CULTURAAlfredo Zitarrosa: la nostalgia de una voz imprescindible

A 32 años de la partida fisica del gran referente cultural, social y político, sus canciones siempre vigentes resuenan el corazón del pueblo uruguayo.

“Nacionales

17 de enero de 1989

“En la madrugada de hoy, falleció el afamado cantautor uruguayo, Alfredo Zitarrosa”, con estas palabras La Mañana informaba sobre la partida de un ícono del canto popular en nuestro país y en Latinoamérica.

El cantante uruguayo tenía 52 años y había iniciado su carrera en el mundo del espectáculo como locutor en Radio Ariel en 1954, al año siguiente seguiría en radio El Espectador, donde trabajó varios años y consolidó su destacada personalidad y voz. Incluso tuvo un tiempo en Radio Sarandí y Radio Montecarlo. Esta faceta, eclipsada por su magnífica labor como cantante y autor, marcó puntos muy altos a nivel nacional como internacional, y su estilo hasta hizo escuela en la radiofonía de aquel entonces. Otro de sus intereses fue la poesía y siendo muy joven obtuvo el Primer Premio Municipal de Poesía. Estas dos pasiones se unirían años después al lograr grandes canciones como “Doña Soledad” o “El Violín de Becho”. Ávido lector desde su juventud, tuvo un panorama muy amplio de la literatura, a tal punto que recién salido de la adolescencia ya conocía la obra de autores alemanes líricos prerománticos. Los textos de sus canciones muestran a un gran creador con importantes logros poéticos donde el trazo humano cobra siempre la primera atención.

Luego de concluir los estudios secundarios en una escuela nocturna, y tras desarrollar con bastante éxito múltiples vocaciones -en distintos períodos fue poeta, locutor y periodista-, Zitarrosa se transformó en cantor casi por casualidad. Esto no le impidió, sin embargo, alcanzar desde su primera grabación una fama inusual para un debutante. Pero, curiosamente, el artista que seleccionaba en forma rigurosa su repertorio y que transmitía, mediante su portentosa voz, un mensaje claro y profundo, vivía en permanente conflicto consigo mismo. A menudo lo asaltaban dudas acerca de su desempeño como cantor popular. En más de una ocasión Alfredo se cuestionó su voz, el valor de sus textos, su calidad como intérprete y la legitimidad del sitio que ocupaban sus creaciones en el terreno de la canción comprometida de su tiempo.

Aquel contexto histórico -por todos conocido, no vale la pena ahondar aquí sobre los avatares políticos y sociales que vivieron el Uruguay y el Cono Sur entre mediados de los 70 y los 80- marcó en forma indeleble al artista y su obra. Sucede que Alfredo Zitarrosa, además de haber sostenido siempre una postura ética en su quehacer artístico, supo también conmoverse por los dramas sociales de su época. Frente a estos sucesos nunca mantuvo una posición neutral: esto hace inseparable su obra del marco histórico en el que se desarrolla.

«Hago falta. Yo siento que la vida se agita nerviosa si no comparezco, si no estoy. Siento que hay un sitio para mí en la fila, que se ve ese vacío, que hay una respiración que falta, que defraudo una espera…». Alfredo Zitarrosa.

 

3 Comentarios
  1. Ana Acosta dice
    Una voy poética y varonil que ya no se encuentra
  2. Elisa dice
    Unico con su maravillosa voz irrepetible
  3. corsariosalgari dice
    Los más veteranos coincidirán como en determinado momento en ómnibus, bares, peluquerías, a media que se producía un recambio generacional a mediados de la década de los ’80, las viejas fotos de ardel se reemplazaban por las de Zitarrosa. No porque se niegue a Gardel (otro fuera de serie) sin por el reconocimiento a un cantor y compositor excepcional.

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