Cómo el Cártel de Sinaloa se volvió trasnacional gracias a la CIA

0 541

Una alianza forjada entre la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de EEUU y los cárteles de la droga, junto con gobiernos mexicanos, hace tres décadas, provocó que el Cártel de Sinaloa se convirtiera en una organización trasnacional con el poder de desafiar al Estado mexicano, tal como ocurrió el pasado 17 de octubre en la ciudad de Culiacán, tras la captura y liberación de un hijo del narcotraficante Joaquín ‘Chapo’ Guzmán.

Pero mientras las disputas territoriales entre los cárteles han provocado que México registre niveles récord de violencia, el académico José Luis Velasco Cruz, profesor del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), sostiene que la verdadera misión que el actual Gobierno ha encomendado a los militares no es acabar con las organizaciones del narcotráfico, sino reconstruir el Estado mexicano, tras los estragos sociales que dejó la etapa neoliberal.

Según el experto, que encabeza un proyecto para tratar de entender la violencia del narcotráfico en el país y su relación con procesos políticos, la estrategia de seguridad del Estado mexicano en las últimas décadas ha estado orientada en contener la violencia de los cárteles, en lugar de erradicarlos. Una situación que, en cualquier caso, se mantienen prácticamente intacta. 

El pacto entre la CIA y narcotraficantes sinaloenses

Para Velasco, el origen de esta historia se remonta a la década de 1970, con la intervención de EEUU en América Latina a través de la Operación Cóndor, un plan diseñado por Henry Kissinger para apoyar las dictaduras de derecha en la región y acabar con la «amenaza comunista». Dicha estrategia incluyó el apoyo a los gobiernos autoritarios para acabar con opositores, lo que generó una colaboración cada vez más estrecha entre los servicios de inteligencia estadounidense y las florecientes organizaciones de narcotraficantes, que eran utilizadas en operaciones clandestinas de contrainsurgencia.

Esta relación entre la CIA y el narco se fortaleció aún más en México durante la década de 1980, cuando en un contexto de crisis económica y revoluciones sociales en Centroamérica, la CIA, el Cártel de Guadalajara y la hoy extinta Dirección Federal de Seguridad (DFS) de México, establecieron un pacto que explica el crecimiento y la internacionalización de los cárteles de la droga mexicanos. 

Esa colaboración entre el Cártel de Sinaloa, el Gobierno mexicano y EEUU para apoyar a la contra en Nicaragua y a la derecha en El Salvador y Guatemala, fue lo que le dio el enorme impulso al narcotráfico mexicano.

«A veces se soslaya la alianza especialmente entre el Cártel de Sinaloa y el aparato de seguridad de México y EEUU, sobre todo en la década de 1970 y de 1980. Los narcotraficantes sinaloenses, asentados en Guadalajara a principios de los 80 -que dejaron Sinaloa después de la Operación Cóndor de finales de los 70 y se asentaron en Guadalajara- colaboraron con la DFS de México y con la CIA en la guerra de Centroamérica, una historia bastante contada, pero cuyo impacto en el desarrollo ulterior del narcotráfico en México se olvida», afirma Velasco.

«Esa colaboración entre el Cártel de Sinaloa, el Gobierno mexicano y EEUU para apoyar a la contra en Nicaragua y a la derecha en El Salvador y Guatemala, fue lo que le dio el enorme impulso al narcotráfico mexicano, permitiéndole pasar de ser un negocio local, binacional, a un negocio auténticamente trasnacional, hemisférico», afirma el académico. (…)

La intervención de agencias estadounidenses en el mercado ilegal de drogas también fue expuesta por el periodista Gary Webb, quien documentó la manera en que la CIA facilitó la venta de crack en California para financiar operaciones anticomunistas también en Centroamérica.

Y fue precisamente en este periodo que las autoridades estadounidenses bloquearon la ruta de la cocaína por el Caribe para abrir la llave a los cárteles mexicanos, coludidos con agencias de EEUU.

«Mientras la ruta del Caribe florecía, los mexicanos tenían poca oportunidad de participar en ese mercado. La ruta natural de Colombia a EEUU es por el Caribe, pero se selló esa ruta y por otro lado se hizo una alianza con los narcotraficantes. Eso le dio a los mexicanos y particularmente a los sinaloenses, asentados en Guadalajara, la entrada como jefes al negocio de la cocaína», apunta el académico. Un acontecimiento que explicaría el surgimiento del Cártel de Sinaloa como una fragmentación del Cártel de Guadalajara. No pasaría mucho tiempo para que los narcotraficantes sinaloenses se convirtieran en la principal organización de tráfico de drogas a nivel global.

En la década de 1990, el Cártel de Sinaloa continuaría su expansión territorial y operativa, mientras fortalecía su alianza con altos funcionarios del Estado mexicano, en un contexto social marcado por crisis económicas. (…)

De ahí que el tráfico de drogas fue visto en varias regiones de México como una alternativa a la carestía económica, al igual que ocurrió con la migración a EEUU ante las precarias condiciones de vida que prevalecían en territorio mexicano. Dos factores que, de acuerdo con Velasco, permitirían mitigar y maquillar durante algún tiempo los estragos sociales del modelo neoliberal en México.

«El Gobierno de México lo vio como una oportunidad, equivalente a la migración a EEUU, como una manera de quitarle tensión a la economía y la estructura social», apunta. (…)

Pero el problema real vino cuando el mercado de la droga se volvió muy violento, ante una caída en el consumo de cocaína en EEUU durante los primeros años del siglo XXI, así como una creciente competencia entre los cárteles mexicanos de la droga.

«La cocaína perdió mucho de su rentabilidad. Los sinaloenses para mantener su nivel de negocio tuvieron que atacar a sus rivales históricos del Golfo y comenzó la guerra entre narcotraficantes», relata el experto.

El académico considera que la primera reacción del Gobierno mexicano fue «dejar que se mataran entre ellos», hasta que la violencia llegó a niveles escandalosos en lugares como Tamaulipas, en 2005. Esto dio pie a que el presidente Felipe Calderón viera «una oportunidad para legitimarse y acentuó ese combate al crimen organizado», tras decretar la llamada ‘guerra contra el narcotráfico’ después de ser acusado de cometer fraude electoral en las elecciones presidenciales de 2006.

«Pero los objetivos prácticos de las fuerzas armadas en México no fueron destruir a las organizaciones de narcotraficantes, sino solo contener su violencia, castigar a las que estaban siendo muy escandalosas», sostiene el investigador.

De ahí que algunos funcionarios del Gobierno de Calderón, como el general Mario Acosta Chaparro, quien participó en la Guerra Sucia para desaparecer a opositores en la década de 1970 y estuvo encarcelado por presuntos vínculos con el narcotráfico, fuera señalado de haber sido el intermediario del Gobierno federal con los cárteles del narcotráfico, antes de ser asesinado en 2010, en medio de una intriga política.

«Esta colaboración entre narcotraficantes y gobiernos se le ve como corrupción, pero en realidad es una parte de la estrategia del Estado mexicano», señala Velasco, quien considera que esta colaboración inconfesable podría incluso explicar casos como el de Ayotzinapa. (Artículo de RT)

También podría gustarte

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.