#OpiniónAnte el bicentenario del nacimiento de Karl Marx

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Nacido el 5 de mayo de 1818 en Alemania -en ese momento Reino de Prusia- estamos en el bicentenario de su nacimiento.

Con gran acierto el Instituto Goethe promueve diversas acciones artísticas, culturales y académicas en Sudamérica y EEUU a efectos de reflexionar sobre Marx. En nuestro país se realizó un grafiti de gran nivel artístico a través de un llamado de la Intendencia de Montevideo que se encuentra en el final del túnel entre Avenida 8 de Octubre y la Avenida 18 de Julio.

Tomemos el guante y reflexionemos. Y empecemos por lo más elemental: situar a Marx como pensador, su influencia y el lugar que ocupa en la historia universal.

Estamos ante un filósofo, un economista y un intelectual de características brillantes, sin ponernos a discutir si estamos de acuerdo total, parcial o en desacuerdo con sus teorías. Sus aportes a la simbiosis entre teoría y práctica, la teoría sobre valor-trabajo en los que atacó duramente las justificaciones generales del beneficio y el interés o sus estudios y conclusiones sobre la división del trabajo y la maquinaria; en particular su caracterización de la plusvalía, lo catapultaron como un teórico de la ciencia económica ineludible en la academia mundial. En Filosofía su carácter “hegeliano” a contrapelo de la época dio un aporte sustancial a la disciplina.

No menos relevante ha sido su papel como historiador cuando analizó en profundidad la revolución francesa y sacó conclusiones innovadoras en su época como cuando manifestó que “la estructura económica de la sociedad capitalista actual se ha desarrollado a partir de la estructura económica de la sociedad feudal”.

Su influencia en la ciencia política y la praxis política mundial puede sintetizarse en la redacción y propagación del “Manifiesto Comunista” publicado en febrero de 1848 que ha sido el texto más impactante luego de la “Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano”, redactado 100 años antes por los franceses. Sus famosas frases “Un fantasma recorre Europa; el fantasma del Comunismo” o “Los proletarios no tienen nada que perder, salvo sus cadenas. Tienen un mundo que ganar”, se han diseminado por el mundo desde entonces casi que con fuerza bíblica.

Marx muere en 1883 en Londres donde vivió en el destierro y muchas veces en la clandestinidad. Solo pensemos que a 25 años de su muerte los partidos políticos que invocaban su nombre o se inspiraban en él en Europa tenían entre el 15% y el 45% de los votos en los países donde existían elecciones democráticas y que a 70 años de su muerte una tercera parte de los humanos que vivían en este planeta lo hacían en regímenes comunistas o similares que decían inspirarse en sus ideas. El Islam necesitó unos 100 años para propagarse y popularizarse por el mundo y el cristianismo unos 300; ninguna teoría del pensamiento tuvo una propagación masiva tan intensiva en la humanidad como el marxismo. Un simple dato objetivo.

Podemos afirmar que Marx como intelectual pertenece a un selecto número de pensadores cuyas ideas -de una manera u otra- han entrado en la cultura general del mundo moderno. Está al menos en el mismo nivel a nombres como Freud, Darwin, Einstein o Adam Smith. Por lo tanto, negar a Karl Marx y su influencia es querer tapar el sol con un dedo, una tarea imposible. Ocultar su brillantez intelectual y su aporte a la humanidad, mucho menos. Hay que ser muy burro o muy necio si así razonamos.

Obviamente en nombre del marxismo se cometieron grandes atrocidades. O invocándolo, sus seguidores, sus admiradores o sus pie letristas cometieron grandes errores o afirmaron cosas que nunca dijo ni analizó. Ha pasado con todos los grandes pensadores de la humanidad, tan solo pensemos un segundo en las barbaridades que la historia registra en nombre de Jesucristo o de Mahoma, aún hoy en día. O las invasiones y asesinatos ocurridos “en nombre de la libertad” que viene de las raíces de Adam Smith. No fueron menos las interpretaciones maniqueas, que poco o nada tienen que ver con sus escritos o la raíz del pensamiento original de cualquiera de ellos.

