Por: José Carlos Mahía, diputado del FA

Días pasados Donald Trump ganó las elecciones en Estados Unidos, para sorpresa de casi todos y el espanto de gran parte del planeta. Que un individuo que espetó a quien se tomó el trabajo de escucharlo, un discurso xenófobo, clasista, misógino y engreído haya ganado parece increíble.

Increíble, pero cierto, imaginarlo al frente de la mayor potencia del mundo, de su economía y de su armamento, mete miedo.

Habrá que esperar, qué es lo que sucede una vez que asuma. Va a contar con mayoría en ambas Cámaras del Congreso de los Estados Unidos, por lo que frenarlo va a depender del sentido común de los republicanos… lo que es decir.

Para América Latina el triunfo de Trump es una mala noticia, en particular para los mexicanos y los cubanos, que son los que lo tienen al lado y están en la mira.

Vamos a ver qué pasa en materia económica. Los anuncios proteccionistas son también un problema si se concretan.

Ahora bien, es bueno analizar por qué pasan estas cosas, cómo un individuo así termina ganando una elección, o mejor aún, por qué nadie o casi nadie tomó recaudo de las burbujas que anunciaban el tsunami.

Todo se inició cuando logró superar las internas y uno a uno cayeron como muñecos los candidatos republicanos, cosa que nadie creía posible.

Luego vino la competencia con Hillary Clinton, que para muchos no era carrera. La candidata demócrata nunca podría perder con un candidato de afuera, que era más bien anti sistémico, provocador y boca floja.

Pero perdió, y perdió en toda la línea.

Hoy aparecen más en la palestra “los Michael Moore” que presagiaban el triunfo de este individuo, que logró captar el enojo y la frustración de los gringos que fueron a votar.

Hoy se sabe: fueron mayoritariamente hombres, blancos, que decepcionados de la política tradicional, de las promesas demócratas incumplidas, de los efectos de la desindustrialización y la pérdida de empleos los que jugaron fuerte y apoyaron a Trump.

Logró captar el voto de los disconformes y de los “apolíticos”.

¿Qué tiene que ver Trump con Novick? Poco y mucho.

Poco, porque es claro que Novick no es racista ni xenófobo, no podemos decir que sea misógino, ni nada que se le parezca.

Novick se muestra como un empresario exitoso, como el magnate Trump, se presenta a sí mismo como de afuera del sistema, y como Trump se dirige a la gente desde ese lugar, sin hacerle asco a nada.

Lo que hay que decir bien claro es que Novick, aunque no lo diga, es un genuino representante de la derecha criolla. Que se pretenda ubicar en el centro del espectro político, es otra cosa. A lo sumo una postura táctica para captar electores.

Todos sabemos que salió de allí, que siempre anduvo correteando por esos lados, en particular, en el Partido Colorado.

Tiene un objetivo común con los partidos tradicionales: echar al Frente Amplio, sacarlo del Gobierno, en eso coincide toda la derecha. Tampoco es nuevo.

Para llegar a su objetivo se va a comer en dos panes (o va a intentar hacerlo) al Partido Colorado y a una parte del Partido Nacional, ya que busca ubicarse en el centro del arco de los partidos tradicionales.

La derecha está jugada a que Novick le saque votos al Frente Amplio, ven en él la posibilidad de ganar votos de afuera. Están jugados a que capte votos que ellos no han podido lograr. Sin embargo, no hay una sola evidencia que avale que su estrategia sea posible: hasta ahora sólo anunció la incorporación de legisladores blancos y colorados.

En este panorama lo único que van a lograr es tener menos bancas en el Parlamento, y eso es lo que hace rato olfatean los dirigentes de los partidos tradicionales, que en el Interior se van con el “Partido de la Gente”.

A corto plazo lo que se ve es un reordenamiento electoral de la derecha, no otra cosa.

Novick dice que no es de izquierda ni de derecha y es falso. Viene de la derecha, es de derecha y no se asume como tal.

No es la primera vez que Lacalle Pou, Bordaberry y Larrañaga afirman que no hay ideologías. Sin embargo, esto en boca de Novick puede sonar más creíble.

¿Quién compre el discurso del “todos son iguales”, va a votar antes a Lacalle Pou o Bordaberry que a Novick?

Definitivamente nadie.

Por ahora, lo que se ve es mucha plata al servicio de un candidato y de su novel grupo, un discurso cargado de lugares comunes y frases hechas, no mucho más.

Más allá de esto, la izquierda no puede mirar para el costado, no podemos distraernos, es nuestro deber señalar cuando aparecen líderes que recurren a lugares comunes, que tienen la innata tendencia a prometer “dos futuros venturosos”.

Dejarla pasar, no decirle claramente a la gente quién es quién, qué intereses defiende, de qué lado está parado es un error que puede cometer el Frente Amplio y lamentar todos los uruguayos.

El Trump uruguayo no va amenazar con expulsar gente del país por razones raciales como dijo el original en su campaña, pero sí va a propender a sacarles derechos a los trabajadores a favor de los empresarios, empezando por los Consejos de Salarios.

El Trump uruguayo nunca va a decir que es de derecha, aunque lo sea, y se le note de lejos.

Sí, va a representar con un discurso facilongo la ideología del orden conservador, primo hermano del discurso de la “positiva” de junio de 2014.

Novick se va a juntar con Lacalle Pou, Larrañaga y Bordaberry, no con “la gente”. Con esa alianza está todo dicho, esa es “su gente”.