Los científicos descubren por qué un cerebro humano de 2600 años de antigüedad no se descompuso del todo con el tiempo¿Cómo podría conservarse nuestro cerebro?

Cuando la paleontología o la arqueología reconstruyen los eventos que se sucedieron en el pasado lejano así como los seres que habitaron ese pasado, lo hace a través de los rastros geológicos que han quedado impresos en nuestro planeta. Pero estos rastros nunca suelen ser orgánicos, ya que la materia orgánica se descompone relativamente rápido o, en el mejor de los casos para un paleontólogo, esta materia se transforma en diferentes minerales. Debido a las altas presiones sufridas por los restos orgánicos cuando son enterrados bajo sucesivas capas de sedimentos que se acumulan con el tiempo, estos restos sufren lo que conocemos como «fosilización». Pero estos fósiles son inorgánicos, así como las huellas que imprimieron en vida sobre la roca o la tierra quienes les dieron origen. Pero extrañamente existe un caso que ha frustrado las teorías de los científicos durante años: un cerebro humano de 2600 años cuyo material orgánico logró conservarse más allá de las inclemencias del tiempo. Sin embargo, recientemente se han descubierto las razones que pueden haber permitido esta extraña conservación.

El cráneo que albergaba este cerebro sin fosilizar fue encontrado en el año 2008 y sorprendió por la cantidad de material orgánico preservado. Durante más de una década el descubrimiento confundió a la comunidad científica, pero una nueva investigación logró explicar cómo este cerebro pudo haber resistido la descomposición durante miles de años. Como el hallazgo se dio cerca del pueblo inglés llamado Heslington, Heslington es el nombre que los descubridores le dieron al antiguo dueño de la mente más longeva jamás encontrada. La hipótesis mayor manejada por los investigadores es que Heslington era un hombre de mediana edad que fue decapitado durante la Edad de Hierro británica, su cabeza habiendo sido enterrada inmediatamente después en una zona que con el tiempo se volvió pantanosa.

El cráneo de Heslington sorprendió a los arqueólogos por la gran cantidad de tejido cerebral que se había conservado en su interior, considerándose el cerebro mejo conservado de la historia. Si ya de por sí es raro encontrar material orgánico que resista sin descomponerse miles de años, más sorprendente aún es que lo haga un cerebro, ya que sus componentes se degradan de forma especialmente rápida por autolisis. Inicialmente, los investigadores encontraron dificultades para explicar cómo este cerebro había escapado al proceso de autolisis que destruye los tejidos celulares ya que el cuerpo que lo albergaba no mostraba indicios de haber sido embalsamado o haber pasado por ningún proceso especial de preparado para su conservación. Al no haber tampoco encontrado rastros de otros restos orgánicos conservados, ya sean estos queratinosos como los cabellos y uñas o protegidos por esmalte como los dientes, los científicos descartaron que haya sido el ambiente único y carente de oxígeno únicamente lo que haya favorecido la conservación sorprendente de este cerebro.

Sin embargo, una nueva investigación publicada en el Journal of the Royal Society Interface marcó el camino hacia una explicación más satisfactoria para esta inusual preservación. Axel Petzold, autor principal de este estudio y perteneciente a la University College de Londres, junto a su equipo analizaron en el laboratorio la composición molecular de muestras del tejido conservado de la mente de Heslington durante un año completo para generar un perfil de las proteínas que allí se desarrollaron. Tras haber identificado más de 800 proteínas, los investigadores se sorprendieron aún más al descubrir que muchas de ellas aún conservaban su estructura normal. Algunas incluso preservaban su acción de defensa inmunitaria. Aunque muchas preservaran su estructura, las proteínas se habían formado agregados compactos, lo que podría haber ayudado a su estabilidad a lo largo del tiempo y así a evitar la descomposición. Estas formaciones se componían principalmente de neurofilamentos y proteínas ácidas fibrilares gliales (GFAP), y en su forma de agregados pueden haber brindado la estructura necesaria para preservar intacta la materia cerebral. Las enzimas responsables de la autolisis se habrían inactivado poco después de la muerte de Heslington, permitiendo la formación de estos agregados proteicos.

Posiblemente, creen los expertos, un fluido ácido podría haber ingresado al cerebro de Heslington antes o después de morir, muerte que podría haber sido causado por un golpe o por asfixia antes de la decapitación. La otra hipótesis diferente a la del ingreso de fluido ácido es la que el hombre presentara una enfermedad desconocida al momento de su muerte. El hallazgo de neurofilamentos en las porciones externas de materia gris del cerebro, estructuras que normalmente se encuentran en las porciones internas de la sustancia blanca cerebral, apoya la teoría del ingreso de fluido ácido al cráneo ya que la autolisis podría haberse inactivado por la introducción de tal fluido. Por otro lado, el ambiente de sedimentos finos y fríos puede haber creado un ambiente libre de oxígeno que podría haber perjudicado la instalación de bacterias descomponedoras de la materia orgánica. Aun así, todas las posibilidades barajadas deben aun así haber actuado a la vez para permitir esta conservación milenaria tan inusual de ver para un arqueólogo o un paleontólogo.

 

 

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