Por: Susana Andrade, Atabaque, http://www.atabaque.com/

Información inédita “con un alto grado de probabilidad” de confirmación, trascendió acerca del lugar donde habría estado el mayor depósito de africanos en tránsito para ser vendidos durante la trata, espacio de cuarentena para ser curados, engordados, marcados y comercializados junto a cueros, aguardiente y otras “mercancías”.

Al decir del profesor Roberto Bracco, uno de los científicos responsables junto al catedrático José López Mazz: “… es un lugar único, la construcción más grande del Montevideo colonial extra muros” destinado a mano de obra esclava e identificado geográficamente y en varios documentos de la época como “Caserío de los Negros”, en un terreno en altura a unos quinientos metros de la planta de Ancap. En el Cono Sur no hay otro sitio arqueológico con estas características, según la conclusión del informe.

El equipo, estudiantes y profesores de la Facultad de Humanidades y Ciencias del área de antropología arqueológica, concretó estas nuevas investigaciones, elaborando un exhaustivo informe con detalles pormenorizados como elementos probatorios de la existencia de este emplazamiento del que quedan vestigios originales.

Fue erigido en 1787 cuando el Cabildo, por decreto, mandató a la empresa esclavista española Real Compañía de Filipinas, a construir un establecimiento para los negros según relato de Isidoro De María “distante de esta ciudad tres cuartos de legua, en cuyo puesto deben permanecer… sin riesgo alguno público. Y, que los que muriesen sean enterrados en aquel lugar y no sean sus cadáveres conducidos al camposanto de la ciudad”.

Declarado patrimonio nacional por la Comisión de Patrimonio del MEC a efectos de su preservación como bien público, representa a un sector de la sociedad uruguaya que sufre discriminación racial endémica desde la época colonial por el sometimiento esclavista y sus consecuencias, y tiene en esa porción de la ciudad frente al Río de la Plata, un tesoro que debe ser cuidado, debidamente valorizado y mostrado al mundo como testimonio del horror que padecieron allí nuestros antepasados no hace tantos años.

Un sitio sagrado en ancho, profundidad y altura que, puesto en valor, debería necesariamente albergar un espacio para el rito afro por la paz de las almas.

Único vestigio a nivel mundial de una construcción realizada por la propia Compañía española de Filipinas, para la capital montevideana significaría un invalorable hito sociocultural y geopolítico con proyecciones de peregrinación turística, permitiendo la recuperación de raíces identitarias como ciudad y puerto de referencia en la zona.

En Río de Janeiro, Brasil, casi simultáneamente al caserío de Capurro, apareció durante la remodelación de un barrio por el mundial de fútbol, el muelle del Valongo y un cementerio de esclavos. Actualmente trabajan en conjunto las autoridades de gobierno y las comunidades negras, convocados los cultos afro en primer lugar por tratarse de un tema sagrado.

El sufrimiento, las arbitrariedades y los crímenes sin pena, han convertido esos lugares en fuentes de energía ancestral.

Karma que ronda sin tiempo reclamando justicia.

Habrá que calmarles, alegrarles y reconciliarles con la humanidad que florece futuro.

Es la oportunidad de aprender sobre la temática de la esclavitud, minorías sociales y educación, para transformar discriminación en reconocimiento de la diversidad cultural. Es importante y urgente que salga a luz la versión de los oprimidos y no solamente los mitos y estereotipos impuestos por las clases opresoras desde los libros de texto.

En el caserío recordé palabras de la poetisa afro-costarricense Shirley Campbell: “… Los artistas, junto con los sanadores del espíritu, han sido llamados a mantener vivos a los muertos…”.