La comunicación es una herramienta para el cambio social y la capacitación que se brinde a quienes comunican puede tener impacto en la cantidad y calidad de las informaciones. Por eso  en mayo del año en curso el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) dio a conocer  guías temáticas elaboradas por periodistas para periodistas. Una de ellas apunta al tratamiento del abuso sexual infantil y adolescente en los medios, advirtiendo sobre la complejidad del tema y la necesidad de extremar cuidados cuando sea noticia.

La Guía para el tratamiento del abuso sexual de infantes y adolescentes en los medios – titulada  “Periodismo, niñez y adolescencia. Herramientas para el cambio social“- fue elaborada por la periodista argentina Silvina Molina, con la dirección editorial, coordinación  y asesoría técnica de Unicef.

Su texto, cuyos contenidos principales se reproducen a continuación, comienza situando la trascendencia del asunto, en tanto es eje transversal de muchos temas: pobreza, violencia familiar, explotación sexual y laboral, educación, salud, discapacidad, sexismo, derecho a la expresión, entre otros.

No es una noticia más 

Cuando niñas, niños y adolescentes son noticia por estar en situación de abuso, de trata o explotación sexual comercial, la tendencia periodística hacia la morbosidad es predominante, aunque no es la única. Es valorable el trabajo de un sector periodístico que se esfuerza por encuadrar la noticia respetando los derechos de los chicos y chicas.

Es común escuchar en las redacciones expresiones de asombro e indignación justificadas de periodistas ante este tipo de violencia. El desafío es transformar esos sentimientos y emociones en coberturas que colaboren para colocar el tema en agenda de forma adecuada, contextualizándolo correctamente, respetando a sus protagonistas y a las personas que los acompañan, pidiendo la colaboración de especialistas en género, niñez y adolescencia para elaborar la noticia.

Es cierto que las multitareas que desarrollan profesionales de la comunicación en varios medios, sumado a la velocidad de los tiempos periodísticos, no colaboran a facilitar este proceso. Pero no estamos ante una noticia más: es una noticia que requiere identificar desde qué lugar estamos informando y qué derechos se están vulnerando.

El encuadre adecuado de las notas periodísticas tiene su base en reconocer que el abuso sexual infantil (ASI), que también nombramos como abuso sexual contra niños, niñas y adolescentes, la trata y la explotación sexual comercial, cada uno con sus complejidades, son violaciones de derechos humanos, manifestaciones de una violencia extrema y además, son delitos.

El otro paso fundamental es tener claro de qué hablamos.

Claridad para comunicar

El abuso sexual infantil incluye los contactos e interacciones entre un niño y un adulto, cuando el adulto agresor lo usa para estimularse sexualmente él mismo, al niño o a otra persona1. En algunos casos se puede tratar de abuso una relación entre un adolescente y un niño/a más pequeño si hay una significativa disparidad en la edad, desarrollo, tamaño o aprovechamiento de ello.

La explotación sexual comercial supone la utilización de las personas menores de 18 años para relaciones sexuales remuneradas, pornografía infantil y/o adolescente, utilización de niños, niñas y adolescentes en espectáculos sexuales, donde exista además un intercambio económico o pago de otra índole para la persona menor de edad o para un tercero intermediario. Por lo tanto no es adecuado hablar de ´‘prostitución infantil’´ ni de ´‘turismo sexual infantil’´. Se entiende que los chicos no se exponen solos a este tipo de situaciones ni pueden prestar consentimiento: en todos los casos, hay un adulto que los explota. Es decir, en este tipo de delito existe un adulto que los utiliza sexualmente con fin fines comerciales.

La explotación se da en cualquiera de los siguientes supuestos: cuando se mantiene a una persona en condición de esclavitud; se le obliga  a realizar trabajos forzados; se promueve, facilita o comercializa la prostitución ajena, la pornografía infantil o la realización de cualquier tipo de representación o espectáculo con dicho contenido; se la fuerza al matrimonio o cualquier tipo de unión de hecho; se promueve, facilita o comercializa la extracción forzosa o ilegítima de órganos, fluidos o tejidos humanos.

La trata de personas menores de edad implica el ofrecimiento, la captación, el transporte y/o traslado -dentro del país, desde o hacia el exterior- , la acogida o la recepción de personas menores de 18 años, con fines de explotación sexual o laboral. Además, el consentimiento de la víctima de trata no tendrá efecto alguno para eximir de responsabilidad penal, civil o administrativa de los autores, partícipes, cooperadores o instigadores.

