En 1996, blancos, colorados, cívicos y nuevoespacistas defendían la reforma electoral y uno de los argumentos de mayor peso era que aseguraba mayorías parlamentarias que permitieran al presidente electo la posterior sanción de leyes sustanciales.

Blancos y colorados la llamaban la “reforma posible” e incluía también la reforma de los partidos políticos y la integración proporcional de la Corte Electoral, aunque estos últimos dos aspectos nunca se concretaron.

Días pasados, el senador de la lista 738 Rodolfo Nin Novoa recordó en un acto partidario que “aquellas reformas constitucionales que nos propusieron y que decían que eran para darles a los presidentes las mayorías parlamentarias que se precisaban para gobernar, resulta que hoy tenemos la mayoría y parece que se ha transformado en una de las siete plagas de Egipto, que es una de las cosas más horribles que le pasa al Uruguay. La gente decidió mayoritariamente darle al presidente electo las mayorías necesarias para llevar adelante el programa de gobierno. Era eso lo que querían y ahora están disconformes. Va a volver a haber mayorías absolutas a favor del Frente Amplio y no para hacer lo que queramos, sino para hacer lo que le proponemos a la gente y que está escrito en un programa de gobierno”.

En una conferencia realizada en el Palacio Legislativo, tanto el ex presidente Luis Alberto Lacalle como su colega ex mandatario Julio María Sanguinetti defendieron la reforma electoral señalando los argumentos principales esgrimidos para reformar la Constitución en 1996: “La existencia de un bloqueo político (falta de mayoría parlamentaria, y por tanto de posibilidades de cumplir el programa de gobierno); insatisfacciones sustantivas sobre el sistema electoral; insatisfacciones sobre el sistema electoral derivadas del cambio en el sistema de partidos y la necesidad de minimizar la aleatoriedad en la elección presidencial, de disminuir los riesgos de decisiones electorales no deseadas”.

En las elecciones de 1994, que fueron las últimas con el viejo sistema, dejaron un saldo netamente terciado en el arco político uruguayo: el Partido Colorado ganó con el 32,2%, el Nacional segundo con 31,2% y el FA a 30,6% de los votos. En ese año, los blancos le garantizaron a los colorados la “gobernabilidad” durante gran parte de la gestión; algo que anteriormente también se había hecho pero a la inversa.

Julio María Sanguinetti asume por segunda vez la presidencia y conforma una coalición de gobierno que reúne a todos los sectores del Partido Colorado y del Partido Nacional. Esa coalición de gobierno desencadena casi inmediatamente una coalición de reforma, que apura varios de los cambios estructurales pendientes como la reforma del Estado, la de la Seguridad Social, la de la Enseñanza y luego la reforma electoral de 1996.

El FA gana

En las elecciones de 1999, el Frente Amplio ganó en la primera vuelta con el 41% de los votos y se aseguró la bancada parlamentaria mayor. En la segunda vuelta electoral disputada con el candidato Jorge Batlle, el FA obtuvo el 46% de los votos quedando a ocho puntos de Batlle que gana con el 54% gracias al apoyo del Partido Nacional y de la Unión Cívica. En esa elección, Lacalle defendía las mayorías parlamentarias porque, decía, “otorgan seguridad de cumplimiento de los proyectos parlamentarios”.

La reforma

El pasado 8 de diciembre se cumplieron 17 años de la consulta popular en la que se aprobó, con un acotado 50,5% de la población, la última gran reforma constitucional en su capítulo electoral poniendo fin a un régimen de elecciones que funcionaba desde principios del siglo pasado bajo el paraguas de la desaparecida “ley de lemas”.

Fue en 1996 y quedó vigente al año siguiente la modificación del sistema que, en sus grandes caracteres, estableció el candidato único a la presidencia, las elecciones internas obligatorias en cada partido y la separación de las elecciones nacionales de las departamentales. Desde entonces, tres actos electorales han pasado bajo el nuevo régimen de los cuales en dos automáticamente se accionó el instrumento de la segunda vuelta o balotaje: en 1999 y en las pasadas del 2009. En las del 2004 el candidato vencedor fue Tabaré Vázquez al obtener la mayoría absoluta en la primera vuelta.

Esa hegemonía política conquistada en las urnas a nivel presidencial determinó paralelamente también que la izquierda tuviera la mayoría de diputados y senadores en el Poder Legislativo, algo que los propulsores de la reforma electoral argumentaban a favor en 1996 como un elemento imprescindible y era que el presidente contara con mayorías parlamentarias para tener gobernabilidad.