Artigas contra la viruela

Vamos a contar una historia que incluye a Artigas hace 200 años, 22 niños huérfanos, un médico inglés, un novelista español de visita a Montevideo, un artículo en The Economist y un Premio Nobel de Medicina.

Ah, y un villano: la viruela y su banda. En el siglo XVIII se dice que la medicina conocía bien cada nervio y cada canalillo del cuerpo humano. Solo le faltaba una cosa: saber curar. Eso no se solucionó hasta el descubrimiento de la penicilina en el siglo XX; pero al final del siglo XVIII apareció algo casi mejor: la prevención.

La viruela era, de las enfermedades contagiosas, una de las más mortales y extendidas. Tan temida como la tuberculosis en el siglo XIX, el cáncer en el XX, luego el SIDA y, más acá en el tiempo, el Covid-19. Edward Jenner es el médico inglés. Médico rural y poeta.

Notó que las ordeñadoras no se contagiaban de viruela. Se le ocurrió que algo en las vacas las inmunizaba. Entonces probó inocular suero de la sangre vacuna a un niño sano. Una temeridad que hoy estaría prohibida y que pudo ser fatal. Pero funcionó. El niño no se contagiaba y no le crecían órganos vacunos en el cuerpo, como se temía. De a poco, logró imponer su método.

Miremos las fechas. La vacuna es de 1796. Siete años después, en 1803 el rey Carlos IV de España envía una expedición a cargo de dos médicos y una enfermera para vacunar a todo su imperio. Para conservar la vacuna, agregaron a los 22 niños huérfanos que se la transmitían de uno a otro.

Se calcula que hasta 1814 -luego de la independencia-, tras pasar desde Texas hasta Argentina por el Atlántico y luego por el Pacífico hasta Filipinas y luego China, la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna había inmunizado a medio millón de personas y fueron dejando personal entrenado para seguir la tarea.

El novelista español Javier Moro pasó por Montevideo a presentar su novela «A flor de piel», que se centra en esa expedición.

El año 1815 fue el apogeo de Artigas como jefe de los orientales y protector de los pueblos libres. Al año siguiente, nos invade Portugal desde el Brasil.

Uno piensa en Artigas como un hombre de batallitas o un político popular y rebeldón; no como un administrador. Sabemos que el Reglamento de Tierras es de 1815. Sin embargo, no es tan conocido que se conservan cartas suyas del año siguiente relacionadas con la vacuna antivariólica, continuadora seguramente de la semilla plantada por la Real Expedición. Citamos algunos extractos al azar:

«Sería benéfica ciertamente la multiplicación de la vacuna tanto en nuestra Provincia como en Entre Ríos, Corrientes y Misiones, donde especialmente hace fatales estragos. Con este socorro a la humanidad se conseguirá que no perezcan tantos como actualmente está sucediendo. He recibido el ejemplar que ustedes me remitieron y las dos lancetas.

El vidrio llegó quebrado y sin virus. El físico inglés dice que todo se ha desvanecido. Por lo mismo será loable que ustedes los hagan remitir a los departamentos de la Provincia. Espero con brevedad todos los que puedan mandarme para repartirlos en estos pueblos y en todo Entre Ríos, debiendo cuidarse de su seguridad en el acomodo» (17 de marzo de 1816, al Cabildo de Montevideo).

«He recibido los vidrios de vacunas que han llegado sin lesión y a un tiempo en que la viruela comienza a cundir con empeño. En Misiones me aseguran que sucede lo propio. Estimaré del celoso empeño de ustedes me remitan algunas otras, luego que se recoja el virus, con algunos cuadernillos de instrucción para remitir a Misiones, Corrientes, Entre Ríos y demás pueblos que necesitan de este beneficio interesante a la humanidad» (11 de abril de 1816, al Cabildo de Montevideo).

«He recibido por correo la cajita con cinco vidrios de vacuna. Igualmente por don Manuel Macho los tres ejemplares que sirven de instrucciones para prepararla. Con este fin procuraré remitirla a las demás provincias, deseando eficazmente la extensión de este gran consuelo para la humanidad (27 de abril de 1816, al Cabildo de Montevideo).

