Por: Por Gustavo González

Es claro que si queremos que amplios sectores de la población sin capacidad de ahorro tengan acceso a la vivienda, en nuestro país no puede caber duda de que el cooperativismo debe ser prioridad en esta agenda pública.

Partiendo de esa base es que me permito colocar los imprescindibles instrumentos políticos que desde el Estado deberían implementarse a los efectos de que un modelo exitoso no solamente continúe, sino crezca en su globalidad.

Ningún modelo puede desarrollarse sin contar con una financiación adecuada, y es por ello que se debe reconstruir un verdadero Fondo Nacional de Vivienda que permita realmente tener los fondos necesarios para generar una correcta política de estado; entiéndase que digo un Fondo Nacional y no partidas presupuestarias.

Lo segundo es que sería oportuno revisar y mejorar una extraordinaria ley como tuvo nuestro país, tal el caso de la Ley Nacional de Vivienda de 1968 y sus modificaciones. El pasar de los años no es en vano y dicha ley merece seguramente una actualización.

Dejando lo bueno de ella, mejorando los recortes que le hicieron los gobiernos que desearon mutilar aspectos centrales de la misma. Fue justamente el marco legal uruguayo el otro instrumento fundamental para el desarrollo del Cooperativismo.

Debemos además contar con una auténtica política de suelo urbano, el desarrollo de la cartera de tierras estatal de principios del 70, la concreción de varias carteras municipales donde fue Montevideo en 1990 que rearmó desde la Intendencia dicho extraordinario instrumento y hoy varias Intendencias del interior se han sumado a la propuesta. Existe en primera instancia una trilogía clave que hay que repensar y profundizar, financiación estatal, suelo y marcos legales acordes.

Por su parte, los pilares centrales del cooperativismo, autogestión, ayuda mutua, propiedad colectiva y asesoramiento técnico también debemos revisarlos, para potenciar lo mejor de cada uno de estos pilares. No para modificar su esencia.

Somos miles los ciudadanos que hemos transitado esta experiencia; desperdiciar dicho caudal de acumulación real sería incorrecto desde el punto de vista político.

Muchos fueron los inventos que distintas administraciones quisieron imponer, desde el SIAV, núcleos básicos evolutivos, sociedades civiles, todos ellos realizados en su momento con claras intenciones políticas de remplazar el Cooperativismo de vivienda por dichos engendros. A pesar de todos los intentos de desprestigiar al cooperativismo a lo largo de distintos gobiernos rosados, no pudieron.

¿Que tenemos que revisarlo? Sí.
¿Que tenemos que actualizarlo? Sí.
¿Que a la luz de la experiencia hay que mejorarlo? Sí.
¿Que es perfectible? Sí.

Pero en lo que no existe un atisbo de duda es en su total vigencia.

Orgullo de nuestro pueblo desde fines de la década del 60 hasta nuestros días, nacido de la conjunción extraordinaria de aquellos técnicos que desde el Centro Cooperativista Uruguayo, generaron la fórmula, la que se acuñó en lo mejor de nuestros trabajadores y trabajadoras que hicieron posible una extraordinaria síntesis política, social y cultural llamada Fucvam.