Las últimas elecciones nacionales tuvieron características muy particulares, al grado que no se vivió en los días previos un clima de debate y de confrontación de ideas y de programas. Los uruguayos, en aquellos días, ponían más atención en temas accesorios. Tan fue así que en una rueda de vecinos de política se habló poco, por momentos nada. Por todo ello se puede afirmar que estaban dadas todas las condiciones para que el Partido Nacional ganará las elecciones nacionales o por lo menos triunfara en Montevideo. Ninguna de las dos cosas ocurrió.

La sensación que quedó flotando en el sistema político fue que en las próximas elecciones nacionales, cuando ya no estén Tabaré Vázquez, José Mujica y Danilo Astori, puede haber una recomposición de las dos viejas colectividades políticas, particularmente del Partido Nacional, quien sería un firme aspirante a la presidencia de la República.

Transcurridas las elecciones nacionales o departamentales últimas, el gobierno del Frente Amplio tiene que hacer conciencia que dentro de cinco años tiene que llegar al nuevo acto electoral con realizaciones para presentar y así construir una ruta de futuro que haga avanzar al conjunto de nuestra sociedad.

La Federación Uruguaya de la Salud parece haber interpretado bien la hora política y social y ha encabezado su movilización con la consigna “Que los cambios no se detengan”. En esas seis palabras hay la clara intención de reconocer los éxitos de ayer y de hoy, pero a la vez se integra y empuja el proceso de cambios que se ha producido desde el primer triunfo en lo nacional del doctor Tabaré Vázquez.

Si en esta perspectiva el gobierno nacional del Frente Amplio y la fuerza política no avanzan y no hacen avanzar a los sectores más lúcidos de la sociedad, se estará colocando un palo en la rueda, permitiendo que las visiones apocalípticas predominen en la ciudadanía. Uruguay demostró en los últimos años que un clima de optimismo solo se desarrolló cuando las ideas progresistas se instalaron en las estructuras de conducción política del pais.

El país tiene que volver a sentir que hay avances, cambios, construcciones ideológicas y culturales y eso no se logra con ministros que primero dicen “no” y después dicen escuchar, cuando son consultados. Tampoco se logra con gobernantes que a todo le dicen que “si” y después no saben como salir de esas afirmaciones.

Es en este marco político que los partidos opositores muestran sus carencias y limitaciones. Es, a la vez, la oportunidad del Frente Amplio para hacer un gobierno donde los cambios no se detengan.