Brasil, ¿al borde del golpe?

Al encarcelar a Luiz Inácio Lula da Silva, la Justicia brasileña quedó marcada como capaz de cualquier desatino con tal de evitar la postulación del pernambucano a la Presidencia. De esta manera, la corrupción en ese país (al igual que en México y Argentina) toca todas las instancias gubernamentales. Los brasileños no viven en un Estado de derecho y la sociedad se encuentra conturbada.

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Es vergonzoso para el mundo entero que Lula sea víctima de una acción judicial que lo condenó sin pruebas, negó el habeas corpus y en últimas fechas, le restringen las visitas impidiendo ver a Leonardo Boff, a Pérez Esquivel (premio Nobel de la Paz), a la ex presidenta Dilma Rousseff, y a su médico particular. Por otra parte el problema se agudiza ya que los seguidores del ahora condenado no han demostrado capacidad movilizadora que amenace con detener a Brasil, y la elección del candidato sustituto pone al PT en grave riesgo: el elegido puede resultar un Michel Temer (compañero de fórmula de Dilma) o un Lenín Moreno, en Ecuador. Saben que el seleccionado -si es el correcto- tendrá prácticamente ganado los comicios de octubre, pero el temor al “negativo tapado” los hace dudar.

El dilema es que si el PT y asociados tienen el triunfo en la mano, ¿para qué perseguir a Lula? ¿Qué razón existe en exhibir la podredumbre del sistema jurídico? Es cuando el diablo deja ver su cola. En efecto, el asunto es impedir a toda costa la intervención de políticos populares en las elecciones próximas, hecho demostrado con el artero asesinato de Marielle. En ese mismo tenor, el jefe del Ejército, Eduardo Villas Bôas aseguró por Twitter, que no se solapará la corrupción, sin embargo, ni señaló a Brasilia ni al Congreso. Días antes, el general retirado Luiz Gonzaga Schroeder Lessa, había clarificado el parecer de una parte importante del ejército al asegurar que si Lula era favorecido con el habeas corpus, el cuerpo armado debía intervenir. Siguiendo la lógica represora, si vence el candidato que reemplace a Lula, el golpe es seguro.

Este retorno al clima golpista respirado en los años setenta del siglo pasado, es producto de un cambio radical en el deseo hegemónico norteamericano ante el avance de sus enemigos en Oriente. La tensión por el dominio mundial trascendió el mercado; mientras China incrementa su influencia en Asia, África y América Latina, Washington desempolva su preponderancia militar en la región, evento iniciado con la subordinación militar mexicana como otrora lo hiciera en Colombia. Asimismo, la declinación de los gobiernos progresistas permitió el ascenso de la derecha y con ella, su gran respaldo, los ejércitos nacionales adscritos al Comando Sur.

Luego de demostrar que los gobiernos conservadores representan la absoluta ruina, volver a la senda popular no será tan sencillo. Ellos consiguieron hacerse del poder político (el económico ya lo tenían) por la vía democrática, ahora cambian la frecuencia ya que la mentada derecha está exigiendo a las instituciones todo tipo de abusos para sostenerse. El caso de Cristina, Dilma y Lula son emblemáticos. En México, pese a que Andrés Manuel López Obrador lleva 20% de avance sobre el segundo competidor, lo esperado en julio es un fraude de dimensiones insospechadas, con el respaldo del ejército desplegado por todo el territorio. Antes había sucedido en Honduras.

No es casualidad que haya mandatarios como Macri, Temer, Lenín Morales, Peña Nieto, PPK (hoy renunciado) en empate técnico con Keiko Fujimori. El regreso de los conservadores recalcitrantes y neoliberales, se da en pleno refortalecimiento de Washington, gobernado por un agente del racimo de acaudalados que dominan Occidente en plena confrontación con China. El gran dragón puede tener la llave del crecimiento económico, puede comerciar dondequiera, pero jamás aspirar a ser el centro hegemónico capitalista mundial. En nuestros días, la avanzada derechista no se quedará en una guerra contra el salario y las pensiones (v. gr. Argentina), se revigoriza la salida militar ante el despertar de la ciudadanía que apunta a restablecer gobiernos populares. ¿Cómo creen que piensan los uniformados uruguayos?

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