#OpiniónCinco reflexiones sobre el documental de Nisman en Netflix

«Escuchar las dos campanas» puede ser una trampa cuando se trata de hechos indudables, pero la mirada de Raúl Kollmann sobre el documental «Nisman, el fiscal, la presidenta y el espía», estrenado con el año, ayuda a identificar en la serie varios puntos que permiten acercarse a elementos clave del caso que aun conmociona a la Argentina.

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1.- «Escuchar las dos campanas», «hay que ser equilibrado»; «una de cal y una de arena»; «ni muy muy ni tan tan». Las consignas parecen haber sido las rectoras del documental de Netflix, Nisman, el fiscal, la presidenta y el espía , que se estrenó este 1° de enero. Son seis capítulos de una hora. El director, Justin Webster, adscribe a la moda del supuesto equilibrio.

Lo que sucede es que semejante contenido es difícil de aceptar para los que pensamos que no existen las dos campanas cuando se trata de cosas indudables, tipo dos más dos es cuatro (aunque los matemáticos me dirán que tampoco eso es indudable).

En la cuestión de si a Nisman lo mataron o si se suicidó, debería haber certeza, tipo dos más dos, cuatro. Es incontrastable que el fiscal se disparó a sí mismo en un departamento que estaba cerrado por dentro; en el que no hay rastro de ninguna pelea ni desorden; en un baño del que no se podía salir, por lo que ningún asesino podría hacer salido sin dejar huellas, pisadas o gotas de sangre; y en una escena donde -según la junta de criminalistas- no había ninguna otra persona en el momento del disparo.

Más allá de la ambigüedad del documental, la secuencia alentadora de Nisman se da en el contrapunto entre cuatro peritos de la Gendarmería, que en el documental tratan de sostener la postura auspiciada por Cambiemos , que al fiscal lo mataron; con las explicaciones demoledoras del perito Luis Olavarría , representante de la defensa del informático Diego Lagomarsino. Olavarría los aplasta y queda muy claro. Para colmo, los gendarmes se asientan en que al fiscal lo tuvieron atontado con una droga llamada ketamina, algo que en la actualidad ya no toma en cuenta ni el fiscal porque no se pudo demostrar.

2.- El documental tiene magníficos logros. Por empezar, las imágenes de máxima calidad y sobre todo inéditas. Además hay espectaculares primicias periodísticas. Webster logró entrevistar a Ross Newland, el que fuera representante de la CIA en la Argentina. El ex espía cuenta que a Nisman lo tenían alineado, o sea en sintonía con las posiciones e intereses de la central de espionaje norteamericano.

También aparece Jim Bernazzani quien estuvo al frente de la delegación del FBI que envió Bill Clinton a revisar la causa AMIA. Bernazzani demuele la investigación: «no buscaban la verdad, sino acomodar las cosas a una teoría previa». Como es obvio, la «teoría previa» era achacarle el atentado al archienemigo de Washington, Irán, y en aquel entonces a policías bonaerenses que revistaban en la fuerza del gobernador Eduardo Duhalde, adversario de Menem.

3.- Tal vez el mayor logro es la larga entrevista con Horacio Antonio Stiuso, el otrora poderoso jefe de Operaciones de la SIDE. En todo momento, Stiuso exhibe una sonrisa socarrona del estilo de «papá, yo me las sé todas, ustedes no existen».

El hombre que siempre estuvo detrás de Nisman -¿fue virtual jefe del fiscal?- insiste en que el atentado lo cometieron los iraníes en la AMIA porque Carlos Menem no cumplió con supuestos compromisos de aportar al desarrollo nuclear de Irán. Sin embargo, a la hora de las pruebas, Stiuso naufraga por varios lados. Reitera que el suicida en Buenos Aires fue un libanés llamado Ibrahim Berro, algo que hoy ya está desmentido por los análisis de ADN. Pero, además, Webster lo pesca en una gravísima maniobra.

Nisman puso en su denuncia por el Memorándum de Entendimiento con Irán que un hombre clave en el acuerdo con los iraníes fue el espía Allan Bogado quien -según Nisman- estuvo en Nueva York y Zurich negociando con los enviados de Teherán. Resulta que, meses antes, Bogado había sido denunciado en la justicia por haberse arrogado una falsa pertenencia a la SIDE y que en realidad no salió de la Argentina en toda su vida. Pregunta: ¿Quién lo denunció? Respuesta: Stiuso.

