#OpiniónCogobierno: ¿gobernanza para la calidad o para la arbitrariedad?

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La cogestión y la autonomía constituyeron el binomio del cambio central de los sistemas universitarios latinoamericanos en el siglo XX, y según sus características diferenciadas, el determinante de los caminos posteriores de toda la educación superior y probablemente del propio desarrollo. Ellos fueron los mecanismos por los cuales los Estados instrumentaron la descentralización en educación superior y la forma por la cual la política gubernamental dejó de ser el eje de la gestión de las universidades, en el impulso a hacer del conocimiento el componente creciente de las sociedades.

Los Estados, en general débiles por la alta centralización en el contexto colonial, sufrieron procesos de descentralización. Fue un debate entre centralismo y federalismo que atravesó todo el siglo XIX y que en muchas áreas derivó relativas descentralizaciones. En ese debate Estado-sociedad, las universidades de élites, lentamente, y país a país, derivaron hacia un nuevo modelo de gobernanza dado por la autonomía y la cogestión, resultando en la mayor parte de los casos contra los partidos o regímenes centralistas.

En principio reconoció el poder de las nuevas élites medias, y buscaba aumentar la eficiencia de los Estados, minimizar conflictos, promover una mejor dotación de profesionales y aportar los recursos humanos que la industrialización y la organización de los Estados requería. Así, en toda la región, las universidades de los doctores, tanto las republicanas más tradicionales como las nuevas regionales creadas, sufrieron fuertes transformaciones en el siglo XX con esa descentralización autonómica y de empoderamiento en sus propias comunidades. Estos marcos permitieron finalmente cortar el lazo religioso, colonial y estatal, que tenían estas instituciones, derivadas de su lógica colonial de dependencia del poder español o portugués y de su propia estructuración posterior a la independencia como aparatos napoleónicos de organización de la educación estatal.

La cogestión y la autonomía fueron la fusión que impulsó el pasaje desde una regulación estatal a una regulación académica, y la construcción de nuevas dinámicas endogámicas internas en las universidades donde el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial se conformaron en una gobernanza colegial sobre un modelo basado en facultades que eran la base del modelo tripartito de representación del gobierno.

El esquema autonomía y cogobierno tuvo fuertes diferenciaciones a escala regional con más o menos autarquía respecto al Estado y con más o menos representación e incidencia de actores externos e internos. Así, también diferenciadamente, permitió el incremento de la cobertura y la gratuidad, e impactó en la calidad, con lo cual las Universidades pasaron de ser aparatos de reproducción de las élites latinoamericanas, a aparatos de expresión y movilidad de nuevas capas medias y a instituciones con mayor autonomía respecto tanto a los gobiernos como a las sociedades. Hubo al tiempo una circulación de sectores, ya que al tiempo que ingresaban nuevos actores medios, por temas de calidad y orden, las élites fueron siendo expulsadas y pasaron a nuevas universidades privadas que se expandían a medida que la masificación, la pérdida de calidad, la falta de pertinencia y la radicalización política iban carcomiendo las viejas catedrales y templos universitarios. Un tipo de cogestión endogámica y de autonomía autárquica fue la base de ese proceso.

Lo que dice la realidad

En estas semanas las redes sociales muestran situaciones del funcionamiento de este tipo de dinámica en la gobernanza de la cogestión de la Udelar y nos iluminan la conformación de un problema real dado por un relativo despotismo en la gobernanza, que permanentemente contribuye a deteriorar la calidad universitaria, tanto en el ejercicio del poder interno como en la limitación al ingreso de otros en una lógica endogámica. En su Facultad de Ingeniería, una académica, hoy instalada en Vietnam, cuenta el acoso y el destrato sufrido por el profesor a cargo de la Cátedra con el visto bueno de las más altas autoridades, y que la llevaron a irse del país. En Humanidades, otra académica, denuncia que el Consejo de Facultad inició su persecución por haber evaluado con nota baja a los estudiantes, a pesar de que un tribunal especialmente seleccionado los había también evaluado negativamente, y explica el poder arbitrario del órgano en cuestión. En la misma Facultad, hace pocas semanas, me tocó a mí ser testigo de la lógica corporativa tanto arbitraria en el ejercicio de poder interno como endogámica respecto a la sociedad, al constatar el inusitado ascenso de un docente que primero lo colocaron a dirigir Departamentos en forma ilegal por encima de grados 5, siendo él un grado 3, y luego amañando y organizando concursos para designarlo como grado 5 con escasos méritos académicos. Con el manejo de reglamentos y la selección de los jurados, y la libertad de estos de valorar para ajustarse a los designios del poder de quién finalmente decide su renovación o no, los concursos se tornan el mecanismo de legitimación de un poder endogámico que desde la cúpula establece el llenado de cargos, con la libertad incluso de abrir o encajonar los llamados.

También el Decano de Agronomía en «Voces» en una larga entrevista refiere que el cogobierno como está diseñado está en crisis, y presta atención a la escasa o nula participación de los egresados y cuya participación es meramente formal, poniendo el caso de las elecciones universitarias, en las que hay más votos en blanco que válidos. Además, en la mayor parte de los casos, son actores cuyas trayectorias concluyen en la docencia. También la representación estudiantil se ha desmoronado, y los representantes estudiantiles estructuran sus recorridos para lograr ingresar como profesores comenzando en los escalones iniciales, para lo cual han impulsado lógicas de reglamentos de los Concursos Docentes para ponderar la militancia gremial como puntos en la carrera académica. El sistema se organizó para la endogamia, no para la calidad. Nadie de afuera entra y el sistema se organiza para el ingreso de docentes en los niveles bajos procedentes de los mejores estudiantes y gremialistas, y en algunos casos la escasa renovación docente también recibe insumos desde los egresados presentes en los órganos o los amigos del poder.

¿Hacia un ombudsman universitario?

En esta lógica por el camino ha quedado el eje de la Reforma de Córdoba y las Cátedras se han vuelto vitalicias y sin renovación, que fue el centro de aquellas luchas. La lógica del poder se ha tornado en una dinámica arbitraria «hermafrodita» que se reproduce ella misma, siguiendo ideologismos, amiguismos y otras «tribus académicas», como desveló Bourdieu. Así, por todos lados la música es la misma: un poder arbitrario, lógicas políticas en la selección docente y estudiantil, ausencia de evaluaciones objetivas, amiguismo entre pares sin cumplir con mejores estándares, acoso sexual y silencio, corporativismo contra la calidad, el miedo a evaluar honestamente a colegas ante la lógica política, temor y dificultad de evaluar objetivamente a los estudiantes. Todo muestra que, así como está, esta cogestión como eje de gobernanza del poder entre cuatro paredes facilita endogamia, falta de pertinencia y escasa calidad. Parece un contexto necesario para al menos un defensor de los derechos universitarios u ombudsman.

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