Por: Por Peter Murphy con Cédric Simon en Bruselas / AFP

Este emplazamiento se produce en medio de la conmoción mundial causada por las imágenes de un niño muerto tras un naufragio en el mar Egeo, cuando intentaba llegar con otros refugiados a una isla griega.

Esas fotos del cadáver de Aylan –de 3 años, camiseta roja y pantalón corto azul–, con la cara contra la arena en una playa turca, circularon en las redes sociales con la etiqueta #KiyiyaVuranInsanlik (“la Humanidad fracasada” en turco), y se convirtió en una de las más difundidas en Twitter.

“Aceptar a más refugiados es un importante gesto de solidaridad real. Una justa repartición de al menos 100.000 refugiados entre los Estados de la Unión Europea es lo que necesitamos ahora”, dijo Tusk en rueda de prensa en Bruselas, junto al primer ministro húngaro, Viktor Orban.

Hungría –miembro de la UE– se ha convertido en uno de los principales lugares de tránsito de migrantes y sólo en el mes de agosto llegaron cerca de 50.000 con la intención de seguir hacia el norte, hacia Alemania y otros países de la Europa occidental.

La reapertura este jueves de la principal estación de Budapest provocó que centenares de migrantes se precipitaran hacia los trenes con la esperanza de viajar a Europa occidental.

Los inmigrantes tomaron la principal estación de la capital húngara en cuanto las autoridades decidieron reabrir sus puertas. Unas 2.000 personas, bloqueadas en Budapest desde el martes, corrieron hacia un tren estacionado en la vía.

Por megafonía se anunció que “por un periodo indefinido” no saldría ningún tren hacia el extranjero. Poco después salió con destino a la frontera austríaca un tren llevando entre 200 y 300 refugiados.

“Un problema alemán”
Todo ello se producía mientras Orban se hallaba en Bruselas, para entrevistarse con los principales dirigentes de la Unión Europea y del Parlamento europeo.

El primer ministro conservador aseguró que la crisis de migrantes no es un problema europeo, sino alemán, y defendió la política de su gobierno para hacer frente a la ola de refugiados que pasa por su país. “El problema no es un problema europeo, es un problema alemán”, dijo Orban en rueda de prensa junto al presidente del Parlamento europeo, Martin Schulz.

“Nadie quiere quedarse en Hungría, en Eslovaquia, en Estonia, en Polonia. Todos quieren ir a Alemania. Nuestro trabajo consiste solamente en registrarlos, y eso haremos” aseguró.

“Los húngaros, los europeos tienen miedo, porque se ve que los dirigentes europeos (…) no son capaces de controlar la situación”, añadió el primer ministro, cuyo país es criticado por haber erigido una valla metálica en su frontera con Serbia. “Pido a Schulz que diga a los diputados europeos que dejen de criticar a Hungría, porque está haciendo lo que está obligada a hacer” afirmó Orban.

Poco antes, en un discurso ante diplomáticos, Donald Tusk había expresado el temor de que la crisis de los migrantes pueda crear una división entre el este y el oeste de la Unión Europea. “Disculpen la simplificación, pero hay una especie de división entre el este y el oeste de la Unión Europea”, dijo Tusk.

“Algunos Estados miembros sólo piensan en contener la ola de migrantes, lo que está simbolizado por la controvertida valla en Hungría, mientras que otros quieren más solidaridad al defender (…) lo que llaman cuotas obligatorias” de repartición de refugiados entre los 28 países de la Unión, explicó Tusk.

“Es un reto esencial y ambicioso, hallar un denominador común”, alegó, en momentos en que Alemania ha criticado a países de Europa del Este que rehúsan acoger a refugiados mediante este sistema de repartición.

Varios países europeos ya han rechazado cuotas de repartición de refugiados -y con cifras muy inferiores a los 100.000 que pidió Tusk- y acordaron únicamente en una cumbre en junio pasado acoger voluntariamente a 32.000 personas procedentes de Siria y Eritrea, menos de los 40.000 que había propuesto la Comisión europea en mayo.