En la tarde de hoy, viernes 7 de agosto, Héctor Amodio Pérez brinda una conferencia de prensa donde presenta su libro “Palabra de Amodio. La otra historia de los Tupamaros”.

¿A qué viene realmente Amodio? Viene a terminar el trabajo que en 1972 no llegó a finalizar creyendo cuando salió del país que sus viejos compañeros a los que él traicionó ¿no saldrían jamás en libertad? ¿O saldrían totalmente locos ? ¿O moriríamos en las cárceles de la dictadura que él contribuyó a consolidar con sus informaciones, su asesoramiento, su marcaje de locales y compañeros?

En 316 páginas y a 43 años de aquel doloroso 1972 intenta desacreditar algunas de las historias del MLN Tupamaros. Su línea argumental es falsa, desde el momento que en su opinión ni un solo compañero de aquel original grupo del Coordinador, fundadores del MLN (T) sirvió o sirve para algo, descarga su frustración y su rencor contra todos absolutamente todos los compañeros que él conoció en su triste periplo como guerrillero.

Debo suponer que inventa, que en la necesidad de escribir a casi medio siglo acerca de los hechos de la militancia tupamara su mente se ha visto obligada a inventar a falta de argumentos reales.

¿Por qué afirmo esto? Porque en la página 176, relata la forma en que llegó a su casa su compañera Alicia Rey Morales luego de sufrir un gravísimo accidente de tránsito. La llevaba Danilo, del que dice que no conocía. Yo se bien lo que sucedió ese día y no es como lo narra Amodio Pérez.

Si en un hecho tan trascendente para su vida personal y afectiva y a la vez trascendente para la Organización el accidente sufrido por Alicia Rey Morales era de una gravedad tremenda y Amodio no recuerda y lo reinventa, qué no esperar del resto de su relato, del relato cronológico de infinitas reuniones. Solo esperar que su destructiva imaginación elabore los perfiles más negativos de decenas de compañeros.

Compañeros que en el acierto o el error cayeron baleados, fueron torturados, se comieron 13 años de cárcel y en el caso de los 9 rehenes en las peores condiciones de reclusión.

Los Penales de Libertad, Punta Rieles, Paso de los Toros, Punta Carretas, y los cuarteles del país desbordaban de hombres y mujeres presos, hasta los bebés nacidos en esos años quedaron presos con sus madres, mientras el traidor Amodio Pérez nos informa ahora que se iba en el mes de octubre por la ciudad de Rivera con un sobre conteniendo 500 dólares a una nueva vida junto a su mujer, la Negra Alicia Rey Morales.

No existe la caducidad para los delitos de lesa humanidad cometidos por miembros de las Fuerzas Armadas ni para los civiles que los apoyaron.

Amodio es uno de esos civiles que colaboró, contribuyó con el golpe de Estado contra el pueblo uruguayo, contra la democracia y las libertades.

La Ley 15.848 de la Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado, en su art. 2 inciso b) establece que esta Ley no comprende los delitos que se hubieren cometido con el propósito de lograr para su autor o para un tercero un provecho económico.

Y esto precisamente es lo que Amodio Pérez obtuvo junto con su libertad, porque la libertad implica un total beneficio, incluyendo el económico. Él mismo lo declara en su libro, documentos falsos y dinero. Las treinta monedas de plata que recibió Judas por lo mismo.

Decenas de compañeros afirman que los señaló Amodio en la calle, y él lo reconoce ni más ni menos en el caso del Viejo Julio Marenales al que balean desde el jeep en el que viajaba Amodio Pérez vestido de soldado.

No se a qué vino, pero estaría bueno que se quedara y explicara ante la Justicia en qué consistía esa asociación para delinquir que se formó entre él y los militares. Ese Cóndor en ciernes que empezaba a desarrollarse con las torturas a hombres y mujeres, con violaciones en el amplio sentido del término, con asesinatos a militantes de izquierda.

Ya hemos colocado una placa en Colonia en homenaje a Aldo Perrini y vamos por la reparación moral de Batalla en Treinta y Tres, hombres de pueblo, frenteamplistas por no nombrar a los compañeros tupamaros asesinados entre 1972 y 1973, año en que Amodio y su mujer se van como tenebrosos turistas, dejando detrás de sí un escenario de terror, de sufrimiento, de dolor inenarrable. El escenario que solo dejan tras de sí los verdaderos traidores.

La fabulación sobre Danilo y Alicia Rey.

Danilo no tenía una motoneta Vespa, sino una Isso. Una camioneta manejada por una mujer embistió a la motoneta desde atrás y Alicia Rey quedó con la pierna fracturada, tibia y peroné expuestos más fractura de clavícula.

La motoneta quedó inutilizada en el lugar. Danilo paró un coche y pidió ayuda, ubicó a la Negra Rey Morales en el asiento de atrás y en un descuido del dueño robó el coche. La trasladó al local que compartía con Amodio Pérez y la bajó alzándola en sus brazos, y no como dice Amodio tomándola por la cintura. Amodio no estaba en ese momento, llegó mucho después. Cuando ya Danilo se había llevado el coche para dejarlo lejos del local.

Danilo volvió al local. Lo primero que le dijo a Danilo fue que se tenía que entregar a la policía, que iba a estar unos 6 meses preso y después se iba para Chile. ¿Es que ya estaría entregando militantes el Negro Amodio ? Danilo respondió que no se entregaba y la Negra Rey Morales lo apoyó, Danilo no se entregó.

Si todo el libro está escrito sobre la base de ficciones, irrealidades, mentiras como esta pequeña anécdota acerca de Danilo, entonces estaremos leyendo un libro de ciencia ficción escrito por una mente enferma de delaciones, “ortibeadas”, traiciones.

Dice Amodio que de Danilo oyó mencionar cientos de veces. Que ha leído que falleció.

Nunca mejor aquello de que los muertos que matáis, gozan de buena salud.