Si Edgardo Novick tiene más votos que Álvaro Garcé, lo que parece probable, y los blancos pierden intendencias en el Interior, pueden entrar en un proceso de crisis interna que se suma a la debacle de su ex rival y ahora aliado el Partido Colorado.

La pregunta es, una desbandada de los partidos fundacionales ¿sería buena para el país? ¿Sería siquiera buena para la izquierda? Y nótese que las dos preguntas son muy distintas. Vamos a ofrecer algunos argumentos en contra.

El jueves 29 de abril, el politólogo Adolfo Garcé (hermano del candidato) publicó una columna en El Observador dando consejos a los partidos de oposición; les recomendó que vieran en YouTube el video de una entrevista en el programa La Tuerka de Pablo Iglesias, el líder de Podemos, a Chantal Mouffé, la filósofa belga viuda del argentino Ernesto Laclau a quien se consideró ideólogo del Kirchnerismo.

Mouffé es coautora con su marido de Hegemonía y estrategia socialista y autora de El retorno de lo político, La Paradoja Democrática y En torno a lo político. Ella sostiene que para que la democracia funcione hay que construir un campo político y ello se logra definiendo límites entre nosotros y ellos. Hegemonía no es una versión del patoterismo de aparato, sino lograr que el programa de “nosotros” pase a ser el sentido común general.

Otros politólogos, como Giovanni Sartori, no tendrían objeciones en que el campo, al que llama sistema de partidos, sea tripartito o con más actores. Pero Mouffé insiste en la importancia de una división central que marque la cancha de “lo” político para que se pueda jugar el partido. Con Laclau además hablan de populismo, destacan la importancia de las pasiones y de las figuras carismáticas o caudillos capaces de cohesionar toda una serie de reivindicaciones particulares.

Pero Mouffé insiste en que esa división nítida de campos permite el funcionamiento de una democracia de adversarios que aceptan su convivencia, en lugar de antagonistas que buscan eliminarse mutuamente. En los ‘90 alertó a los partidos socialdemócratas europeos que si se afiliaban al neoliberalismo, la debilitación del límite iba a propiciar el surgimiento de populismos de derecha, racismos, fanatismos religiosos o cualquier otra aventura que ocupe el lugar del disenso. Algo que se está concretando.

No importa si estamos de acuerdo por completo con esta visión. Pero hagamos el esfuerzo de asumirla por entero. Si es importante que exista un nosotros, es tan importante que exista un ellos agonista para que siga habiendo un campo político democrático.

Si los partidos tradicionales entraran en una crisis aguda, podría quedar un espacio vacío que afectaría la calidad de nuestra política y abriría la puerta a aventuras probablemente peligrosas.