#OpiniónAplaudiendo la labor de los docente contra todos los vientos en contra

Cerca de 80 mil educadores del Uruguay, de un día para otro, sin que nunca fueran preparados para ello, tuvieron que cambiar la forma de hacer sus tareas, sus horarios y sus funciones.

0 659

De un día para otros, debieron pasar de una educación presencial a una educación de emergencia que propugna continuar los programas, las asistencias pedagógicas y el apoyo a la enseñanza en ambientes de aprendizaje mediados por tecnologías.

No hubo una protesta ni manifestaciones negativas, sino al contrario, lo central fue apechugar y asumir los desafíos e ir a la batalla por la educación en estos tiempos de emergencia. Los docentes, una de las bases de la conformación de nuestra sociedad desde tiempos de Varela asumieron este desafío con responsabilidad y seriedad aún sin aplausos a las 9 de la noche.

Los propios sindicatos tan dispuestos a reacciones de protesta y conflictos regularmente también asumieron su disposición positiva a encarar y acompañar en forma positiva esta nueva dinámica educativa. Felicitaciones sin duda a todos y el aplauso.

Estamos hablando de un total de 61.420 docentes (maestros, maestras y profesores) según el resultado del Censo Nacional Docente 2018, de los cuales el 71,3% se desempeña exclusivamente en la órbita de la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP), un 14,7% lo hace únicamente en instituciones privadas y el 14,0% restante que trabaja a la vez en centros educativos públicos y privados.

Casi 60% de ellos trabajan solo en un centro, pero más de 25% reparte sus horas en dos y el resto en tres o más centros educativos, haciendo la tarea de atención educativa aún más compleja.

Lo primero a constatar en este desafío fue que nunca se los preparó consistentemente para esta nueva tarea. El sistema de formación de maestros, docentes y profesores no ha incluido en sus programas pedagogías informáticas y metodologías activas ni tampoco el trabajo en plataformas, la producción de recursos de aprendizaje, el teletrabajo docente o las evaluaciones en línea en la dimensión e intensidad necesaria.

El Censo del 2018 mostró que apenas el 14% de los docentes con docencia directa considera que su formación docente les aportó mucho en los temas de enseñanza-aprendizaje con uso de tecnologías de comunicación e información. Hablamos del 11 avo lugar de valoración en una escala de 12 temas de la formación docente.

La formación docente se conforma en la primera atrasada en la preparación para la disrupción digital educativa en curso y corresponderá una revisión de los currículos en función de un mayor aprestamiento digital en todo sentido. El Plan Ceibal, fue sin duda, uno de los pocos impulsores en esta materia pero sin los niveles acordes a la expectativa de una formación universitaria como se reclama ampliamente.

El esfuerzo docente fue aún mayor, si lo vemos desde su dotación de equipamientos informáticos. Según el Censo Docente del 2018, se aprecia que los docentes que tienen notebook o tablet en sus hogares (no donadas por CEIBAL) son el 75,1% mientras que los hogares con personas ocupadas y con una formación de 15 años o más de escolarización que son el grupo espejo que tienen esos equipamientos son el 94,6%.

Esta alta diferencia probablemente, refiere a la distribución de equipos del propio Plan Ceibal entre el colectivo docente de quienes se desempeñan en instituciones de la ANEP, pero que dichos equipos son mucho menos potentes, y fueron comprados y regalados, para el apoyo en el aula, son las capacidades y fortalezas suficientes para comandar procesos de enseñanza a distancia en el contexto de emergencia.

Pero más allá de estas limitaciones, los docentes nacionales asumieron el aumento de las tareas, las dificultades del trabajo en los hogares, la debilidad de las plataformas y de los niveles de conectividad, y también la desigualdad de los niveles de accesos, propios desde sus hogares y de los estudiantes en esta educación de emergencia.

La brecha digital la sintieron en su propia piel, y vieron ante sus ojos como el abandono y la desconexión tenía un rostro social.

En este desafío no hubo instrucciones claras y precisas por la alta desigualdad de las situaciones y cada unidad educativa, pública y privada, asumió en el marco de la libertad sus acciones.

Si hubo recomendaciones sanitarias por parte de la División de Servicios Médicos que emitió recomendaciones ante enfermedad respiratoria por coronavirus y otros gérmenes en coordinación con el MSP.

Se difundieron las recomendaciones de UNICEF que a escala global promovió la «continuación del acceso a una educación de calidad utilizando estrategias de aprendizaje digital o en línea, asignando lecturas y ejercicios para trabajar en casa, utilizando programas de televisión y radio o grabaciones de podcast con contenido académico, encargando a los maestros que lleven un seguimiento diario o semanal a distancia con los estudiantes y actualizando o creando estrategias de educación acelerada».

Si algo se manifestó fue la libertad de respuesta de las instituciones y de los docentes, que asumieron comunicaciones con sus alumnos hasta por señales de humo digitales.

Las instituciones hicieron titánicas acciones de aprestamiento, de aumentos de inversiones en equipamiento y capacitación, de conectividades y de reingenierías. Ello en un contexto de caída de los ingresos, de morosidad en los pagos e incluso de abandonos en las dinámicas de aprendizaje.

También podría gustarte

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.

Abrir chat