Grooming es otro aspecto a considerar para las coberturas de la violencia sexual hacia la niñez y adolescencia. Es la acción deliberada por parte de un adulto de acosar sexualmente a un niño, niña o adolescente mediante el uso de internet.

El mito de la seguridad en el hogar

En el ámbito familiar el abuso sexual contra niños, niñas y adolescentes es el tipo de maltrato infantil menos denunciado. La información recopilada por Unicef en distintos países de la región de América Latina y el Caribe muestra que entre el 70% y el 80% de las víctimas de abuso sexual son niñas, que en la mitad de los casos los agresores viven con las víctimas y en tres cuartas partes son familiares directos.

En la mayor parte de los casos judicializados los abusos son cometidos por conocidos y familiares, que acceden con facilidad al niño y aprovechan la confianza nacida en la convivencia. Generalmente, quienes cometen actos de abuso sexual pertenecen al género masculino, aunque también existe una proporción minoritaria de mujeres agresoras, que se diferencian de los varones por su falta de empleo de violencia física.

El incesto paterno filial, violación del tabú primordial, es el caso que reviste mayor gravedad debido a las consecuencias devastadoras que provoca sobre todos los aspectos de la vida cotidiana, destruyendo tanto la subjetividad como la configuración familiar.

Cualquiera sea la etnia, edad, condición sociocultural o género de la víctima, estos casos de abuso no pueden ser justificados y nunca son culturales. Estudios recientes señalan otro dato

preocupante: entre el 20 y el 40% de los abusos sexuales son cometidos por niños mayores, adolescentes y personas con menos de 21 años.

También es importante considerar que los abusos sexuales contra niños y niñas ocurren sin distinciones en todos los estratos socioculturales. El mito según el cual los abusos sexuales ocurren contra miembros de familias con menores recursos se explicaría por la existencia de un subregistro estadístico de los casos que afectan a los niveles socioculturales más acomodados, ya que suelen denunciarse aún menos que el resto.

Madres protectoras a merced del falso Sap

Es destacable la experiencia de adultos que en su niñez o adolescencia fueron víctimas de situaciones de abuso, trata o explotación sexual para informar y sensibilizar sobre el tema. Ellas y ellos conformaron organizaciones que se convirtieron en fuentes de información para periodistas y que inciden en las políticas públicas para optimizar la legislación, las acciones preventivas y de contención.

También es esencial la contribución de las madres protectoras, mujeres que fueron víctimas de violencia de género, cuyos hijos e hijas fueron abusados por el padre, pero que cuando recurren a la justicia se encuentran con obstáculos o son ellas mismas juzgadas.

Las madres protectoras pueden enfrentarse durante el proceso judicial con algunos jueces o juezas que utilizan el inexistente síndrome de alienación parental (Sap). Fue creado por el psicoanalista estadounidense Richard A. Gardner, según el cual los hijos sufren ´‘un lavado de cerebro’´ por parte de uno de los cónyuges -generalmente la madre- para que los hijos odien al otro -generalmente el padre-.

Cabe destacar que la inclusión del Sap en los Manuales de Diagnóstico de enfermedades mentales ha sido rechazada sistemáticamente desde el año 1985 hasta el suicidio de Gardner en 2003, pero se utiliza actualmente en la justicia para quitar la custodia y entregársela al progenitor denunciado, sin que medie investigación previa acerca de los motivos del rechazo del niño o la niña, y obviando además los antecedentes por violencia que hubo en la pareja.

 

Ideas para construir las noticias

Lenguaje

Las palabras construyen sentidos, sobre todo las emitidas desde los medios de comunicación. La utilización de un lenguaje inclusivo no siempre está presente en los medios por desconocimiento, por falta de tiempo, de espacio –sobre todo en titulares o zócalos televisivos-, por querer generar impacto. Muchas veces por la edición de notas a cargo de profesionales que desconocen que cuando no se utilizan las palabras adecuadas también se vulneran derechos.

Contexto

El abuso, la explotación, la trata de un niño, niña o adolescente no son hechos espontáneos. Hay una historia para contar anterior al hecho, una realidad social, cultural que debe estar presente en las noticias. Y también es fundamental un seguimiento del o los casos.

No hay que dejar de lado a los explotadores y abusadores. Las víctimas no son responsables de su situación, hay una o varias personas que lo son y el periodismo debe colocarlos en el lugar que corresponde.

