Dijo lo que quiso y como quiso, utilizando el lenguaje popular y repudiando a las élites14 de setiembre: a 100 años del nacimiento de Mario Benedetti

Benedetti fue nuestro poeta del amor y la rebeldía, y abordó la patria, la ausencia, el exilio, pero por sobre todo exaltó al humilde.

Benedetti nació hace cien años siendo un niño pobre y un lector voraz, un lector loco, ansioso, inteligente, un lector enano que chirriaba a sus propios padres, que llegaron a prohibirle leer más de veinte páginas al día.

Él se escondía de los mayores para seguir disfrutando de Julio Verne y de Emilio Salgari. A los catorce tuvo que dejar la escuela y volverse autodidacta por los problemas económicos familiares, y empezó a observar el mundo para escribirlo a máquina: trabajó en una empresa de repuestos para coches, fue taquígrafo, recadero, crítico teatral y vendedor de casas.

Tardó bastante en que confiasen en él: tanto fue así que sus siete primeros libros fueron autopublicados, hasta que llegó “Montevideanos”, el primero lanzado por una editorial. Al final fueron más de ochenta obras las que escribió, algunas traducidas a más de veinte idiomas. Se integró en la generación del 45, codeándose con nombres tan potentes como el de Idea Vilariño u Onetti.

Colaboró en revistas y publicaciones literarias, fue periodista, escribió teatro, cuentos, novelas y ensayos. Fue activista de izquierda y defensor de los derechos humanos en nuestro país, hasta que tuvo que exiliarse en 1973, por el golpe de Estado, y marchó primero hacia Buenos Aires, para continuar por Perú, Cuba, España. Benedetti vivió 10 largos años separado de su esposa, que tuvo que quedarse en su país natal para cuidar de los padres ancianos de ambos.

A su regreso, peleó contra la amnistía de los crímenes cometidos durante la dictadura militar. Y por esclarecer el paradero de los detenidos desaparecidos durante el mismo oscuro periodo. Habló con y por el pueblo, fue un humanista incomparable, un poeta confundido por la patria, como una flor desubicada cuando le arrancan las raíces.

Más bien era un hombre sencillo del traje a la palabra: no le interesaba aparentar ni sacar músculo literario. No gustaba de ponerse barroco. Desechó las grandilocuencias, los adornos.

Dijo lo que quiso y como quiso, utilizando el lenguaje popular y repudiando a las élites y sus vocablos incomprensibles. Construyó versitos para el pueblo economizando el idioma, porque el tiempo nunca nos sobra. Para muestra, un botón. Aquí algunos de sus mejores poemas en el centenario de su nacimiento.

Compartimos con nuestros lectores uno de sus poemas:

Te quiero

Tus manos son mi caricia
mis acordes cotidianos
te quiero porque tus manos
trabajan por la justicia

si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos

tus ojos son mi conjuro
contra la mala jornada
te quiero por tu mirada
que mira y siembra futuro

tu boca que es tuya y mía
tu boca no se equivoca
te quiero porque tu boca
sabe gritar rebeldía

si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos

y por tu rostro sincero
y tu paso vagabundo
y tu llanto por el mundo
porque sos pueblo te quiero

y porque amor no es aureola
ni cándida moraleja
y porque somos pareja
que sabe que no está sola

te quiero en mi paraíso
es decir que en mi país
la gente viva feliz
aunque no tenga permiso

si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos.

 

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.

Abrir chat