpour, una experiencia teatral única y se ha celebrado en todo el mundo, como una de las noches más asombrosas en el teatro, dónde el público y el artista, crean una performance sobre los vínculos y las tensiones, entre la libertad y la conformidad.

En este espectáculo cada actuación es un estreno mundial. No hay ensayos y no hay director.

Un actor o una actriz diferente en cada función interpretan el texto por primera vez. Los intérpretes no lo conocen previamente hasta que se les entrega frente al público.

Este pieza, que tiene la producción del actor y director Roberto «Chicho» Andrade», se presentará entre el 22 de mayo y el 13 de junio, con funciones miércoles y jueves, 21 horas, en la sala Delmira Agustini del Teatro Solís. Venta de localidades en boletería del teatro y Tickantel. Es un espectáculo teatral para adultos (no apto 15).

En su primera noche, actuará Rogelio Gracia, y luego estarán César Troncoso (Jueves 23 mayo), Levón (Miércoles 29 mayo), Gerardo Begérez (Jueves 30 mayo), Myriam Gleijer (Miércoles 5 junio), Andrea Davidovics (Jueves 6 junio), Marisa Bentancur (Miércoles 12 junio) y Graciela Rodríguez (Jueves 13 junio).

Su autor, Nassim Soleimanpour con 29 años (en 2010), no pudo salir de su país por negarse a realizar el servicio militar.

A partir de este hecho, escribe esta obra, que lleva su voz a través del mundo entero. La performance es un encuentro emocionante y único entre el público, los intérpretes y un joven dramaturgo, que tiene más preguntas que respuestas.

El espectáculo se ha presentado en: Edimburgo, Londres, Melbourne, Toronto, New York, Boston, Chicago, Ciudad de México, Lima, Bogotá, Río de Janeiro, Santiago de Chile, Buenos Aires, entre otras ciudades. Y ahora, se estrena en Montevideo, por ocho únicas funciones.

Pero, siempre es saber cómo llegó esta obra a nuestro país, y es por eso que LA REPÚBLICA dialogó con «alma mater» en Uruguay; Roberto Andrade.

¿Y gracias a estar siempre buscando es que encontraste esta obra que se empieza a hacer este miércoles 22 de mayo?

Efectivamente. Siempre estoy viendo lo que se hace en París, Londres, New York, etc. En esa búsqueda vi, ya hace tres años, esta obra «Conejo Blanco, Conejo Rojo», que se había hecho en el Festival de Edimburgo (Escocia), que es de lo experimental en teatro. Ahí leí que esta obra de un iraní había sido el boom en el 2010. Y buscando sobre ella vi que la habían hecho en España, en Francia, en New York, y con mucho éxito. Empecé a buscar que era, que se trataba de un experimento, pero sin mucho detalles, y me pareció interesantísimo.

También vi que compraron los derechos en México, Colombia, chile, y el año pasado lo hicieron en Timbre 4, en Buenos Aires, con Tolcachir, y con actuaciones de Cecilia Roth.

Ahí decidí pedir los derechos a través de Agadu, y luego de tres meses no lo logramos. Entonces en Facebook busqué el nombre del autor, le escribí en u inglés básico quien era, sin muchas pretensiones, y a los 30 minutos me respondió y me dijo «encantado» y me pidió que le escribiera a su agente literario que está en Alemania, me contacté, me dio el OK, y acordamos el pago de los derechos, y me mandaron la propuesta, la que es muy cerrada, por lo que hay que firmar un contrato de confidencialidad y seguir una serie de particularidades, y te develan aspectos de la obra que sólo el que compra los derechos sabe y no puede contarle a los actores/actrices, los que te pide el autor sea de todos los ámbitos teatrales, como ser el clásico, el off, de todas las edades, de todos los métodos de actuación, y ahí se arme un ciclo de un mes.

¿Y cómo armaste esa lista?

Puse varios nombres, pero los ocho primeros que tenía, todos aceptaron y se animaron. Es un desafío, una locura, y un tembladeral, ya que hay que improvisar, más allá del planteo que el autor coloca en el libreto. Algunos son más amigos, otros no, con algunos trabajé y con otros no. Es muy interesante de que están libres en el escenario, que es un poco la idea del autor. El ensayo y el texto te sujeta, y esto es tirarse al vacío, más allá de si la obra gusta o no. Al artista le interesa más la experiencia que si gusta o no.

Por contrato salgo al escenario, me presento, cuento lo que se puede, presentó al proyecto, al actor/actriz, le entrego un sobre lacrado, le pido al público que no cuente lo que vio, y salgo de escena. Puedo ver la función, pero fuera del escenario.

Y al que actúa tiene que ojearlo al libreto completo y arrancar, con el texto en la mano.

¿Cómo se comprueba que él/ella siguió el guión? ¿Vos o el autor? ¿De qué manera?

Yo se, y el público que pueda asistir a otra función. Los actores no se pueden ver. Hay un libreto en femenino y masculino, pero cambian sólo los artículos. Es un monólogo idéntico. El autor se entera de lo que sucede con la gente. Hay un mecanismo para que él se nutra con esas devoluciones. Hay un mecanismo que no puedo contar, pero eso sucede si la gente quiere, sino, no pasa.

