Por: Por Jorge Irisity - 82 años de edad. Abogado y magíster en Desarrollo Económico y Economía Pública, radicado en el departamento de Artigas.

Sin embargo, esos temas son inherentes a la evolución social, y por tanto, requieren de ser permanentemente revalorizados y modificados de acuerdo a los cambios acaecidos en la sociedad.

El motor capaz de impulsar los cambios en esas “reglas absolutas” son por esencia los jóvenes. Son ellos los que no comprenden la arbitrariedad en el reparto del pan, del agua, del aire, del derecho a la felicidad en el mundo. Son ellos los que se preguntan qué valor tiene prestarse para morir -en su mayoría jóvenes- por esas guerras que persiguen intereses tan poco universales. Todos ellos, los que nacieron en cuna humilde y los que crecieron privilegiados por los recursos; los que nacieron con la piel clara y los que llevan la piel oscura; los de las grandes urbes y los del ámbito rural; los iluminados por la sensibilidad en el arte, los deportes, la tecnología o la intelectualidad, son la gran apuesta del futuro y como tal, nuestra mejor carta de esperanza.

Datos de la Organización Mundial de la Salud señalan que cada año mueren más de 2,6 millones de jóvenes de 10 a 24 años por causas prevenibles. Los jóvenes, la médula de nuestra sociedad futura, han sido relegados a observadores. La sociedad -al menos en sus ámbitos resolutorios- se ha defendido de ellos y les ha cerrado la posibilidad de participar e incidir directamente en las decisiones. Opinar de vez en cuando en un acto electoral o en una manifestación pública, no es remotamente suficiente. Emerge como medular que los jóvenes tengan la genuina posibilidad de participar activamente en los procesos de toma de decisiones.

Una y otra vez, el Presidente José Mujica ha manifestado su genuina preocupación por los tiempos que vendrán y el rol que cabe a la juventud y a su formación de cara al futuro. Pensando en un tercer gobierno del Frente Amplio, los jóvenes sin duda deberán ocupar un lugar de punta. Ha llegado la hora de que la fuerza política y la sociedad toda, den paso a los jóvenes y los empoderen para que estos puedan promover los cambios que se necesitan.
Un ejemplo contundente

En el mundo académico internacional y nacional, hoy se vive una gran discusión respecto a una “verdad de siempre” que parece venirse abajo. Se nos había asegurado que si el nivel del endeudamiento general de una economía llegaba a niveles muy altos, la única solución viable era entrar en etapa de “austeridad”. En otras palabras, cerrar el puño y dejar de atender los problemas y necesidades de los más desposeídos de la sociedad. No obstante, el descalabro ocurrido con la aplicación de dicha política de “austeridad” en Grecia, España y Portugal, contradice esta “regla de oro”.

En las últimas semanas, un joven estudiante norteamericano (**), todavía no graduado, ha lanzado al aire una bomba respecto de esta supuesta “ley de siempre”. Según él, la fórmula aplicada para sustentar dicha teoría -con la anuencia del FMI- adolece de un error garrafal en su conclusión a partir de los números mal registrados en una planilla Excel. Cuando las estructuras políticas financieras del mundo afirmaban que con deudas de hasta el 90% del PIB, el crecimiento de un país entraba en alto riesgo, ellos proponían restringir drásticamente el financiamiento del crédito a esos países y por tanto, apretar (“ajustar”) en los niveles más sensibles de esa población.

Si tales economistas, autores del trabajo nefasto, cometieron error o “hicieron” el trabajo a la medida de la conclusión que querían los bancos que debían financiar a los países en crisis, es una pregunta que tal vez quede sin responder. Lo cierto es que, gracias al estudiante inquisidor, se generaron enormes repercusiones políticas y es un ejemplo concluyente de que los “jóvenes sí pueden”.

Resulta que un estudiante descubre que tal aseveración es completamente errónea. ¿Simplemente errónea? ¿O basada en intereses mezquinos de una elite que siempre quiere más y más para sus propias arcas? No sabemos la respuesta pero ¿por qué será que siempre estos errores perjudican al mismo lado de la sociedad y nunca al otro? Lo cierto es que está planteada una polémica esperanzadora y todos -especialmente los jóvenes- tendrán que estar muy atentos a la evolución de esta información.

Pero rescato la juventud del estudiante que podría transformar una dramática crisis mundial actual en un dato económico más, errado por lo demás, atendible con medidas humanas afines con nuestros valores e intereses contemporáneos. Temas tan relevantes para la supervivencia de bienestar de la humanidad, no pueden quedar al azar, susceptibles de ser acaparados por intereses sectarios, corruptos ni mediocres. Y los jóvenes son quienes están más habilitados para cautelar el capital humano.

Dos propuestas

Supongamos que un grupo de jóvenes, investigara y analizara a fondo la historia del régimen de propiedad de nuestro país, desde los decretos del colonizador Reino de España: otorgando en propiedad enormes “suertes de estancias” a soldados y súbditos españoles, y todo lo escrito y probado hasta nuestros días, incluyendo lo que hizo y no hizo el Instituto Nacional de Colonización, hasta el reciente insuceso del ICIR. Si algunos jóvenes tomaran la vanguardia en el tema para que nos acerquemos a un concepto en el que la tierra sea para el que la trabaja o para que se transforme en la usina de trabajo y bienestar para todas las familias rurales de uruguayos, harían un gran aporte al futuro.

Y supongamos que otro grupo de jóvenes hiciera un estudio comparado de las Constituciones latinoamericanas, para armonizar una visión de Constitución que consolidara el derecho social básico de los pueblos de América Latina y el Caribe, sus bases de integración, sus redes de producción y comercio con independencia de las potencias hegemónicas de otras regiones, marcarían un camino de esperanza.

Y -sin duda- hay muchos más temas que los jóvenes con formación y organización podrían identificar, impulsar y liderar, para asumir el cambio y transformarlos en banderas de lucha, que hagan a nuestra sociedad más justa, más igualitaria y más feliz, entre todos.

El FA debe recuperar su compromiso de unidad solidaria, incorporando en esa unidad a los jóvenes para que ocupen su lugar de aporte y visión imprescindible, para que se constituyan en garantía de interpretar auténticamente los intereses de la comunidad de hoy y mañana en nuestro país.
Siento que hay impulsos en marcha en este mayo, que reclama el esfuerzo. ¡Adelante!

(**) “Cuando la deuda de un país supera el 90% del PIB, el crecimiento de la economía es inviable”. El aserto, nacido de dos cerebros de Harvard y sobre el que se asientan las políticas de austeridad que están a punto de dinamitar los pilares del Estado de bienestar en medio mundo, ha resultado tan falaz como las armas de destrucción masiva que sirvieron para justificar la invasión de Irak. “Es exagerado hacer la comparación, pero acepto la analogía porque es cierto que se están adoptando políticas a partir de premisas que son falsas”. Quien habla es Thomas Herndon, el estudiante de 28 años que, en su camino para sacarse un doctorado en Economía en la Universidad de Massachusetts, ha desenmascarado la mentira macroeconómica más significativa de los últimos años, y sobre la que EEUU y Europa se han apoyado en su campaña por la austeridad fiscal y el recorte drástico del gasto.