El Papa mostró, una vez más, que tiene una sensibilidad particular para cosechar el abrazo de los pueblos, pero posee a la vez una buena escuela política que le permite actuar con cautela, serenidad e inteligencia.

Francisco mostró en su reciente visita a Cuba su disposición para aportar al mejoramiento de las relaciones de la isla con Estados Unidos, lo que será en beneficio de los dos pueblos, pero también de todas aquellas sociedades que buscan construir el futuro resolviendo las coyunturas particulares de cada país.

Es que no solo está en juego el resultado del diálogo entre EEUU y CUBA, sino que están en juego las perspectivas de paz de la Humanidad, justo en el momento que la posibilidad de una nueva época se expresa a pocas millas de Estados Unidos.

No cabe la menor duda que el Papa ha logrado ser comprendido por pueblos con distintos idiomas, como quedó plasmado en un reciente programa de la CNN, donde se presentó a Francisco dialogando con jóvenes de Cuba y de Estados Unidos.

El Papa ha mostrado cautela y capacidad necesaria para no caer en precipitaciones no preparadas, teniendo mucho cuidado de no alterar los debates y las tensiones internas que existen en filas de los cubanos.

Por eso no nos debe sorprender que su intervención en la Plaza de la Revolución en La Habana, haya sido solo eso: una homilía, sin ningún tipo de referencia a la situación política y social que atraviesa Cuba y que está fuertemente marcada por el nuevo reracionamiento entere dos viejos enemigos, Cuba y Estados Unidos.

“Fue solo eso, una homilía, un sermón en el que un pastor pide a sus fieles, una multitud muy alegre y muy vigilada, que sirvan a las personas y no a las ideologías. Muy poco, por el momento, para un viaje tan largo”, escribió Pablo Ordaz, desde El País de Madrid.

Pero hubo señales, quizás menos categóricas, pero señales al fin, como fue la entrevista reservada con Fidel Castro, el líder de la revolución cubana.

Solo resta esperar cual será el comportamiento del Papa en los Estados Unidos, donde el presidente Obama y el Partido Demócrata requieren de un fuerte apoyo, no solo para fortalecer su nueva política hacia Cuba, sino también para erguir a Estados Unidos de una forma constructiva en las distintas esquinas de la Tierra.