El delito de la trata de personas es el tercer negocio ilegal más rentable, junto con el de las armas y el narcotráfico. Las redes de trata funcionan con impunidad a través de las fronteras de los países o al interior de los mismos. Muchas veces implican la connivencia de autoridades o fuerzas de seguridad, por lo que es muy importante brindar condiciones de seguridad y anonimato para las víctimas cuyos derechos el Estado debe restituir.

Otro aspecto fundamental al momento de escribir una nota o hacer una cobertura sobre un caso de abuso, es la incorporación de estadísticas confiables que permitan dar un contexto para comprender la magnitud e importancia de la problemática.

Además es importante dejar de lado los estereotipos de género, que incluyen parámetros de belleza y de éxito en los que se hace una sobrevaloración del cuerpo y se fomenta una sexualización temprana de niñas.

Imágenes

 Las imágenes prevalecen en los medios de comunicación. Son un lenguaje en sí mismas en un periodismo multimedial, donde los formatos se complementan.

Fotografiar o filmar a un niño, niña o adolescente en situación de víctima daña su dignidad y le ocasiona secuelas a futuro que pueden ser imborrables. En aquellos casos en los que esta exposición esté justificada, es indispensable tomar todos los recaudos para proteger su identidad. Algunas opciones son: mostrarlos de espaldas, utilizar sombras de sus siluetas, efectos de distorsión de todo su cuerpo,  planos cortos (sólo sus manos o sólo sus ojos o sólo la boca).Evitar la superposición de estos planos de manera que no sea posible armar un “rompecabezas” con las imágenes; identificar sus zapatitos; ilustrar con juguetes, como muñecas y osos de peluche rotos.

Mostrar el entorno de un niño o una niña víctima de abuso o explotación puede ser útil para contextualizar la nota. No obstante, es un recurso que mal usado podría develar la identidad de la víctima a la que se debe proteger. Mostrar a sus padres, parientes, maestros, vecinos, la escuela en la que estudia o la casa donde habita, facilita su identificación y la pone en peligro, sobre todo en situaciones de trata y explotación comercial.

La facilidad y el ansia de ‘primicia’ no deben llevar a vulnerar derechos.

Fuentes

Como en toda cobertura periodística, la diversidad y pluralidad de fuentes enriquece la nota, considerando que deben ser especializadas en derechos de niñez y adolescencia y en género, tanto de sectores académicos como profesionales de distintas disciplinas y organizaciones sociales.

Cuando hablamos de violencias hacia niños, niñas y adolescentes se destierra el axioma periodístico de dar voz a todas las personas, porque no se puede dar voz al abusador, explotador o tratante, y mucho menos sentar a víctimas y victimarios juntos en una entrevista. Si los responsables editoriales del medio exigen tener la voz del abusador, la víctima debe saber que eso sucederá.

La voz de los poderes ejecutivos es esencial cuando se trata de derechos de niños y adolescentes porque son los principales garantes, sin embargo, es importante evitar recurrir siempre a las mismas fuentes. Si se privilegia la versión policial de los hechos, se obstaculiza el tratamiento del tema como fenómeno psicológico y social complejo.

Los datos estadísticos son tentadores para cualquier cobertura y válidos para encuadrar las notas, sin olvidar que cada número se refiere a un niño, niña o adolescente.

Coyuntura

Cuando una noticia sobre abuso sexual contra niños, niñas y adolescentes, trata o explotación sexual llega al periodismo, brinda la oportunidad de volver a colocar el tema en la agenda mediática, con el contexto que muestre que no se trata de ‘´un caso más’`: es una violación de derechos reiterada que necesita del debate público y de las acciones estatales adecuadas.

Un enfoque integral, que utilice temas de apoyo en torno a la historia principal, le dará mayor potencia informativa a la cobertura. Es la oportunidad para revisar cuales con las políticas públicas ausentes, interpelando al Estado, y cuales las que previenen los delitos sexuales contra la niñez y la adolescencia y contienen a las víctimas.

Las buenas noticias

Informar sobre la violencia sexual en la niñez y adolescencia también incluye introducir notas que visibilicen historias de superación, por ejemplo iniciativas estatales o de la sociedad civil o de sobrevivientes de violencia sexual. Hay soluciones y alternativas, y las noticias también pueden ser buenas y reparadoras.