#IdearioCon AMLO, ni complicidad ni silencio

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Desde esa fecha se ha tornado más difícil emprender una acción militar contra Venezuela. Al muy desprestigiado gobierno saliente de Peña Nieto se le acabó el tiempo en sus apoyos y gestiones en favor del derrocamiento del presidente Nicolás Maduro por la vía de una invasión militar. Con López Obrador no habrá complicidad con esos planes agresivos. Y ni siquiera puede pensarse en el aval del silencio.

De modo que puede colegirse que la invasión militar por cuenta de Estados Unidos o de sus aliados-sirvientes como Colombia o Brasil, países fronterizos con Venezuela, ha perdido empuje.

México tuvo durante décadas un enorme e inigualable prestigio en América Latina por su política exterior en defensa de los principios de la no intervención y la solución pacífica de las controversias. Y a partir del próximo 1º de diciembre en que López Obrador asuma plenamente el poder, ese prestigio perdido volverá por sus fueros. El nuevo gobierno tendrá como divisa el apotegma juarista: “Entre los individuos como entre las naciones el respeto al derecho ajeno es la paz”.

Y ese apotegma tendrá indudablemente un ejercicio activo, por lo que cabe esperar un relanzamiento de las relaciones diplomáticas y de cooperación entre ambos países, lo que contribuirá a quitar presión en los amagos diplomáticos y mediáticos del imperialismo y de la derecha criolla contra el gobierno de Maduro, lo que, indirecta y adicionalmente, restará gas a las posibilidades y propósitos de una intervención militar.

Sin invasión militar, suponiendo que fuera rápida y exitosa, no se mira cómo puedan ser derrocados Maduro y el chavismo. Ambos mantienen un mayoritario y decidido respaldo popular en lo social, lo político y lo electoral. Entre dos tercios y tres cuartos de la población están del lado del chavismo y de Maduro.

Aquí, en el frente interno, está la clave de la permanencia del chavismo en el poder. Será necesario mantener y acrecentar el respaldo del pueblo al gobierno bolivariano, lo que no parece difícil con una oposición fragmentada, pro yanqui, racista y sin nada que ofrecer a ese mismo pueblo, excepto violencia, golpes de Estado, magnicidio, escasez artificial de alimentos y medicinas y amenazas de invasión militar y guerra regional.

Con el triunfo de López Obrador el imperialismo y la derecha venezolana y latinoamericana han perdido a México, en buena hora, como aliado estratégico e imprescindible en sus afanes intervencionistas y guerreristas.

 

La Comisión de la Verdad

A lo largo de los últimos cuatro años han circulado dos versiones sobre el crimen de los estudiantes normalistas de Ayotzinapa: una que secuestraron un autobús en el que, cosa que ellos ignoraban, se trasladaba droga. Esto hizo enfurecer a los narcos dueños de la carga, por lo que dieron un escarmiento a los muchachos. La versión no niega la participación del gobierno, del ejército y de policías, lo que reforzaría la hipótesis de que se trató de un tema de droga.

La segunda versión sostiene que el gobierno federal decidió poner un freno definitivo a las actividades subversivas, movilizadoras y críticas del poder del normalismo rural mexicano, enemigo con poderosas raíces populares.

De modo que una de dos: crimen del narco o crimen de Estado. Y aunque la versión que atribuye al narco la responsabilidad de los hechos ha tenido muy buena prensa y la autoría oficial, no es sencillo, por esas mismas razones, tragársela.

Además de la inverosimilitud de la versión del narco por las razones señaladas, hay otros hechos que refuerzan la hipótesis del crimen de Estado: la inicial resistencia del gobierno federal por atender un asunto sin duda gravísimo que emparentaba al gobierno mexicano con la política sudamericana de la desaparición forzada; la tardía y sesgada investigación federal; el ocultamiento y destrucción de evidencias; y los resultados de otras investigaciones.

Por todo lo anterior, y a pesar de la creencia de cada quien, es necesaria la creación y funcionamiento de una Comisión de la Verdad, como lo ha ofrecido el presidente electo López Obrador. Solo una investigación de este tipo puede esclarecer plenamente lo ocurrido aquella noche del 26 de setiembre de 2014 en la ciudad de Iguala y conocer los nombres de quien ordenó la atrocidad y de quienes la ejecutaron.

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1 comentario
  1. Adrián dice
    Muchachos no pueden hacer esos comentarios en esta nota; si realmente el nuevo gobierno Mexicano hiciera eso que dijo (cosa que lo veo poco probable); cuando dicen del impresionante apoyo popular a la dictadura de Maduro el único que se lo puede creer es Abdala; por favor coherencia!!!

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