Avanzar en los derechos de las mujeres es tarea cuesta arriba en África

Se espera que las chicas del grupo étnico pokot, en Kenia, se enfrenten al cuchillo con que van a cortar sus genitales completamente desnudas y solo revestidas con su coraje. Para inspirar confianza, sus padres se sientan a pocos metros de ellas con una lanza en la mano.

«Si una niña grita o muestra la más mínima resistencia, el padre puede arrojarle la lanza por avergonzar a la familia. Los hombres también pueden arrojarme la lanza si no circuncido lo suficientemente rápido», explica a IPS la practicante del corte de la mutilación genital femenina (MGF), Chepocheu Lotiamak.

La costumbre de la circuncisión colectiva en las comunidades pokot, en el keniano condado (provincia) de Pokot Occidental, establece que las niñas entre nueve y 15 años se sienten una al lado de la otra, con las piernas separadas, para que a una tras otra les corte sus genitales externos una mujer mayor y experta en la circuncisión.

Lotiamak dice que cuando se trata de la dote de una novia, una niña pokot que ha sufrido la MGF recibe de 60 a 100 vacas, o en el peor de los casos, de 25 a 40. Aquellas que no se «cortan», incluso las muy pocas que son graduadas universitarias, reciben solo de cuatro a ocho vacas.

Oficialmente la mutilación genital femenina está prohibida en Kenia en 2011.

Pero la situación de las mujeres y las niñas en Pokot Occidental se caracteriza por la mutilación genital femenina, los matrimonios infantiles y las altas tasas de mortalidad materna e infantil.

Apakamoi Psinon Reson, un experto en mitigación de conflictos con sede en el condado, dice que la mutilación genital femenina está estrechamente relacionada con las comunidades de pastores donde persisten conflictos entre diferentes grupos, ya que las comunidades que disfrutan de una paz relativa casi han abandonado la práctica, ahora delictiva.

A pesar de que el mundo celebra el Día Internacional de la Mujer el 8 de marzo bajo el tema Soy la Generación Igualdad: Hacer realidad los derechos de la mujer, las niñas y mujeres de Pokot tienen un largo camino por recorrer.

En ese condado y otros del oeste y el norte de Kenia, «que experimentan conflictos por los recursos naturales, el ganado y la falta de liderazgo, las mujeres no tienen derechos y viven vidas muy difíciles», dijo a IPS la responsable del movimiento nacional Wanawake (desarrollo de las mujeres) en varios condados del norte del país, Mary Kuket.

El norte de Kenia tiene una larga historia de conflictos étnicos y de marginación, el que se han intensificado ahora por el terrorismo y otras tensiones que llegan desde países vecinos.

«Tenemos muchos focos de bandidos fuertemente armados en comunidades de pastores que están felices de mantener una situación de ilegalidad en estas regiones», aseguró la activista, quien subrayó que esas comunidades no se han desarmado, pese a las diferentes medidas del gobierno para intentarlo.

Kenia, reconocida como la mayor economía de África Oriental por el Banco Mundial, no se encuentra entre los 10 países del África subsahariana que más han promovido los derechos de las mujeres. Según el Informe 2020 sobre la Brecha de Género del Foro Económico Mundial (FEM), ocupa el puesto 109 de un total de 153 analizados.

En este ámbito, es superado por economías mucho más pequeñas como Ruanda, Uganda, Namibia, Zambia y Madagascar, que sí están en la lista de los 10 países con notables avances hacia la paridad de género.

Pero con el ritmo actual de avance, el informe del FEM publicado en enero precisa que las brechas de género en África subsahariana solo se cerrarían en 95 años.

La directora ejecutiva de la no gubernamental Coalición Organizaciones de Mujeres y Jóvenes de Sudán del Sur, Dina Disan Olweny, explicó a IPS que en su país prevalecen prácticas y tradiciones dañinas para las mujeres, en especial en sus regiones más desfavorecidas, como el estado de Ecuatoria Occidental.

«En ese estado hay conflictos frecuentes sobre el ganado y los campos de pastoreo. Cuando una familia pierde a un ser querido, esperan ser compensados con ganado por la familia que mató a su ser querido», detalló Olweny como un ejemplo de esas prácticas persistentes.

«Esta compensación se llama ‘dinero de sangre’ porque la familia afectada recibe algo por la vida perdida. Aquellos demasiado pobres para pagar el ganado generalmente regalan a una de sus niñas», explicó para detallar que al menos en cinco de las 12 tribus en ese estado continúan pagando con las niñas ese dinero de sangre.

Otros estados frágiles de África, como Chad, Sierra Leona, Liberia, Malí, Mauritania, República Centroafricana, Somalia, Níger, Congo y la República Democrática del Congo (RDC) tienen los peores índices de género, según un informe mundial de 2019 de Equal Mesures 2030, una organización civil que conecta datos y acciones en la promoción de la igualdad.

La República Centroafricana sigue siendo un país particularmente frágil ya que los grupos armados, que controlarían al menos 70 por ciento del territorio, continúan perpetrando graves abusos contra los derechos humanos: matando a civiles, violando y agrediendo sexualmente a mujeres y niñas.

Del mismo modo, Somalia se define ahora por la lucha y la falta de protección del Estado. Actualmente, al menos 2,7 millones de personas están desplazadas internamente, muchas de ellas en riesgo de abuso, como la violencia sexual.

Las mujeres en Mauritania no están suficientemente protegidas por la ley. Según el informe mundial. «Una variedad de políticas y leyes que penalizan el adulterio y los delitos morales hace que las mujeres sean vulnerables a la violencia de género, lo que también les dificulta denunciar el abuso sexual a la policía», indica el reporte.

A pesar de las dificultades y los conflictos dentro de los territorios, en toda África las mujeres han hecho un esfuerzo significativo para participar en la fuerza laboral casi a la par que los varones, aunque especialistas en temas de género como Olweny expresan su preocupación por la gran brecha que aún persiste en este campo.

Ella dice que las mujeres siguen siendo marginadas y excluidas de la economía porque están confinadas a trabajos no calificados y trabajan por necesidad para alimentar a sus familias.

El informe del Foro Económico Mundial concluye que la gran mayoría de las mujeres africanas tienen trabajos mal remunerados dentro del sector informal.

Por ejemplo, en la RDC alrededor de 62 por ciento de las mujeres y 67 por ciento de los hombres participan en la fuerza laboral. Pero solo alrededor de 25 por ciento de las mujeres están empleadas en trabajos profesionales y técnicos.

Del mismo modo, solo 23 por ciento de las mujeres en la fuerza laboral de Costa de Marfil son profesionales.

«En África, aunque en diversos grados, estamos experimentando niveles prevalecientes de normas y prácticas discriminatorias de género», dijo a IPS la activista Fihima Mohamed.

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