Por: Dra. Mónica Xavier, Senadora

Hace una semana recibimos la noticia que Uruguay volvió a crecer económicamente, y por encima de todos los países de la región. Pero en muy pocos días esa formidable novedad desapareció de la prensa como si nunca hubiera sucedido. Es tan paradójico como sabido que lo malo se prende al titular como una garrapata y lo bueno desaparece de la prensa como por arte de magia.

Ese notable crecimiento es resultado de un arduo trabajo acumulado que permitió expandir mercados y captar inversiones, de habernos desacoplado de una región que sigue en crisis, sin traicionar en nada los postulados de integración regional, dejando atrás aquel conjuro de que cuando estornudaba Argentina, Uruguay se resfriaba. Resignación confesa.

Una vez acumulados estos doce años de crecimiento ininterrumpido, el desafío sigue siendo robustecer las condiciones que permitan seguir esta senda positiva. Se logra crecer porque se están consagrando derechos para proteger a los trabajadores, generando certezas en los emprendedores, potenciando los recursos naturales e innovando en los procesos productivos de tal forma de dotar de mayor valor agregado a nuestra producción.

Por más de un siglo basamos nuestro desarrollo en la primarización de la economía. Ahora Uruguay debe seguir avanzando en la diversificación de su matriz productiva donde tanto los recursos naturales como la industria y los servicios sean las palancas de desarrollo que permitan sustentar el crecimiento continuo que estamos viviendo. No son vías excluyentes sino complementarias. En el pasado nos jugamos a las materias primas y nos estancamos. Ese error no se debe repetir.

El desarrollo no surge del capricho de un gobierno ni es fruto del azar. La disputa a nivel global es titánica e impone ser cada vez más competitivos desde la capacidad de agregar valor por medio de la innovación. Para ello se debe invertir cada vez más en investigación y desarrollo así como en nuevas formas de educación accesibles para la ciudadanía en todo el país. Las metas que nos propusimos son mayores a las del pasado, y no sólo basta con crecer también hay que continuar incluyendo.

Las políticas de desarrollo abordan soluciones estructurales que necesitan tiempo. Esto presenta un dilema ya que la realidad es que las personas no ven ese esfuerzo automáticamente traducido en soluciones para sus problemas cotidianos. Justamente por eso la apuesta al futuro y a lo macro nunca debe excusar a los gobernantes de la búsqueda de soluciones para los problemas más urgentes de los ciudadanos. Allí está la clave: en ser tan capaces para proyectar y edificar una nación al mismo tiempo de brindar condiciones de dignidad para el día a día de todos los uruguayos. Ambas dimensiones deben lograr sintonizarse. Porque es tan innegable que avanzamos muchísimo y en todos los órdenes como que aún estamos lejos de la sociedad que soñamos y de las condiciones de vida que legítimamente la sociedad anhela.

El desarrollo necesita proyección y el presente demanda seguir elevando la calidad de atención en los hospitales, en los centros de enseñanza, en el transporte, en todo. El progreso no admite corrupción, pobreza, baja calidad educativa, inflación ni tampoco la concentración que siempre favoreció a los mismos pocos. Para seguir creciendo debemos terminar con la política chica de la negación y establecer un nuevo pacto social por la competitividad, el trabajo y la igualdad.