La Enseñanza está inquieta, como pasa siempre en el primer año de un gobierno que se apresta a elaborar el Presupuesto a destinar en el Estado. Esto pasa en todos los países democráticos, pero en Uruguay es parte sustancial de su forma de ser y de actuar.

Para algunos sectores de nuestra sociedad, esa característica no es de su agrado en tanto es conflictiva, en la medida que tensa las relaciones entre los uruguayos. A la vez hay otro sector de la sociedad que sabe que en ese primer año se juegan sus condiciones de vida, donde hay que incluir el monto del salario.

El actual gobierno está pasando por lo que han pasado todos los gobiernos: atender la presión sindical del cuerpo educativo, quien tiene como principal preocupación los ingresos monetarios en el cuerpo docente público.

Esta tensión existente entre gobierno y cuerpo educativo estatal debe ser atendida con cuidado por el sistema político, debido a que en estas instancias se define parte sustancial del comportamiento de la sociedad y de la suerte del sistema educativo.

Uruguay necesita a gritos que los maestros y los profesores puedan vivir con comodidad, por eso se vuelve imprescindible la mejora sustancial de sus condiciones salariales, sabiendo que esas mejoras no se logran con facilidad en esta esquina sur de América Latina. Pero a la vez las partes que conviven en tensión necesitan momentos sustanciales de tranquilidad y de paz social para que docentes, padres y población en general vuelvan a hablar de los chiquilines y de sus necesidades más inmediatas, así como de las necesidades de futuro.

A nivel del gobierno y del cuerpo educativo se vuelve imprescindible que se hable de educación, de didáctica, de pedagogía y de comunicación, para poder avanzar teniendo en cuenta las inquietudes y las necesidades de los educandos orientales.

Hace tiempo, demasiado, que no nos enteramos de grandes debates sobre el acto educativo y su entorno cultural. Hace demasiado tiempo que a nivel de la enseñanza básica no aparece una Reina Reyes, un Jesualdo Sosa, un Julio Castro, un Otto Niemann, entre decenas de educadores de primera línea en la acción educativa. Algo similar pasa en enseñanza secundaria.

En estos cinco años de gobierno del doctor Tabaré Vázquez el gran desafío republicano será lograr que sea una aspiración de los jóvenes uruguayos integrase al cuerpo educativo; al mismo tiempo, que los varones docentes recuperen su presencia en las aulas y que mujeres y hombres sientan en su propio cuerpo la felicidad de los niños cuando están accediendo a la riqueza del conocimiento.