Por: Por Niko Schvarz

Unos días antes, la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), que está bajo la presidencia de Uruguay, y con una actuación descollante de nuestro actual canciller, Rodolfo Nin Novoa, votó por unanimidad de sus 12 miembros en una reunión extraordinaria efectuada en Quito una resolución trascendente, de plena solidaridad con Venezuela ante la brutal decisión injerencista de Estados Unidos, decretada por el presidente Barack Obama, que entraña el gravísimo peligro de una agresión militar.

La categórica declaración final, votada por los cancilleres de Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Chile, Ecuador, Guyana, Paraguay, Perú, Surinam, Uruguay y Venezuela, sin ninguna disidencia, establece: “Los Estados miembros de la Unión de Naciones Suramericanas manifiestan su rechazo al Decreto Ejecutivo del gobierno de los Estados Unidos de América, aprobado el 9 de marzo de 2015, por cuanto constituye una amenaza injerencista a la soberanía y al principio de no intervención en los asuntos internos de otros Estados.

Los Estados miembros de Unasur reafirman su compromiso con la plena vigencia del Derecho Internacional, la solución pacífica de las controversias y el principio de no intervención y reiteran su llamado a que los Gobiernos se abstengan de la aplicación de medidas coercitivas unilaterales que contravengan el Derecho Internacional”.

En consecuencia, reclaman lisa y llanamente la derogación del citado Decreto Ejecutivo. Esto se corresponde fielmente al estado de opinión que se ha generado a nivel internacional, y se ha expresado en una catarata de declaraciones de gobiernos de América y de todo el mundo, en manifestaciones en centenares de ciudades, a una escala pocas veces vista.

Como se sabe, el decreto de Obama declara una “emergencia nacional” en su país “con respecto a la amenaza inusual y extraordinaria a la seguridad nacional y política exterior de Estados Unidos planteada por la situación en Venezuela”.

En períodos recientes, EEUU declaró “estados de emergencia” en relación a países como Ucrania, Sudán del Sur, República Centroafricana, Yemen, Libia, Somalia. Declaraciones similares se formularon en años anteriores en relación con Irán, Irak, Siria, Afganistán; y enAmérica, con Granada, Nicaragua, Panamá y Haití. En muchos casos el resultado directo fue la intervención armada. Los latinoamericanos sabemos bien lo que esto significa. Los ejemplos sobran.

El presidente Nicolás Maduro acaba de publicaren The New York Times una carta abierta a Obama reclamando que “cesen las acciones hostiles” de su gobierno contra Venezuela y lo acusa de “querer gobernar por decreto a los venezolanos”.

Simultáneamente, todos los países integrantes del ALBA (Alianza Bolivariana de los Pueblos de Nuestra América) efectuaron de urgencia una reunión en Caracas, en la cual se expresó la solidaridad con Venezuela al más alto nivel, con intervenciones de Raúl Castro, Evo Morales, el propio Nicolás Maduro y los gobernantes de un conjunto de islas caribeñas.

En todas estas reuniones se ha destacado la trascendencia que reviste, en este cuadro, la Cumbre de las Américas a efectuarse en Panamá los días 10 y 11 de abril próximos, en la que se anticipa la presencia de Cuba por primera vez, y en la cual todos estos temas se plantearán cara a cara con Obama.

En nuestro país, se destaca la iniciativa unitaria que acaba de plasmarse: una gran manifestación conjunta en solidaridad con Venezuela, que partirá el lunes 16 desde la Explanada e la Universidad, con participación de la central obrera PIT-CNT, la Udelar, la FEUU, el Frente Amplio, Fucvam, Onajpu, las Fundaciones Rodney Arismendi y Vivian Trías, el Cadesyc y la Casa Bertolt Brecht.

Al mediodía de ayer, el ex canciller uruguayo Luis Almagro fue elegido secretario general de la OEA por 33 votos a favor y 1 abstención. Asumirá el cargo el 25 de mayo, en sustitución del chileno José Miguel Insulza. La plataforma de gestión que dio a conocer se basa en cuatro pilares: democracia, derechos humanos, desarrollo y seguridad.

Propone el fortalecimiento de la Comisión Interamericana de DDHH y concibe a los demás organismos regionales, como Unasur o Celac, no como antagónicos, sino como complementarios de la OEA. Se estima que uno de los temas que deberá abordar es el regreso de Cuba al organismo continental.