La vida y martirio hasta la muerte de Jesucristo determinaron la creación de feriados casi mundiales de orígenes occidentales y predominantemente católicos como Semana Santa y Navidad.

¿Qué celebraciones sagradas tendrían nuestros aborígenes? ¿Cuáles serían los festejos rituales importantes para los secuestrados del África esclavizados junto a los indígenas durante la depredación de América en la colonización?

Se acerca otro 11 de abril fecha en que ocurrió la masacre a la población charrúa en la emboscada de Salsipuedes entre los departamentos de Paysandú y Tacuarembó, a manos del entonces presidente Fructuoso Rivera en 1831. Lamentablemente todavía no tiene trascendencia de conmemoración vernácula a nivel nacional, aunque al menos ahora -luego de varios esfuerzos de organizaciones originarias y gente sensible- desde el 2010 por ley, se recuerda como el Día de la Nación Charrúa y la Identidad Indígena.

Debería ser fecha patria

Constituído el Estado político y ya no siendo necesarios en las guerras, no hubo “espacio” para estos “salvajes” cuyo único pecado era no reconocer la propiedad privada que no existía cuando ellos eran libres en SUS tierras antes de la invasión europea.

Luego de ser mano de obra valiente en las luchas independentistas, usados como carne de cañón en las batallas, los indios que no se adaptaban a la vida “social” y no cedían a la domesticación del clero, molestaban a los criollos que querían consolidar sus dominios como terratenientes y latifundistas.

El general porteño Bartolomé Mitre escribió años después de la matanza del Salsipuedes: “Jamás el corazón del indio se ha ablandado con el agua del bautismo… El argumento acerado de la espada tiene más fuerza para ellos, y éste se ha de emplear al fin para exterminarlos o arrinconarlos en el desierto”.

Suele ser visto subversivo mirar desde el perfil de los relegados, de las minorías con derecho humano a preservar sus peculiaridades. Así los africanos fueron forzados a renegar de su fe y solo pudieron recordar a sus Orixás en fechas de santos católicos, lo cual configura genocidio cultural o etnocidio.

Invito a pensar como “el otro”, despojado de sus celebraciones propias y obligado a soportar que se prioricen costumbres ajenas, a la vez que se menospreciaban históricamente sus prácticas ancestrales.

Oficialmente son especiales y de descanso los períodos pascuales y el cumpleaños de un líder cristiano por más que les cambien el nombre. Esto es agresivo para quienes no practican tales creencias. ¿Imaginen si quisiéramos hacer lo mismo con Yemanjá los dos de febrero? Clamarían por “laicidad” estatal, mientras en otros casos la violan notoriamente.

En una sociedad creada desde el clasismo, para igualar, ineludiblemente hay que diferenciar. Allí la razón de las acciones afirmativas.

Las manifestaciones originarias africanas e indígenas, son tan parte -o más- de la raíz cultural autóctona como las descendientes de colonizadores o inmigrantes, y deben ser reconocidas con equidad en la identidad uruguaya.

Para ello es necesario relevarlas y fortalecerlas en sus emblemas y fechas simbólicas asumiéndolas democráticamente como patrimonio de nuestra sociedad. Es justo darle un lugar digno a las etnias endémicamente invisibilizadas y sus expresiones representativas. Verdaderos espacios en igualdad de condiciones que permitan desarrollar idiosincrasias milenarias. Esas costumbres que se quisieron asesinar junto a sus protagonistas, y aún así sobrevivieron y crecieron a pesar de todos los pesares.