¿Qué le decís al actor?

Nada, ya que no se dirige y no se ensaya. Es una propuesta que tenés que estar abierto al desafío. Tiene mucho que ver con lo que le pasó al dramaturgo. En 2010 tenía 29 años y no había hecho el servicio militar en su país, Irán, por ser fiel a sus ideales pacifistas, por lo que no tenía pasaporte. Lo invitan a Edimburgo y como no podía salir, ideó esta obra, para que ella pudiera viajar sin él. Fue una sensación, y una productora alemana le compró los derechos y esta traducida a 25 idiomas.

¿Cuál es el desafío para el productor?

El de presentar la propuesta y ser el hacedor de lo que va a pasar en cada función, porque mas que el sea el texto único, lo que pase ese día va a ser el contacto único del actor o de la actriz con le público. También existe un alto riesgo para el productor, pero no es un tema comercial. Ya que la sala es chica, y más los convenios. Esto tiene que ver con mover el medio. Va por otro lado. Acá se juega con la risa y con la emoción. Divierte, pero moviliza al mismo tiempo. Hay que contextualizar, porque la escribió y vive en un régimen totalitario. Pero no es una obra política, pero los mensajes se pueden leer. La obra tiene capas. Los que quieran pasarla bien, lo hacen, y los que quieren un poco más, también. Tiene esas dos virtudes. Tiene un escalón más poético, filosófico. En síntesis, hay para todos los gustos. Y juega un rol importante ese abismo al que se tira el actor. Con esta obra se busca mover al público, al actor y al ambiente artístico.

Las funciones

ROGELIO GRACIA. Miércoles 22 mayo
CÉSAR TRONCOSO. Jueves 23 mayo
LEVÓN BURUNSUZIÁN. Miércoles 29 mayo
GERARDO BEGÉREZ. Jueves 30 mayo
MYRIAM GLEIJER. Miércoles 05 junio
ANDREA DAVIDOVICS. Jueves 06 junio
MARISA BENTANCUR. Miércoles 12 junio
GRACIELA RODRÍGUEZ. Jueves 13 junio

No es un manifiesto político

La Agencia Literaria Aurora Nova, Berlín, Alemania, que posee los derechos de la obra advierte que «esta obra NO es abiertamente política, y no debe ser presentada como un manifiesto político. Todos los medios y agentes de prensa deben tener en cuenta que el dramaturgo vive en Irán. Por lo tanto, pedimos a la prensa que sea prudente en su información.»

Andrade, el productor

Ante la pregunta de cómo llegó el teatro a tu vida, contó: «Mis viejos querían que fuera economista, pero no tuvieron suerte. No tenía nadie en la familia que fuera actor o estuviera vinculado con el teatro. Arranque en un taller barrial, que lo dirigía Carlos Aguilera, en 1976, porque me dijeron que si iba me regalaban entradas para ir a ver obras, y como quería ver teatro, empecé, y quedé fascinado y nunca más me fui. Además soy una persona muy para adentro, y me ayudó mucho a sacar las cosas, te mueve todo internamente. Fue un revuelo en mi familia.

Estudié en el Teatro de la Ciudad, porque la EMAD estuvo tres años cerrada en la dictadura, justo cuando quería empezar a estudiar teatro. Varios de los profesores eran de la EMAD que se habían quedado sin trabajo.

Empecé a actuar en el año 1981 en el Notariado con la obra «Semilla Sagrada», de Sergio Otermin, dirigido por Jorge Denevi, con la que estuvimos 2 años. Y de tarde hacía un espectáculo infantil «Hola familia merengue», donde hacia el perro, y de donde me quedó el mote de «Chicho».

Paralelamente comencé a dar clases de teatro y también trabajaba en otras cosas para sobrevivir, en oficinas, como administrativo, pero nunca dejé de estar vinculado al teatro.

Por eso me consideró tocado por la mano de Dios porque actúe, di clases en todos lados, para niños, jóvenes, adultos, adultos mayores. En el Crandon, Jean Piaget, en la Universidad Católica, hasta que me jubilé hace un año. Pero sigo dando clases en la EMAD, y los grupos que son convenio entre la Intendencia de Montevideo (IM) y la Sociedad Uruguaya de Actores (SUA). Concursé en el año 1991 para dar estas clases, que son talleres del programa Esquinas de la Cultura: Tengo dos grupos, de adultos en la Aguada y de adolescentes en el Cerrito».

40 años dirigiendo

Consultado sobre cuándo empezó a dirigir narró que «actuaba y dirigía, y fui ganando experiencia. Muchos grupos independientes y había el dilema de quien dirige, y un día arranqué, me sentía preparado. Siempre me gustó la parte de organización, de gestión, ese ecónomo que me quedó adentro, emergía.

Dirigí muchos infantiles, y en los 90’ me incorporé a la compañía Italia Fausta, que administraba el teatro del Anglo, donde estuvimos hasta hace 2 años que se terminó el contrato, y lamentablemente la compañía se disolvió, tras 25 años haciendo espectáculos para niños y para adultos.

Fue una etapa linda, pero ya fue superada, porque he dirigido de a tres, cuatro obras por año, y ahora elijo más. A mi me gusta hacer obras de actualidad, y especialmente con humor».

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