A 100 años del Movimiento estudiantil universitario de Córdoba del 1918

Desde aquel movimiento de Córdoba en la Argentina en 1918, que en la educación universitaria en América Latina levantó las banderas de autonomía y el cogobierno universitario, hasta el actual momento 100 años después con su centenario, se ha procesado una enorme transformación que tal vez haya construido en parte la universidad con acceso masivo postulada por aquellos sueños, pero que hoy está inserta en un sistema de educación superior muy diferente.

Entre el movimiento de reforma de 1918 y los movimientos estudiantiles latinoamericanos de 1968, tuvo lugar una fase marcada por una transformación política e institucional asociada a las causas reformistas de Córdoba en la que se impuso lentamente el cambio político en la gestión de las universidades públicas latinoamericanas.

Desde entonces y el momento actual, irrumpió una nueva fase marcada por una gran diferenciación institucional centrada en la expansión de la universidad privada a escala regional.

Con ello, en ese largo período de 100 años, se pasó de un sector universitario minúsculo y cuasi monopólico público, a un gran sector universitario con tres ámbitos con similares dimensiones: público y privado nacional, y un nuevo sector privado internacional, y una cobertura de 50% con un poco más de la mitad en el sector privado y la otra mitad en el sector público, mientras que la mitad de los jóvenes en promedio están fuera de las aulas terciarias.

En este largo proceso cabe destacar el peso de la educación a distancia y virtual, la educación tecnológica y la educación for profit, entre otras tipologías universitarias a destacar.

Los cambios socioeconómicos y la propia diferenciación institucional han facilitado el aumento de las demandas de acceso y de las demandas de empleo, gracias a políticas públicas de apertura a la oferta privada, así como del mantenimiento de un modelo de gratuidad público aunque éste no logra cubrir todas las demandas de acceso en igualdad de condiciones.

De un sector regulado, dependiente de los ministerios y de los gobiernos, previo al movimiento reformista, se pasó a un sistema autónomo y colegiado que llevó a su eclosión en los sesenta, y que desde entonces una inflexión hacia una dinámica de búsqueda de mayor gobernanza y que ha vuelto a tener fiscalización y regulación para el sector público y, de forma dominante, para el privado, salvo en muy pocos casos (Uruguay, Bolivia, El Salvador, Guatemala, la República Dominicana, Costa Rica) donde se mantiene una autarquía y la regulación sólo se limita al sector privado ya que las universidades públicas funcionan en un marco de autonomía tradicional gestado en las anteriores situaciones de monopolio o de cuasi monopolios nacionales.

Igualmente, en este largo período, se ha pasado de una educación superior solo nacional a una dinámica universitaria tripartita, donde aun cuando el sector nacional es altamente mayoritario, el sector trasnacional ya representa cerca del 4 % o 5 % de la cobertura, que es una dimensión similar a la que ostentaba el sector privado nacional hace 100 años.

La gratuidad de la educación superior pública se ha consolidado en toda la región y ha continuado aumentando, pero, aun a pesar de su diferenciación, en casi todos los países se han incrementado los mecanismos selectivos de acceso a unas instituciones, al tiempo que es menor o totalmente abierto en las otras instituciones públicas.

Sin embargo, si tomamos la dimensión de los accesos gratuitos frente a los accesos arancelados en todo el sistema, la educación arancelada es mayor y creciente, pero descansa casi exclusivamente al sector privado. En tal sentido hubo un pasaje desde una educación arancelada en el sector público hacia una educación no arancelada, pero donde la arancelada en el sector privado es mayor.

La educación superior en todo este tiempo ha aumentado su diferenciación y ha alcanzado niveles de calidad elevada, pero siempre por debajo de los niveles internacionales.

Aunque hay instituciones privadas entre las universidades de mayor calidad, la dominancia de los estándares de calidad, medida por los rankings, corresponde a las universidades públicas, y entre estas, a las autónomas, pero no con los modelos tradicionales colegiados, sino con formas de gestión más eficientes, tales como la UNAM, USP, UNICAM, Universidad de Chile, o Universidad Nacional de Colombia, con sistemas selectivos de acceso, gobernanza no autárquicas y mayor orientación hacia los postgrados.

En los casos sin selección o diferenciación (el Uruguay y la Argentina), en el sector público se aprecian el desbordamiento de los estudiantes y altas deserciones de los segmentos medios y bajos, junto con una mayor fuga de las elites hacia las universidades privadas.

Sin embargo, a pesar de la ausencia relativa de una planificación integrada entre el sector estatal y el privado y la existencia de dinámicas de tensión y de conflicto permanente, en los temas de regulación relativa y especialmente en los temas financieros, existe una cierta complementariedad en la educación superior regional entre ambos subsectores.

Se destaca un mayor peso del sector estatal en las áreas de investigación y en los niveles doctorales, así como una mayor incidencia del sector privado en las áreas de posgrados de especialización y en las ofertas profesionales, y una competencia localizada en el sector de posgrado con base a aranceles, mientras que en el grado, la competencia es baja al haber gratuidad en el sector público.

Los sectores de altos ingresos en casi toda la región tienen a sus hijos en la educación privada que es donde se forman las elites, en tanto en el sector público se habilitan los mecanismos de movilidad social y de reproducción de las capas medias.

Se evidencia la existencia de una relativa especialización y división de funciones entre ambos sectores. El sector privado tiene un posicionamiento tanto hacia la élite de la pirámide de los mercados de trabajo como hacia los niveles inferiores de la formación técnica y profesional, en tanto que el sector público, más allá de su diferenciación y matices nacionales, tiende a cubrir demandas intermedias tanto en términos sociales como de puestos de mercados de trabajo.

Hay, en tal sentido, una relativa diferenciación y complementariedad de funciones entre el sector público y privado, más allá de las tensiones y la ausencia de políticas sistémicas.

A 100 años de Córdoba, hay otra educación superior en América Latina, muy distinta de la que soñaban los pocos estudiantes elitistas que escribieron el Manifiesto Preliminar de entonces. Y lo más notorio en el cambio no ha sido solo la dimensión, sino el peso de la educación privada.

Cambió la universidad pública, pero a costa de crear otra universidad privada sin la cual no se hubiera podido alcanzar el acceso a la actual cobertura de masas y la conformación de una dinámica dual.

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