Para poner un ejemplo analicemos el fracaso rotundo en el mundo socialista de la “Economía Planificada”. La teoría tiene raíces en Italia en economistas que nada tiene que ver con el marxismo y que fue elaborada para dar respuesta a una economía de guerra luego de culminada la Primera Guerra Mundial. La URSS adoptó ese modelo luego de la revolución rusa, ya que su estado era de economía de guerra, encontrándose bloqueada y aislada del mundo. Luego lo adoptaron todos los países del bloque socialista, pero Marx nunca dijo nada ni elaboró teoría alguna sobre una Economía centralizada de ese estilo.

Si me preguntan una opinión y una reflexión más personal sobre Marx -que es la sana intención del Instituto Goethe- creo que el marxismo fue una respuesta política y económica a un mundo determinado de mediados de siglo XIX, cuando la revolución industrial se encontraba en pleno auge y el mundo del capital y el trabajo tenían una determinada caracterización. Trasladar ese mundo y ese contexto, con las conclusiones de Karl Marx al siglo XXI es un error, sobre todo si se realiza de manera mecánica o literal.

Adam Smith, el padre del liberalismo, tuvo el mismo problema que Marx. Sus teorías y sus conclusiones fueron realizadas en determinado contexto histórico. Su obra más famosa “La riqueza de las Naciones” fue escrita en 1776. La diferencia es que luego la teoría liberal se reformuló a partir de las mismas premisas que en el siglo XVIII, en la Escuela de Chicago en la década del 60 del siglo XX con Milton Friedman a la cabeza. Se actualizó el liberalismo y se transformó en neoliberalismo.

El desafortunado Marx no ha tenido quien reformule sus teorías y las actualice creando algo parecido a un “Neomarxismo” o un “Posmarxismo”, razón por la cual me parece la teoría liberal sigue vigente a pesar que es anterior al marxismo, y éste último aparece como un material de enciclopedia histórica o cuando se invoca hay dificultades para adaptarlo a las actuales realidades mundiales. El mundo de hoy no se caracteriza entre capital y trabajo, ni patrones y proletarios; la realidad es mucho más compleja.

El legado de Marx ha tenido influencia de una u otra forma en el mundo político. Hoy existe un claro declive del marxismo en el mundo, lo que no significa que su teoría o parte de sus conceptos puedan ser útiles para dar respuesta al mundo del futuro. Es difícil ser de izquierda y no tener alguna influencia en la teoría o en la práctica de este formidable pensador. En lo personal no me defino como marxista, pero encuentro en él, prácticas, teorías y conceptos que logran matrizar parte de mi pensamiento.

Y no en pocas oportunidades me siento pequeño, al no poder comprender en su total dimensión su compleja y vasta obra.

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2 Comentarios
  1. Mario Conde dice
    Excelente decisión de homenajear a Marx, poniendo a Montevideo junto a tantas otras ciudades y países donde se han llevado a cabo similares actos. Vean las crónicas provenientes de Moscú, Beijing, Hanoi, Varsovia, Berlin, Budapest, Sofia, Kiev, Astana, Bucarest, Belgrado, Praga, y demás, donde Marx ha dejado bien marcada impronta, y la gente no olvida.
  2. Ugo Massu dice
    Si los padres del marxismo vivieran hoy en día, los más probable es que se sintieran frustrados porque los marines yanquis no invadieron Venezuela. En ocasión de la invasión de los Estados Unidos a México en 1847, Federico Engels escribió: “Hemos sido testigos de la conquista de México y nos alegramos por la misma… Es en el interés de su propio desarrollo que México sea colocada en el futuro bajo la tutela de los Estados Unidos”. Engels consideraba positivo que “la espléndida California fuera sacada a los haraganes mexicanos” que según el no sabían que hacer con ella. Y consideraba mas beneficiosa el dominio de los “energéticos yanquis”.

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