El tema de la violencia en los centros educativos es un asunto que cada vez está más presente en los medios de comunicación. Sin embargo, este tipo de hechos no se circunscriben a una institución sino que corresponden a un contexto general: cada año, más de 1,6 millones de personas mueren en el mundo y muchas más sufren lesiones no mortales por resultado de la violencia. En conjunto, es una de las principales causas de muerte en todo el planeta entre la población de 15 a 44 años.

Lo cierto es que las escenas de violencia son comunes en nuestra sociedad: en el tránsito, en un espectáculo deportivo y en el hogar siempre está presente la palabra hiriente. Pero cuando sucede en una escuela se disparan las alarmas, ya que es el espacio donde la sociedad deposita su confianza para tratar de revertir este tipo de situaciones.

En términos generales, la violencia siempre ha formado parte de la experiencia humana. Sus efectos se pueden ver bajo diversas formas, en todas partes del mundo. Sin embargo, el informe de Sipiav muestra una alarmante situación de agresión hacia los más vulnerables en Uruguay: durante 2014 se registraron 1.728 casos de violencia hacia niños y adolescentes. Esto equivale a 5 situaciones de maltrato o abuso por día.

Según la Organización Mundial de la Salud, la gran mayoría de las 1,6 millones de defunciones que se registran en el mundo tienen origen en los países de ingreso bajo o mediano. Menos del 10% de todas las muertes relacionadas con la violencia se registraron en los países de ingreso alto. En el informe se estipula que las sociedades con niveles elevados de desigualdad, en las que la brecha entre ricos y pobres se ensancha como resultado de la globalización, sufren un aumento de la violencia interpersonal.

Con esta compleja situación a nivel nacional e internacional, República Radio, que se emite por la catorce 10, realizó un programa especial para analizar la situación de violencia en las instituciones educativas.

Participaron del mismo: Gabriela Garibaldi, psicopedagoga y coordinadora del Departamento Integral del Estudiante en el Consejo de Educación Secundaria; Daysi Iglesias, maestra y secretaria general de Ademu Montevideo; Nilia Viscardi, doctora en sociología y experta en temas de convivencia escolar y Liz Pérez, psicóloga comunitaria y representante del Departamento Integral del Estudiante.

¿Qué se entiende por violencia?

 Iglesias comenzó basándose en un hecho ocurrido en las últimas semanas: el procesamiento de una madre que protagonizó un episodio violento hacia docentes en la escuela Nº 251.

Según sus palabras, cuando existe una situación de agresión hacia un integrante de una familia, se debe pensar que constantemente hay niños que viven esa realidad. Resaltó que no se debe obviar el dictamen del fiscal que trató el caso, el cual destacó la mención de víctima que tiene el docente frente a estas circunstancias.

Garibaldi afirmó que cuando se habla de violencia física en una institución educativa se está haciendo referencia a una parte de la situación del conflicto escolar.

La psicopedagoga consideró que la violencia es una red de relaciones en las que podemos hablar de un agresor y una víctima puntualmente, pero que desde un análisis general se necesita rever el concepto de vulnerabilidad. “Muchas veces se habla de los docentes como víctimas, y es claro que lo son, en algunas ocasiones. Sin embargo, debemos entender que la violencia física siempre es un retorno de una agresión estructural”.

Consideró que esta compleja situación necesita de un eficaz sistema de respuestas. “Deberemos trabajar para que cuando la escuela constata situaciones de vulnerabilidad, pueda tener claro cuáles son los mecanismos de comunicación con los que tiene que actuar para proteger a todos los actores pero, por sobre todas las cosas, al niño”.

Explicó que lo que usualmente es noticia es lo “disruptivo” y lo “violento” en vez de los logros que suelen conseguir los maestros. “Es muy importante ver las formas de resolución de estos conflictos para que se construya un espacio de protección del niño. Es fundamental que nos hagamos preguntas no sólo ante la aparición de la violencia física sino incluso antes, porque debemos trabajar en el vínculo con los padres y en los contextos de vulnerabilidad para prevenir dichas situaciones”.