«Remito a usted ese libro que contiene la instrucción de la vacuna para que se ponga en todos los que no tienen viruela, que es el mejor preservativo contra este contagio desolador. Al efecto va esa instrucción manuscrita, que con ella y el cuadernito cualquiera puede hacerse cargo de vacunar a los jóvenes y conservar la vacuna. Por lo mismo remito a usted dos vidrios para que de ese modo el físico y algún otro curioso, facultativo o inteligente puedan perpetuarlo y recogerla, haciendo ese beneficio a la humanidad» (29 de abril de 1816, al comandante Andrés Artigas).

«Remito a Vs. un cuadernito de instrucción para fomentar el progreso de la vacuna, a cuyo efecto va igualmente un vidrio con el pus suficiente para su propagación» (2 de mayo de 1816 al cabildo de Corrientes).

Probado el punto. Hasta avanzada la década del 60 en Montevideo las vacunas se inoculaban frescas en una casa de la calle Isla de Flores en cuyo fondo había un establo con vacas.

En 1958, el viceministro de salud de la Unión Soviética, Víktor Zhdánov, propuso en una Asamblea Mundial de la Salud que se organizara una campaña mundial coordinada contra la viruela, que afectaba anualmente a dos millones de personas.

Fue aprobada al año siguiente. Unos 16 años después, en 1975 se había visto en Bangladesh el último caso de la variedad mayor de la enfermedad y en 1977 en Somalía el último caso de la variedad menor. La humanidad había erradicado una enfermedad viral por primera vez en la historia. La segunda enfermedad erradicada fue una peste bovina, similar a la viruela.

Ahora, se asegura que la poliomielitis tiene los días contados. Pero la lucha continúa, porque hay otras enfermedades combatibles. El 5 de octubre de 2015 se entregó el Premio Nobel de Medicina a tres personas por sus aportes al desarrollo de medicamentos que matan parásitos endémicos en regiones empobrecidas.

Las ivermectinas que matan parásitos que producen filariasis -ceguera de los ríos- y la elefantiasis -que afecta a 100 millones de personas al año y, en investigación aparte, la artemisina, un antimalárico. Es eficaz contra un tipo de malaria que mata al año a 450.000 personas y afecta de por vida a millones.

Para terminar, el artículo de The Economist (N.d.R. escrito varios años antes de la pandemia del coronavirus que en un año mató 1,8 millones de personas) se titula «Virus y parásitos» y llama a erradicar una serie de enfermedades, meta que considera posible. Todas las siete enfermedades que menciona han disminuido, en 2000 la Malaria mató 850.000 personas; pero no hay una campaña explícita de erradicación.

El sarampión mata 150.000 al año; sumado a la diarrea y la tos convulsa matan a 1 millón de niños al año. El Sida a millones y la tuberculosis a cientos de miles. Las enfermedades transmitidas por mosquitos, como el dengue, no causan tantas muertes, pero son debilitantes.

El artículo propone concentrarse en erradicar siete enfermedades: sarampión, paperas, rubéola, filariasis y cisticercosis porcina (tenia solium), enfermedades en que se ha progresado poco desde 1990. Sostiene que es porque las campañas han considerado suficiente tenerlas a raya. A esas cinco suma la malaria y la hepatitis C -que acaba con 1,2 millones de vidas al año-. Eterna gratitud a las ordeñadoras de Gloucester.

Advertencia: este artículo, fue escrito en octubre de 2015 y publicado originalmente en el portal ‘La Onda’. Su autor, gentilmente, nos autorizó su reproducción que aceptamos sin más por considerarlo de especial interés y actualidad.

3 Comentarios
  1. Rodríguez dice
    Lamentable la redacción del artículo. Y más lamentable la mentira de la Redacción sobre la mortalidad del C19. Todos en el mismo círculo de Dante
  2. Pedro de la Heroica dice
    1816 Invasiones Portuguesas.. el año mas infame de la historia de Montevideo, la gran traicion Montevideana que abre sus puertas a Lecor…esto junto con la dada vuelta de Pancho Ramirez causan la derrota del Prócer y el fin del Federalismo en el Uruguay… nunca le perdonaron haber fundado la capital en Paysandu y haber despreciado al Sur.

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