#Opinión850 años de Notre Damme

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Todos miramos estupefactos el incendio de un ícono de los monumentos universales: la Catedral de Notre Damme -«Nuestra Señora» en español-, una catedral de culto católico erigida en honor a la Virgen María situada en un lugar privilegiado de París -en la Isla de la Cite- donde pueden verse ambas márgenes del Río Sena que cruza la capital parisina.

Cada vez que un patrimonio cultural es destruido o erosionado el mundo está de luto, sea en Paris, sea en Siria o en Bagdad. Ya sea por la destrucción deliberada de los seres humanos en guerras e invasiones o por imperio de la naturaleza que en general tiene fallas e imprevisiones del hombre.

Es un golpe para la humanidad desde el punto de vista cultural y arquitectónico.

Notre Damme fue testigo de grandes hitos de la historia. Con 10 años de edad Enrique VI se coronó rey de Francia en 1421; Napoleón fue coronado Emperador por el Papa Pio VII en 1804 luego de una negociación con la Iglesia Católica para reinstaurar el catolicismo en Francia luego de la Revolución Francesa. Allí fue beatificada Juana de Arco en 1906 y las campanas de la Catedral anunciaron la liberación de Paris de la invasión nazi en 1944.

La destrucción de Notre Damme -construida entre 1163 y 1365- ha estado a la orden del día con el correr de los siglos. La Revolución Francesa arrasó con todos los símbolos católicos y saqueó todos los monumentos y palacios principales de la Francia absolutista de la época, y en particular la Catedral, fue destruida, arrasaron toda la galería de los reyes y fundieron todas las campanas -aunque se salvaron las más grandes (que tienen 69 metros de alto)- convirtiéndose en un almacén durante ese período.

Tampoco se salvó de un incendio cuando la Comuna de París gobernó por escasos días en 1871 y ante la orden de Hitler de bombardear todos los monumentos emblemáticos de los países, los generales al mando se negaron a acatar tal dislate.

Para la arquitectura Notre Damme es una de las principales obras actuales del arte gótico mundial. Las gárgolas que se encuentran en lo alto de Paris -construidas en 1845- con imágenes diabólicas parecen custodiar la Iglesia y la ciudad.

El arte gótico es un estilo arquitectónico que duró muchísimo tiempo -aproximadamente desde mediados del Siglo XII hasta las últimas décadas del Siglo XVI- que empieza en Francia y luego se expande por toda Europa. Tiene una preeminencia muy importante de lo religioso y para ello utiliza amplios ventanales y vitrales; arcos para generar sensación de altura y sensación de amplitud con el objetivo de resaltar la grandeza de Dios. El arte coincide con gran parte del período conocido como la Edad Media y el auge de la Inquisición.

En lo cultural la novela y el cine tienen a Notre Damme en los primeros planos. La novela «Nuestra Señora de Paris» de Víctor Hugo publicada en 1831 y que posteriormente Walt Disney diera vida en el «Jorobado de Notre Damme» tendría como protagonista a la Catedral más famosa y visitada en el planeta. Allí también ha puesto su sello.

No solo es cultura y arquitectura. También constituye un problema para los ingresos turísticos en Francia y particularmente de la ciudad de París.

En el año 2018 Francia obtuvo ingresos récords por turismo con una cifra de 56.800 millones de euros, convirtiéndose en el principal destino del mundo en cantidad de visitantes y la tercera posición detrás de EEUU y España en gasto realizado por turistas extranjeros. Paris es la frutilla de la torta en esta materia afianzándose como capital mundial del turismo, llevándose unos 21.000 millones de euros por este concepto, casi la mitad de los ingresos de toda Francia.

El turismo en Francia representa el 8% del PBI y da empleo directo e indirecto a 2 millones de personas. Parece casi un ejercicio obvio comparar las cifras con nuestro país en donde el turismo representa un porcentaje muy similar -el 7,5% del PBI- por lo que nos da una pauta de la importancia y el lugar de esta actividad.

Solo Notre Damme tiene unos 13 millones de visitantes al año, en promedio unas 13.000 personas que la visitan por día aunque en días pico la cifra puede llegar a 50.000 turistas.

La Catedral obtiene ingresos muy importantes, ya sea por el ingreso a ciertos espacios como la torre y la cripta, como las ventas de merchandising alrededor de la Iglesia y el sinfín de artistas de todo tipo que trabajan alrededor de ella. Estimamos entre 40 y 50 millones de euros anuales como un cálculo conservador de ingresos, que de entrar en reparación la Iglesia se vería nulos o deteriorados en todo ese tiempo.

Aparecen las donaciones de todos lados y color que dicen que hasta ayer se ofrecían unos 800 millones de euros que Macron anuncia que se restaurará en unos 5 años. Presidentes de Petroleras, Bancos, empresas de la moda, grupos de informática; desde Francia, desde EEUU, hasta de Brasil y el Rey de Costa de Marfil ponen cifras millonarias que en algunos casos llega a 100 millones de euros para la reconstrucción de la Catedral.

Naturalmente que todas estas «donaciones» no son desinteresadas. Al tremendo golpe de marketing que posiciona la marca del donante a nivel mundial, se benefician de leyes de mecenazgo en un país como Francia que tiene los estímulos más importantes en esta materia, con un 60% de sus gastos deducibles y si se trata de un «tesoro nacional» el deducible llega al 90%.

En buen romance quien dice que dona 100 millones de euros, en realidad dona 10 millones, que mirado en el impacto en la imagen de la marca diría que le sale gratis o hasta pueden tener ganancias por ello. Juan Pueblo -en este caso francés- se hará cargo de Notre Damme. Los reyes magos no existen.

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4 Comentarios
  1. Pierre Ordinaire dice
    Notre Dame lleva una sola eme. Tal vez estaba pensando en Van Damme, el karateka.
    1. Pablo de La Moine dice
      Luego del incendio lleva 2 emes. Relax, nada tiene demasiada importancia, sólo los millones de euros pueden ir dirigidos para auxiliar al pueblo de Haiti y de Palestina.
    2. Mario Conde dice
      Pierre, sois pas malin! No le pidas tanto a Gerardo…!
  2. alfredo alsamendi dice
    Por un lado, Enrique VI, coronado Rey en Notre Dame, era inglés. Se proclamó Rey de Francia en el marco de la Guerra de los Cien Años. Por otro, si bien es patrimonio de l ahumanidad, un momumento no sólo religioso, sino una maravlla medieval, rebela que se junten millones de euros en un toque para su restauración de manos de millonarios (que deducirán esas fortunas de sus impuestos, por lo que la plata al fin y al cabo saldrá de los bolsillos de Juan Pueblo), y no pongan ni una moneda (que también deducirían de impuestos) para niños y refugiados de Medio Oriente o África

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