Por: Matías Canabarro

El tedioso segundo tiempo parecía preámbulo de un alargue inevitable. Sin embargo, un agónico cabezazo del “Cebolla” Rodríguez (gran centro de Lucas Hernández y pésima salida de Guillermo Reyes) hizo estallar a los hinchas mirasoles de todo el país, que saben de la importancia de la victoria: si Peñarol vence el domingo a Defensor Sporting, se coronará Campeón Uruguayo.

En caso que sean los “tuertos” quienes triunfen el fin de semana, habrá una serie de dos partidos más. Pase lo que pase, y teniendo presente los antecedentes que han ofrecido todos los partidos entre sí, parece imposible que la emoción no esté garantizada.

Al 1-0 de anoche no faltaron las polémicas (detalladas en la página 30), los reclamos y quejas. Claro, estaba en juego la trascendente Tabla Anual, que termina siendo propiedad de Peñarol.

Teñido de violeta

Dos cosas demostraron claramente que el primer tiempo perteneció a Defensor. Primero que nada, el equipo de Eduardo Acevedo logró lo que para muchos fue imposible a lo largo del semestre: transformar a Peñarol en un equipo inofensivo durante casi todo el primer tiempo (tuvo dos tiros al arco, ambos pasados los 44 minutos).

Por supuesto que la imprecisión mirasol influyó en su pobre versión colectiva, pero más aún lo hizo la presión del rival, que mantenía sus líneas media y final sumamente juntas a la hora de defender. Los “tuertos” reducían las opciones del rival atestando de gentes los caminos, que casi siempre fueron infranqueables para Peñarol. El mediocampo le perteneció casi sin excepciones al violeta, y por las bandas casi no subieron intrusos.

Otra prueba de que Defensor fue superior es la incidencia de Kevin Dawson. El arquero coloniense tuvo varias atajadas, algunas de ellas excelentes, que lo convirtieron en un pilar para mantener vivo el 0-0.

La más espectacular de sus intervenciones fue ante un potente remate de Suárez (venía de ahogarle gritos a Waterman y Cabrera), tras la cual cayó mal y quedó con el codo deteriorado. La sanidad entró y lo vendó, pero las pruebas de molestia eran evidentes en su rostro y movimientos.

Aprovechando la soltura de Castro y Cougo (quien además conversó a todos los rivales) y, sobre todo, la lucha de Waterman (generó faltes, asistió y fue una fuente inagotable de peligro), Defensor siguió generando peligro.

El minuto 35 no le pasó desapercibido a nadie. Fue entonces cuando se dio la gran polémica de la noche, producida por una pelota que superó la línea del arco aurinegro, aunque ni las mil repeticiones televisivas pudieron corroborar si lo hizo parcial o totalmente. Miguel Nievas estaba muy obstruido, y se entiende que fuera incapaz de determinar lo ocurrido en una acción en que lo tapaba un pueblo.

En el banco violeta, sin embargo, muchos gritaron el gol, pues consideraron que el remate de Waterman, que pegó en el palo y rebotó en el “Cachila” Arias antes de bailar sobre la línea, debió haber significado el 1-0.

La apertura del tanteador pudo llegar poco después, pero Dawson nuevamente irrumpió en escena para ahogarle otro festejo a Cougo, y el potente tiro de media distancia de Cabrera se perdió por encima del travesaño.

Previo a estas oportunidades violetas, cuando el reloj indicaba 44’, Peñarol generó sus únicas dos opciones: fue mediantes tiros cruzados de Estoyanoff y “Maxi” Rodríguez que fueron desviados por Reyes.

Electrizante

Poco se pareció el complemento a lo visto anteriormente. Fue un capítulo mucho más equilibrado, aunque se emparejó para abajo.

En el tramo inicial del segundo tiempo, Peñarol mostró una notoria mejoría. Tiró a Defensor sobre su arco y estuvo más cerca de anotar. Un par de remates de Lucas Viatri se fueron muy cerca, pero no fueron tan claras como la que tuvo Fabricio Formiliano. El central vio una pelota boyando en las puertas del área chica, pero le erró y dejó pasar una oportunidad de oro.

La más clara que tuvo Defensor Sporting se produjo a los 63’, cuando el palo se vistió de aurinegro. Cecilio Waterman, quien por destrozo fue la carta ofensiva más peligrosa de Peñarol, superó a Formiliano tocando la pelota por un lado y yendo a buscarla por el otro, corrió a toda velocidad y sacó un remate que se estrelló en el palo.

Desde entonces la paridad fue evidente, la intensidad se multiplicó (todos jugaron el partido como una final, con los constantes reclamos y solicitudes que esto genera) y el encuentro extraño, por un rato, al fútbol.

Poco antes del final, Peñarol tuvo otra chance clarísima: Viatri metió una pelota en profundidad que dejó muy bien perfilado a Cristian Palacios, que tenía ventaja pero no terminó definiendo como quería debido al magnífico cierre de Mathías Cardacio, otro de los puntos altos de Defensor.

Los cambios conservadores de ambos entrenadores alimentaron el sentimiento de que el alargue era inevitable. Sin embargo, cuando el tiempo estaba a punto de cumplirse, un centro de Lucas Hernández terminó en la cabeza del “Cebolla” Rodríguez, quien aprovechó la mala salida del arquero violeta para marcar un gol que hizo estallar de alegría al pueblo mirasol.

Ahora, Peñarol está más cerca que nunca de alimentar sus vitrinas con un nuevo título de Campeón Uruguayo. Y quedó en las puertas de esto ganando como a su gente más le gusta.