“Poesía en armas”. Usaba su poesía como tal y así la llamóAlcira Soust Scaffo, la poeta nómade y escurridiza de quien poco se sabe

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Alcira, nacida en Durazno, -corazón de nuestro país- fue una poeta inédita y escurridiza. Vivió en México y participó del hecho que la convirtió en personaje histórico: la irrupción del Ejército al campus de la Ciudad Universitaria para acabar con la huelga que se desató en el año 1968 en ese país. Alcira pasó allí 12 días encerrada en un baño, hasta que fue encontrada escondida.

 

Este hecho fue retomado en dos obras del escritor chileno, Roberto Bolaño: primero en “Los Detectives Salvajes”, en un capítulo específico en el que la poeta habla desde ese encierro. Luego protagoniza una segunda novela, “Amuleto”, de 1999. En ese entonces, Bolaño con motivo de la presentación de su libro, describió a la uruguaya como “una mujer muy conocida en los ambientes literarios mexicanos y de una gran generosidad. Estuvo a mi lado cuando abandoné Chile en 1973 y creo que ya toda mi vida no dejó de protegerme. Quizás ella sea el amuleto del título”.

Agustín Fernández es fotógrafo y sobrino nieto de la escritora, viajó a México para participar de la inauguración de una muestra sobre la vida de su tía abuela, que nunca fue editada pero su obra permaneció diseminada en muchas manos y ahora está reunida bajo la custodia del centro de documentación Arkheia, como parte de la colección del Museo Universitario de Arte Contemporáneo de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

 

“Poesía en armas”

 

“Alcira fue una poeta-activista”, explicó Agustín Fernández. “Usaba su poesía como arma, por eso a su obra poética la llamó “Poesía en armas”.

 

Se formó como maestra en Uruguay y eso la llevó a México en 1953, al ganar una beca. “Fue una constante en su vida ser docente: tomaba poetas jóvenes y les enseñaba sobre Rimbaud y Lautréamont, y los traducía. Les señalaba qué leer. Desde principios de los 70, con Bolaño y sus amigos que eran adolescentes, y ella tenía la edad de la madre de ellos, hasta el final. Hay un poeta chileno que la conoció en Durazno, Uruguay, a mediados de los 90, y ella tuvo la misma actitud de maestra con él”, relató Fernández.

Alcira pasó un año en Michoacán dando clases en comunidades purépecha de ese estado sureño y luego se trasladó a la Ciudad de México. Fernández evocó la poesía como la única constante de una mujer de vida nómade y atípica para su época, hasta que la UNAM se convirtió, literalmente, en su casa.

Se insertó en la movida universitaria de la época y se involucró mucho con el movimiento estudiantil de 1968. Ahí fue cuando el Ejército tomó Ciudad Universitaria y ella quedó 12 días encerrada en el baño.

“Después de eso pasó a ser el mito de la uruguaya que resistió a la ocupación del Ejército, aunque fue un acto más bien de auto-conservación porque era una uruguaya indocumentada, o no estaba muy clara su situación migratoria en el país”, explicó Fernández.

 

Personaje misterioso

 

“Siempre me resultó un personaje misterioso de la familia. Yo era muy chico cuando ella volvió y era una mujer con mucho color, muy intensa. En el ropero de mi cuarto había un tubo de cartón con dibujos de ella que mi madre no me dejaba ni tocar por miedo a que se estropeara”, recordó.

“Mi madre me dijo una vez: ‘La tía Mima [Alcira] está muy mal porque en México estuvo mucho tiempo encerrada en un baño’. Siendo más grande entré a preguntar por esa historia y mi abuela Sulma, (hermana de Alcira) empezó a contarme y a juntar el archivo familiar”, indicó.

Sin embargo, los desequilibrios mentales de Alcira no comenzaron con el episodio del baño, explicó Fernández sino que “ese era el relato pero después te das cuenta que no, que el problema es anterior y fue algo progresivo que empezó a decaer hasta mediados de los 80, en que se volvió incontenible”.

Un profesor amigo de Alcira viajó en esa época a Uruguay y contactó a su familia para saber si estaban dispuestos a hacerse cargo de ella. Así sus amigos la mandaron de regreso al Uruguay, 40 años después de haber salido, en junio de 1988.

“Su vida en Uruguay fue la misma que llevaba acá en México, completamente nómada, viajando entre Montevideo, Flores y Durazno. Gastaba su dinero en comprar papel y repartía sus poemas por ahí, hasta que en un momento, se perdió el contacto entre ella y la familia”, sostuvo.

Estuvo varios años desaparecida hasta que una exalumna suya (Marlene Yacobazzo) halló su certificado de defunción en el principal hospital público de Montevideo, donde murió a causa de infección respiratoria en 1997.

En 2016 Fernández ganó un Fondo de Cultura y Artes en Montevideo, Uruguay, con el que dio impulso al documental que elabora sobre la poeta, que le permitió viajar a México a entrevistar a muchas de las personas que habían conocido a Alcira y también, recuperar su obra.

“Había muchos baches en su historia y todavía los hay. Contacté a una periodista mexicana que escribió dos artículos en el diario La Jornada, lo que hizo que mucha gente que la conoció me empezara a escribir. Un exestudiante de la UNAM, que quiere total anonimato, tenía una caja de materiales de Alcira, donde había miles de documentos”, explicó.

Fernández, recolectó desde contratos que la UNAM le hacía para apoyar su sustento a decenas de sus poemas y dibujos. Eso es el fondo documental con el que se montó una muestra en el MUAC, curada por Amanda de la Garza, por el museo, y Antonio Santos quien junto a Cuahtémoc Medina, curador en jefe del MUAC, “fueron amigos de Alcira en los 80 y quienes plantaron la semilla de la exposición sobre ella” que estará abierta hasta noviembre.

“Creo que la exposición y el documental le va a dar visibilidad a algo que estaba solapado. Me impresionó la cantidad de gente a la que Alcira influyó en los años que estuvo acá, con esa poesía en armas, que era activismo poético. Su casa durante los más de 30 años que estuvo en México fue la UNAM. Ella eligió vivir acá y esta es una forma de devolverla. Volvió a casa gracias a la exposición”, concluyó su sobrino nieto. (Fuente: Sputnik)

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