Alan García: un esfuerzo para ubicarlo en su justo lugar

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El suicidio de Alan García genera naturalmente una conmoción humana y de impacto ante una noticia de este tenor. Sin embargo para Latinoamérica y especialmente para la izquierda latinoamericana la muerte del expresidente peruano pasó desapercibida y queda como resumen de su vida política la circunstancia de un hombre acosado por denuncias de corrupción que opta por quitarse la vida en lugar de enfrentar a la justicia.

La vida política en blanco y negro, sin ningún análisis pausado, que ponga las cosas en sus debidos términos y que resalte las luces y las sombras de un líder con buenos y malos momentos, con aciertos y con errores.  Corresponde a la izquierda realizar una justa valoración de Alan García en su cabal dimensión, para quien fuera dos veces Presidente de la República de Perú (período 1985-1990 y 2006-2010).

Alan proviene del partido más relevante de la izquierda de Perú del Siglo XX; la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA) o el Partido Aprista como se le conoce.

En un país plagado de corrupción, de golpes de estado, de inexistencia de la clase media y una aristocracia colonialista de principios del siglo pasado, surge la izquierda en Perú en dos ramas diferentes.  Por un lado Carlos Mariátegui que funda el Partido Socialista que posteriormente se convirtió en Partido Comunista que mediante la publicación de su libro “Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana” realizó una reinterpretación histórica del Perú en donde asignó a los Incas el primer comunismo primitivo y caracterizó la posterior época colonial en un feudalismo; y por otro lado Víctor Haya de la Torre que funda el APRA y que veía al imperialismo como positivo en la medida que eliminaba los rasgos del feudalismo colonial y negativo en cuanto éste saqueaba todas las riquezas del Perú y ponía un freno al desarrollo del ascenso de la burguesía nacional. (…)

El APRA sufrió el exilio, fue proscripto en los años 30 y recién en la época de los 60 se reconoció su mayoría política y su arraigo popular. Sin embargo en el año 1962 un golpe militar privó a Haya de la Torre ser Presidente de Perú -quien fue respaldado por los sectores medios más radicales y el campesinado de la costa y la sierra norte- porque los militares no reconocían un gobierno de izquierda del APRA. (…)

De esa historia política social proviene Alan García. Fue el discípulo predilecto de Haya de la Torre, por lo que proviene pues, de una rica historia de lucha social y política de ideas de izquierda en el Perú.

Su primera presidencia en 1985 significó el ascenso de las ideas más utópicas y predominantes en ese momento histórico de la izquierda de este continente.

Expuso su tesis de la deuda externa a favor de los países pobres y limitó su pago al 10% de los ingresos por exportaciones, realizó aumentos de salarios, realizó una reducción de las tasas de interés bancario, tuvo dos tipos de cambio que terminó en un mercado paralelo y dio subsidios para las empresas que dependían de la demanda interna. Su última medida y quizás la que significó un punto de quiebre en esa primera Presidencia fue la de estatización de la banca para facilitar el financiamiento a las empresas del país que luchaban contra la baja de ventas y el cierre del crédito internacional.

El país creció, pero la hiperinflación terminó con todas las bonanzas. El final del mandato de Alan García lo situó con un rango inflacionario de 850% y en el medio de las turbulencias la inflación llegó a trepar a la incontrolable cifra de 2775%. (…)

Alan García dejó enseñanzas a la izquierda latinoamericana en su primera Presidencia. Que ciertas políticas económicas -que todos en mayor o menor medida abrazábamos en ese época- no funcionaban. No era posible generar propuestas de redistribución a los más desposeídos sin un modelo económico sustentable y que sobre todo mantuviera en equilibrio a las principales variables económicas. Vaya si el Frente Amplio tomó nota de esa primera experiencia de Alan García en Perú y cuando le tocó gobernar asumió una política económica con las mismas intensiones pero sobre otras bases de sustentabilidad muy diferentes.

Segundo; que la izquierda que opta por la vía violenta hay que enfrentarla. Este debate debilitó mucho a la izquierda peruana, ya que muchos justificaron con su acción o con el silencio el accionar de los grupos guerrilleros y otros fueron timoratos ante sus acciones decididamente criminales. Alan García no dudó y estuvo del lado correcto; en la defensa del orden institucional y en la vereda opuesta a una violencia inusitada que no dejó nada positivo al país.

Su segunda Presidencia fue muy diferente a la primera. Algunos dicen que se pasó a la derecha, creo que fue realismo político.

Necesitó en 2006 del apoyo de Alejandro Toledo (un liberal ortodoxo) para ganar en segunda vuelta ante Ollanta Humalla y era absurdo que repitiera su anterior modelo económico que resultó desastroso. Aprendió de sus errores y continuó la política económica de sus antecesores; ordenada pero con más énfasis en lo social.

Fue a visitar a Lula y planteó proyectos latinoamericanos como la ruta interoceánica, mejoró las deterioradas relaciones con Chile y con la propia Bachelet, realizó el tratado de libre comercio entre Perú y EEUU desligándose de ataduras ideológicas en materia de intercambio comercial y fue uno de los primeros Presidentes latinos que hizo un gabinete paritario. Su impronta de hombre de izquierda estuvo presente, a pesar que la realidad política y su propia correlación de fuerzas ya no era la misma.

Las acusaciones de corrupción lo persiguieron -como dijo él en su carta de despedida hacia la muerte- en casi toda su vida política. Ante el autogolpe de Fujimori debió exiliarse en Colombia, denunciando a la dictadura fujimorista que duró 10 años y que terminó con un escándalo de corrupción. Fujimori estando en el exilio le abrió cargos por corrupción y enriquecimiento ilícito que continuaron durante muchos años, aunque permítanme poner un manto de duda de todo ese proceso que evidentemente no gozó de ninguna garantía legal o constitucional.

El caso Odebrechet lo encontró de nuevo envuelto en los escándalos de corrupción. No se salva nadie, en un país tradicionalmente muy débil institucionalmente y con escasos mecanismos de control para frenar los impulsos mesiánicos de sus gobernantes.

Alan García tiene como acusación más seria y probada el pago de 100.000 dólares por una conferencia realizada en San Pablo que fue abonada por Odebrecht y coimas recibidas a través de sus ex funcionarios Luis Nava y Miguel Atala, que nunca pudo probarse de manera fehaciente que ese dinero era en realidad para su propio peculio.

No parece que estemos ante una mosca blanca, aunque la derecha -claro está- le encanta emparejar y poner todos en la misma bolsa. (…)

Es altamente probable que Alan García haya incurrido en actos de corrupción pero su juicio final debería poner en la balanza todos los aspectos y elementos que signaron su vida política.

Un hombre que aportó con sus ideas y con su lucha a la causa latinoamericana y que enfrentó el neoliberalismo campeante en la región. Lamentablemente no terminó de la mejor forma, pero el tiempo se encargará de situarlo en su justo lugar.

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1 comentario
  1. graciela dice
    Muy buena reflexión..necesaria en estos momentos de confusion.. gracias

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