Neopentecostales. El elector presidente en 2016 se hizo bautizar en aguas del JordánBolsonaro e Israel: relación político-religiosa de alto riesgo

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Al anunciar su intención de trasladar la embajada de Brasil de Tel Aviv a Jerusalén, el presidente electo Jair Bolsonaro cumplió las expectativas de las influyentes iglesias evangélicas, rompiendo con más de medio siglo de diplomacia brasileña.

El futuro presidente del gigante sudamericano, siguiendo los pasos de su homólogo estadounidense Donald Trump, corre el riesgo de aislar diplomáticamente a su país, al tiempo que lo expone a represalias comerciales de los países árabes, grandes importadores de carne brasileña.

“Brasil ha defendido una solución de dos Estados, para Israel y Palestina, durante más de 50 años, y esa decisión podría mandar todos esos esfuerzos a la basura”, dijo Guilherme Casaroes, profesor Ciencias Políticas de la Fundación Getúlio Vargas.

Desde la Guerra de los Seis Días de 1967, Israel ocupa Cisjordania, territorio palestino, al igual que Jerusalén Este, la parte palestina de la Ciudad Santa, que anexó. Esta anexión nunca ha sido reconocida por la comunidad internacional.

Para la comunidad internacional, el estatuto de Jerusalén tiene que negociarse entre las dos partes, y las embajadas no tienen que instalarse allí hasta que no se haya alcanzado un acuerdo.

Brasilia siempre siguió esa línea, pero la toma de posesión de Bolsonaro el próximo 1º de enero podría alterarlo todo.

“Se trata de respetar a una nación soberana”, dijo el lunes en una entrevista con la cadena Bandeirantes.

Sin embargo el martes pareció dudar, al declarar que el traslado “no fue todavía decido”, sembrando dudas sobre su determinación a tomar esa medida.

El traslado de la embajada tiene, ante todo, motivaciones religiosas para Bolsonaro. El 28 de octubre, fue elegido con el 55% de los votos, gracias en parte al apoyo activo de las iglesias neopentecostales, que cuentan con millones de fieles.

“Los evangélicos más conservadores ven a Israel como una suerte de ideal, el pueblo elegido, que debe defenderse a toda costa, sea cual sea la actitud de sus dirigentes”, explica Ronilso Pacheco, investigador en teología de la Pontificia Universidad Católica de Rio de Janeiro (PUC-Rio).

“Es una lectura extremadamente literal de la Biblia, sin ninguna reflexión sobre el contexto, la historia”, agrega.

Los neopentecostales brasileños siguen los preceptos del sionismo cristiano, para quienes el regreso de los judíos a Tierra Santa y la creación del Estado de Israel en 1948 están en consonancia con una profecía bíblica que anuncia el regreso del Mesías.

“En los templos, hay muchos símbolos litúrgicos del judaísmo, como el candelabro o la estrella de David, y algunos pastores incluso usan la kipá (gorro ritual judío)”, agrega Ronilson Pacheco.

El propio Bolsonaro, casado con una evangélica, fue a Israel en 2016 para hacerse bautizar por un pastor en las aguas del Jordán.

Pero la religión no es la única motivación de Bolsonaro para el traslado de la embajada a Jerusalén, anuncio muy celebrado por el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu.

Exparacaidista del Ejército, Bolsonaro es justamente conocido por su nostalgia del régimen militar que gobernó Brasil entre 1964 y 1985.

El acercamiento con Israel también se debe a la fascinación del presidente electo por la tecnología punta del ejército israelí.

Su hijo, el senador Flavio Bolsonaro, y el gobernador electo de Rio, Wilson Witzel, tienen previsto ir a ese país rápidamente para comprar drones que podrían ser utilizados por la policía en la lucha contra los narcotraficantes.

Pero para Guilherme Casaroes, “Brasil podría perfectamente acercarse a Israel y Estados Unidos” sin tomar una medida tan extrema como el traslado de su embajada de Tel Aviv a Jerusalén.

 

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3 Comentarios
  1. alfredo alsamendi dice
    El Señor los cría y ellos…
  2. Bolsonavo la P que T P dice
    Facho podrido andate al carajo reventa con los brazucas todos
  3. Ugo Massu dice
    La verdadera relación político-religiosa de alto riesgo es entre la izquierda latinoamericana y el terrorismo chiita. Ambos están vinculados al narcotráfico y al crimen. Y de paso, también el Papa usa una “kipá”.

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