Carmen Morán: «En el teatro pude ser directora y actriz, en la televisión fue la hija de…»

Pese a que Carmen Morán cuenta con una gran trayectoria como actriz, cantante y directora de teatro su vida profesional y, por supuesto, personal estuvo marcada por su madre la actriz Cristina Morán, en diálogo con Fernando Vilar en el Poder de la Palabra comentó la vida generacional de una familia abocada al teatro.

¿Sos una persona quedada?

Como actriz y profesional, me invento y me reinvento. Me gusta gestionar y autogestionarme. No soy para nada quedada.

¿Cómo fue tu infancia teniendo una mujer tan arrolladora como tu mamá?

Las madres de mis amigas la admiraban, las personas en la calle la admiraban. La popularidad no fue del todo buena al principio. Tiene sus lados jodidos, entendeme. Recién ahora, puedo disfrutarlo completamente. Pero en los primeros años de mi infancia no pude salir a ningún lado sin tener algo de privacidad.

Claro, ella tenía muchos admiradores, era una referente de la época…

Sí, claro. Pero, ojo, ella no me descuidaba. Le gustaba salir a pasear conmigo y compartir cosas a solas. Sin embargo, quise tener una vida común y corriente y no podía. Porque siempre fui sensible e intuitiva. Me daba cuenta de que mi vida no era «lo normal». Por ejemplo, de chica leía a (Mario) Benedetti, escuchaba a Los Olimareños y Gardel, mientras que el resto de mis compañeros escuchaba los Beatles. También me marcó en otras cosas: fui al Crandon en doble turno.

Tu madre era madre, no solo actriz…

Sí, pero fijate que pese a su fama fue una madre presente. Siempre me llevaba con ella a la Televisión y al teatro. Pero fui una niña solitaria.

Sin embargo eso ganó, entonces, porque no sos ingeniera, ni arquitecta…

Igual me peleé con eso durante mucho tiempo. En la adolescencia, en la edad de la rebeldía, pese a la admiración que le tenía a mi mamá y a que me gustaba actuar en el liceo intenté rebelarme de eso. Pero comencé a hacer teatro en unos talleres del Crandon y vibré. Me gustaba hablar, interpretar, cantar, etc. Y cuando pensaba en el futuro no podía pensar en otra cosa que no fuera la actuación.

Me terminé amigando.

Al mismo tiempo que con tu mamá…

Sí, pero ojo, nosotras supimos ser siempre grandes compañeras. Éramos las dos solas, entonces eso nos dio más libertad que otras familias para desarrollar nuestro vínculo. Aunque nos peleamos, nos teníamos solo una a la otra, y dejar de hablarnos era dejar de hablar. No teníamos ese lujo.

¿Cuándo comenzaste a hacer actuación tu madre fue un modelo a seguir o una competencia?

En el teatro su referencia no pesó, es maravilloso el ambiente. En televisión es distinto la gente lo hace pesar y te comparan constantemente con tu madre.

Ser hija de te pesaba entonces…

¿Sabes qué pasa? La gente se acostumbra. Me acostumbré por comodidad y conveniencia. Podría haber sido López de apellido, pero llevo el suyo. Tomé esa decisión y algunas veces me jugó a favor y otras en contra.

¿Fue consejera tu madre?

No, no da consejos. Te da opiniones duras. Siempre fue amorosa, pero me hubiera gustado tener más premios. Pero uno no nace sabiendo ser padre, Fernando.

No hay manual, es cierto. ¿Fue tu madre una referencia para tu descendencia?

Sí, ella me transmitió valores y códigos que se los volqué a mis hijos. Como abuela ella cambió pañales, pese a que no sabe hacer un huevo frito, y demostró mucho afecto. Tanto que incluso se mudó a Pinamar, donde vivía con mi familia, para disfrutarlos más.

Siempre tenemos la percepción de que somos menos duros que nuestros padres.

Sé que fui menos dura. Mi madre era muy atípica y me dio muchos permisos. Así lo hice con mis hijos. Soy una madre macanuda, mi casa del Pinamar siempre estuvo llena de jóvenes. Mis hijos hacían constantemente reuniones y demás con sus amigos… Fui más blanda en lo que respecta al estilo…

Claro, las formas…

Las formas, exactamente. A los 14 años me enamoré locamente. La única forma de tener novio era llevarlo a mi casa. Así lo hice. Con mamá siempre tuvimos una relación muy franca… Un día con Javier, como se llamaba mi novio, íbamos a ir al cine. Cuando nos estábamos yendo, mi madre sale de la casa y le dice, mirándolo a los ojos, algo de lo que no me olvido más: «Cuídala, Javier. Es lo único que tengo». Es amoroso decirlo, pero es crudo y duro a la vez. Porque es cierto: yo era lo único que tenía.

¿Hoy tu madre es tu ídola, una mujer de fierro o solamente tu madre?

Es una madre y abuela amorosa, entregada, solidaria. En lo profesional, es una referente que hasta hoy nadie en Uruguay la ha superado.

¿Cómo empezaste con la actuación?

