Para octubre del 2016 está convocada la Conferencia de ONU- Hábitat, que tendrá lugar en la ciudad de Quito (Ecuador) y el tema central será la “nueva agenda Hábitat III”. Sus antecedentes fueron dos conferencias, la primera se desarrolló en Vancouver (Canadá 1976) y la segunda tuvo lugar en Estambul (Turquía) en 1996.

A Quito se calcula que concurrirán cerca de 10.000 personas para asistir a dicha conferencia.

Allí Intendentes, Ministros de vivienda, urbanistas y algunas organizaciones de la llamada sociedad civil, se darán cita para definir las ciudades de los próximos 20 o 30 años.

El detalle es que también participarán -y activamente- las grandes multinacionales interesadas en definir el rumbo de las “ciudades del futuro”.

Naciones Unidas está convocando a que se desarrollen Comités de Hábitat III en todos los países, según dicen, con la más amplia participación.

Desde la conferencia desarrollada en Vancouver hasta nuestros días la visión de que las ciudades estén al servicio del gran capital, donde el suelo urbano y la vivienda tienen un trato de mercancía y no de derecho humano fundamental, ha sido la constante en la inmensa mayoría de las ciudades del planeta.

El lector debe tener muy claro que vivimos en el continente con mayor grado de urbanización del mundo, cada vez más y más gente es expulsada del campo a la ciudad, con todas las consecuencias que ello trae aparejado.

Naciones Unidas pretende en su declaración que los Comités se conformen en cada país con la más alta participación. Pero esto en realidad es solo discurso si las organizaciones vinculadas a la vivienda popular, los movimientos urbanos, no comienzan a incidir desde ya para efectivamente armar propuestas que defiendan a la vivienda como derecho. Si esto no se concreta, la conferencia será un gran shopping de las grandes industrias de la construcción y la banca con créditos para mega emprendimientos.

El derecho a la ciudad, a la vivienda adecuada, al uso del suelo como derecho, solo puede ser garantizado por las organizaciones populares de la vivienda, realizando propuestas que nada tienen que ver con las que seguramente se querrán aprobar en Quito en el 2016.

Dependerá en gran medida de que las organizaciones tomen efectivamente el tema, para exigir desde ya cuáles serán las propuestas que nuestros gobiernos llevarán a Quito.

Se trata de generar un gran movimiento donde la Agenda Hábitat cuente con la activa participación de los movimientos sociales, donde se expongan los avances y logros de la gente y sus organizaciones, para de esta forma conseguir ciudades más justas democráticas y sustentables en las que se respeten los derechos humanos de sus habitantes.

El gran debate está planteado. Si consideramos que la vivienda es un derecho, hay que trabajar desde ya para oponerse a lo que hasta el momento es la constante en nuestros países: la vivienda tratada como una mercancía más.