Exposición en la Cámara Alta en conmemoración del Día del Liberado36 años

El 13 de marzo de 1985, exactamente a la hora 16, los últimos presos de la dictadura cívico militar, que durante 12 años arrasó con la vida institucional del Uruguay, eran transferidos a Cárcel Central. El 14 de marzo, esas 47 prisioneras y prisioneros eran liberados, terminando así con el mecanismo más oprobioso del que se sirvió la dictadura cívico militar para acallar las voces disidentes, someter a la población y construir con la rebaja salarial más grande la historia del país un modelo económico al servicio del gran capital financiero exportador.

Esto se dio en medio de una inolvidable movilización popular que rodeó los penales y la Cárcel Central donde fueron llevados.

A las 20.00 horas del jueves 14 de marzo, cuatro horas antes del vencimiento del plazo que el Parlamento había otorgado al Poder Ejecutivo para proceder a la amnistía, el último contingente decía adiós al cautiverio.

En el trasfondo de esta apertura, fue determinante la presión del movimiento popular en todas sus expresiones y la militancia clandestina de muchas mujeres y muchos hombres que no cesó en los 12 años de dictadura. La derrota de la dictadura en el plebiscito constitucional de 1980, las elecciones internas de 1982, la celebración por primera vez de manera abierta en 1983 del Día Internacional de los Trabajadores y el acto del 27 de noviembre del mismo año, en el que 400.000 personas se concentraron frente al Obelisco mostraban que los días de la dictadura estaban contados.

Este proceso, que culminó el 14 de marzo, no estuvo exento de contradicciones acerca del alcance que debía tener la amnistía. Más allá de la coincidencia en la necesidad de vaciar las cárceles de las y los presos políticos, había divergencias en cuanto al carácter que debía tener la amnistía. Por un lado para la mayoría de los parlamentarios debía ser general e irrestricta, pero para otros y para el propio Poder Ejecutivo electo debía tener restricciones.

El 8 de marzo, la Asamblea General le dio su aprobación y de inmediato, el Poder Ejecutivo emitió la Ley 15.737 que habilitaba la liberación de más de 200 presos políticos que aún permanecían en las cárceles.

Los datos son muy claros.

Más de 25 mil ciudadanos fueron privados de su libertad bajo distintas circunstancias; 7.500 de ellos fueron condenados por tribunales militares sin ninguna garantía y con el aval de un Supremo Tribunal Militar despótico.

200 personas fueron asesinadas en ejecuciones extrajudiciales, en la tortura o en los centros de reclusión. Casi 200 personas fueron desaparecidas durante la dictadura. A esa nómina deben agregarse 69 niñas y niños que o nacieron en prisión o fueron secuestrados junto con sus padres o permanecieron en prisión durante meses o años.

Este proceso fue el resultado de un largo camino de violación sistemática de los derechos humanos. Desde 1968 el país comenzó a gobernar bajo un régimen casi permanente de medidas prontas de seguridad, con represión a trabajadores, con estudiantes muertos, con militarización de trabajadores. Esto se profundizó el 15 de abril de 1972 con el estado de guerra interno y la aplicación sistemática y organizada de la tortura.

El 27 de junio se dio la disolución del Parlamento y luego la ilegalización de los Partidos Políticos así como de las organizaciones sindicales y estudiantiles, destinatarios del masivo proceso de persecución.

En Uruguay, la prisión política masiva generalizada y en largos tiempos fue la estrategia represiva privilegiada para lograr el sometimiento social. Estrategia que estuvo asociada a la tortura sistemática y especializada, así como a las violaciones sexuales y los abusos sexuales.

A lo largo de los años del terrorismo de Estado, la represión no solo estuvo en el país. Se construyó una coordinación del aparato represivo nacional con los aparatos represivos de las dictaduras de la región en el llamado Plan Cóndor que convalidó la desaparición y tortura de uruguayos y -obvio- de argentinos, paraguayos, chilenos y más.

Las condiciones de las prisiones fueron antihumanas. La represión continuó dentro de las cárceles y la tortura psicológica con el objeto de destruirnos fue la tónica cotidiana. «Profesionales de la medicina y la psicología» nutrieron a la dictadura de estrategias para hacer más oprobioso y degradante el trato.

La sanción arbitraria, la requisa y la destrucción de fotos, libros o manualidades, el insulto, la pateadura de puertas para impedir que se durmiera, son de los tantos recuerdos de aquellas cárceles.

Quisiera detenerme en las condiciones de prisión de los 9 hombres rehenes y las 11 mujeres rehenes.

Raúl Sendic, Eleuterio Fernández Huidobro, Adolfo Wasen, que no logró salir de la prisión con vida, Julio Marenales, Jorge Manera Lluberas, Henry Engler, Jorge Zabalza, Mauricio Rosencof y José Mujica.

Alba Antúnez, Jessi Machi, Gracia Dry, Cristina Cabrera, Flavia Schilling, Elisa Michelini, Lía Maciel, Raquel Dupont, María Elena Curbelo, Myriam Montero y Stella Sánchez.

11 uruguayas y 9 uruguayos que vivieron las peores condiciones de reclusión que existieron en el Uruguay y de las más salvajes del mundo.

Y es muy importante recordar las 11 compañeras rehenes así como a todas las presas políticas, porque su situación durante un tiempo fue postergada en la memoria colectiva. Y es un deber de todos nosotros sostener esa memoria viva, porque las presas políticas soportaron, tanto en Punta de Rieles como en otras cárceles y muchísimos cuarteles, inconmensurables acciones represivas. A ellas nuestro homenaje.

Las condiciones de la prisión no se agotaban en nosotros. El destrato también lo recibían los familiares que nos visitaban. Sin embargo, ellas y ellos, adultos y jóvenes, niñas y niños, estaban allí. A pesar de las condiciones del afuera, siempre estaban allí, siempre daban su apoyo, siempre tenían una sonrisa para dejarnos. Por eso quienes estuvimos en Punta Carretas decidimos que el memorial fuera una mesa que representara las visitas entre nosotros y nuestras familias.

Quiero terminar diciendo que, haciendo abstracción de otros factores que incidieron en el derrumbe de la dictadura, el reclamo de libertad fue el componente principal, el que movilizó a la multitud para confundirse en un abrazo con las presas y presos políticas que dejaron atrás el infierno que se asemejaba a la escritura de la puerta de entrada al Infierno de la Divina Comedia que decía:

«Por mí se va a la ciudad doliente
por mí se va al eterno sufrimiento
por mí va la gente perdida…
Dejad los que aquí entráis toda esperanza…»

Eso, eso no lo lograron

Gracias a las compañeras y compañeros que acompañaron este proceso.

Gracias a los que ya no están, pero siempre estarán presente en nosotros.

Gracias a Crysol que junto a otras organizaciones ha dado la batalla por la memoria colectiva.

Gracias a mi entrañable amigo el Negro José López Mercao que se ha sentado horas frente a la computadora para darme una mano en este mensaje.

2 Comentarios
  1. JOSE MIGUEL FERNANDEZ ABADIA dice
    JUICIO Y CASTIGO A TODOS LOS RESPONSABLES
  2. La verdad por Delante dice
    Los torturadores pal basurero de la historia

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