Ahora pregunta Webster: «¿Usted no le dijo nada a Nisman de que Bogado alardeaba falsamente, que no estuvo fuera de la Argentina y que usted lo había denunciado?». En otras palabras, ¿por qué dejó que Nisman hiciera una denuncia con un elemento clave equivocado y falso? El ex jefe de la SIDE quedó casi mudo en el documental, aunque aún así mantuvo la sonrisa socarrona.

4.- La producción de Netflix no trata sólo de la muerte de Nisman, sino también del atentado contra AMIA, del Memorándum y del expediente sobre el Memorándum. En cierto sentido es su debilidad, salta de un tema a otro y es difícil seguirle el hilo, aunque tiene logros en cada uno de los aspectos.

5.- Quien le da el mayor contenido al documental es el fallecido ex canciller Héctor Timerman. Webster trabajó cuatro años en la serie de seis capítulos y tiene imágenes de Timerman antes de la enfermedad y en la dolorosa parte final. Lo que se ve es dramático: la destrucción física de un ser humano, no sólo por la enfermedad, sino también por la persecución siniestra de una justicia que fue instrumento de Cambiemos y que no tuvo nada de justicia. Es una síntesis de los efectos que tuvo la utilización del cuerpo de Nisman para hacer política. Y, por supuesto, me hizo llorar.

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3 Comentarios
  1. Leonardo dice
    En definitiva lo terrible es el encubrimiento del terrorismo en la Argentina. A tantos años del atentado contra la embajada israelí en Buenos Aires y de la agresión contra la AMIA, no hay todavía nadie preso. Respecto al asesinato del fiscal Alberto Nisman, está claro que no se suicidó, y que lo mataron para que no presente su información sobre el encubrimiento del atentado a la AMIA, que fue el peor atentado que se conoció en la América Latina.
  2. Victor dice
    Ver el documental resulta muy ilustrativo sobre los intereses que se movieron en el caso Nisman. Salvo que la tecnología que se manejó haya sido de una tecnología inalcanzable para mi nivel de entendimiento Nisman se suicidó. El integrante de la SIDE, Jaime Stiuso indujo a Nisman a pensar que un falso integrante de la SIDE, un hombre de apellido Bogado, era la prueba que se tenía contra Cristina Kirchner. Stiuso nunca explicó por qué no le dijo nunca a Nisman que ese hombre no era integrante de la SIDE impulsandolo a pensar que Bogado era el eslabón entre el gobierno argentino y los iraníes y respondía a las órdenes del Poder Ejecutivo. Dice Bernazzani (FBI) que le llamaba poderosísimamente la atención como para defender una conclusión se buscaban probar hechos, y no al revés que sería lo lógico: a partir de hechos probados llegar a conclusiones.
  3. Vladimir dice
    La hipótesis de que Nisman se suicidó es tan válida como afirmar que Nisman murió de muerte natural o que fue secuestrado por marcianos. Uno puede decir cualquier cosa, pero la aseveración no es una demostración de nada, es simplemente eso, una aseveración. Sin embargo, hay una clara diferencia: cuando alguien aduce el mito del suicidio, brinda una explicación basada en cuestiones psicológicas que él mismo inventa, como por ejemplo que Nisman se sintió acorralado, que el agente de inteligencia Stiuso le mintió, que se dio cuenta que no tenía la verdad en sus manos, etc. Pero cuando uno sostiene la versión del asesinato, las cuestiones psicológicas pasan a un tercer o cuarto plano. Lo fundamental es que la pistola Versa deja pólvora en las manos, pero en las manos de Nisman no había pólvora; que el médico y la enfermera que vieron el cadáver después declararon que la foto que pasó la policía del cuerpo no coincidía con la posición en la que ellos lo habían visto; que la mancha de sangre que se encontraba al lado de la camiseta mostraba a las claras que el cuerpo había sido movido; que el arma estaba mal colocada debajo del omoplato izquierdo cuando en realidad Nisman era diestro; y así sucesivamente. Además se puede agregar como agravantes las amenazas de asesinato que él había sufrido; el hecho de que estaba desafiando a la máxima autoridad; el hecho de que todos los custodios lo abandonaron el último día; el hecho de que la fiscal Fein manifestó que la sangre había borrado las huellas del arma, lo cual es un absurdo. Es decir, se puede mostrar pruebas científicas del asesinato, que fueron obtenidas por peritos de primera categoría. Más allá de eso, cualquiera puede afirmar cualquier cosa. La diferencia consiste en si es una especulación sin sustento o un argumento basado en evidencias.

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