Cuando decidí entrar a la Escuela Multidisciplinaria de Arte Dramático (EMAD) ya hacía teatro. Mi madre, pese a su profesión o por su conocimiento de ella, me dijo que hiciera una carrera al menos. Así fue. Hice secretariado bilingüe en el Crandon porque era la más corta. Siempre fui vaga, me llevaba exámenes aunque después los salvaba, me gustaba divertirme.

Dirigís, cantás y muy bien me dijeron, también te dedicaste al rubro de la gastronomía en un momento… ¿qué es lo que más te llena el alma?

El teatro es el ámbito donde me siento muy cómoda, sin lugar a dudas. Me gusta estar sobre el escenario y debajo de él dirigiendo. Tengo una visión doble de la actuación. La comunicación también me gusta, en 1995 llevé un programa de televisión en TNU y la radio también me gustó. Pero mi formación es la actuación ahí vibro y cuando canto, no soy música o cantante, soy intérprete. Interpretar los sentimientos escritos por otros músicos.

Haces una obra de teatro, lees el guión, lo memorizas pero en algún momento termina, igual que en el cine.. ¿no es más seguro y tranquilo ser un empleado de lunes a viernes?

Está buenísima la pregunta porque yo me pregunto lo contrario: cómo se puede ser empleado de lunes a viernes, cómo se puede con esa rutina.

Ahora, sin embargo, el ambiente se está profesionalizando, tengo formación y eso me da oportunidades. Por suerte las cosas, ya no se hacen las cosas a la uruguaya…

Uruguay es muy chico…

Si y estamos cambiando. Lo que pesa de esta profesión es el cómo pagar las cuentas a fin de mes. A pesar de que tuve épocas en las que facturaba bien, con la escuela de gastronomía y la de modelos. Luego, me casé y por suerte mi ex esposo me dio todo, incluso cuando nos separamos. Es un gran padre y fue un gran compañero durante 26 años.

Eso es tener un temple especial diría, típico de los actores… Pensar en los hijos no fue una carga… ¿cómo son ellos?

Ellos se hacen llamar la triple D, porque son Daniel, Denisse y Dominique. Él se fue a vivir con su padre y ellas se quedaron conmigo. Es increíble creo esa generación. Hoy son jóvenes y son muy independientes. Daniel es cineasta, capaz que en algún momento vuelvo al cine, vivió en Francia, estudia un doctorado. Dominique es emprendedora nata , una luchadora nata y es independiente como yo, tiene un emprendimiento gastronómico. Y Denisse es actriz, la tercera generación. Por eso digo que esta generación cuando se enfocan logran cosas increíbles.

Así que está prohibido hablar mal de la actuación en la familia Morán…

Sí, es más vamos a actuar juntas, las tres. Un director Eduardo Cervieri nos convocó a realizar una trama de una madre, una abuela y una hija. Como nosotras pero con otra trama. Va a ser toda una experiencia, aunque ya he trabajado dirigiendo a ambas por separado.

¿Has dirigido a tu madre?

Sí, muchas veces.

Está como para alquilar balcón… ¿Acata órdenes o te dice ‘mirá nena’?

No, por favor, ella es profesional en todo, lo juro. Las cosas se separan. Nos llevamos mejor así y todo. Porque le ordeno y ella acata está barbaro.

¿Y con Denisse?

Denisse está acostumbrada a que le de ordenes. Así que es más fácil para ella. Incluso cuando volvíamos del teatro a casa juntas y yo le hablaba de la obra ella me decía: mamá en el teatro no soy tu hija y soy una actriz, pero en casa soy tu hija.

¿Lo dijo en serio?

Sí, claro y tiene razón hay que separar las cosas. Así cortábamos la conversación y podíamos hablar de otras cosas.

La actuación es un tema que lo llevan en la sangre, en los genes…

Si… Nunca le impuse a ninguno de mis hijos que fuera a talleres de teatro. Los niños tienen que ser niños. Pero Denisse, cuando me acompañaban los tres al trabajo, era la que más disfrutaba. Un día, cuando estaban haciendo un casting para Oveja Negra, la serie uruguaya de Canal 10, fui al casting con ella. Era verano y le gustaba ir. Cuando llegamos las del casting, que me conocían me dijeron que había un casting para un papel de una niña. Le pregunté a ella y me dijo que sí. Así fue. Quedaron encantados con su naturalidad, se quedó con el papel y yo no. Y eso que nunca había estudiado para eso.

3 Comentarios
  1. UN MAMARRACHO DE ACTRIZ
  2. Lili dice
    Y como todos los nenes y nenas de papá y mamá con el apellido es más fácil como el hijo de sanguinetti michelini que es kesman el hijo de Cacho de la Cruz la hija de da silveira y muchísimos más así es facilísimo se abren muchas puertas
  3. Sandra dice
    Eso no significa que no sean buenos en lo que hacen. Así como los habrá malos, en todas las profesiones es igual. Hay muchos médicos hijos de médicos, abogados hijos de abogados, etc. Muchos buenos que ganaron su lugar y otros tantos acomodados.

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.

Abrir chat