Por: Ec. Gabriela Cultelli y Ec. Héctor Tajam

Eso que se llama “patriarcado”, es parte de nuestro día a día, y no es otra cosa que la expresión de un sistema de hegemonía social (y por tanto colectiva, familiar), o sea que atraviesa a toda nuestra sociedad, al mundo. Es la expresión de la hegemonía de lo masculino sobre lo femenino, que va mucho más allá de un problema hombre-mujer. Si es una forma de dominio, es por tal intrínsecamente violencia, y atraviesa la superestructura ideológica, cultural, universalizando así su forma de existencia.

Y como otras formas de hegemonía, el patriarcado le vino como anillo al dedo al modo de producción capitalista, que en definitiva actuó sobre este fenómeno ampliándolo, imponiéndolo renovado, dinamizándolo en todo sentido como parte integrante de la sumisión real del trabajo al capital. Cambia constantemente, aunque ese cambio pueda traer implícito y en tendencia de largo plazo su propia desaparición. Grados de libertad (parafraseando a AmartyaSen) que vamos logrando bajo el mismo sistema de explotación y en virtud de sus propias contradicciones. Dimensión esta última, que si no es tomada en cuenta, resulta difícil comprender los acontecimientos históricos, incluso los más recientes, porque negar ciertos avances en torno a equidad de género no parece demasiado realista.

Capital y patriarcado

Al capital le sirve esta y cualquier otra forma de discriminación, pero especialmente esta, dado su significado económico, pues así abarata la fuerza de trabajo incrementando el grado de explotación, lo que se dio a llamar tasa o cuota de plusvalía. Es que a las mujeres por igual trabajo se les paga menos que a los hombres (ver cuadro 2), y a menor salario mayor ganancia, así de sencillo y así de complejo. Complejo porque no se trata solo de estados contables, o de una medición esquemática en términos de precios, costos y ganancias, sino de una Relación Social de Producción, con toda las contradicciones que esto implica.

CUADRO 1– Relación % entre la remuneración media por hora de mujeres y hombres, por nivel educativo, según año
  Hasta Primaria Secundaria incompleta Magisterio y Profesorado Universidad incompleta Universidad completa
2004 89% 77% 76% 71% 59%
2006 80% 73% 98% 73% 66%
2008 81% 80% 107% 87% 70%
2010 76% 85% 102% 86% 70%
2012 76% 90% 96% 91% 81%
2014 80% 79% 100% 83% 79%
Fuente: INE, Anuario Estadístico 2015

En definitiva, las mujeres fueron hasta hace poco, una especie de enorme ejército industrial de reserva (más de la mitad de la población, ver cuadro 2) con importantísimo peso en la reproducción de esa fuerza de trabajo (por tanto del capital) y siempre presionando a la baja real del valor o precio de la fuerza de trabajo en tanto que de manera más generalizada realizaba trabajos no pagos directamente. Hoy a ello se suma la incorporación directa al mercado de fuerza de trabajo, y una vez que el capital necesitó de su ductilidad, menor organización social y por tanto, posibilidad de menores salarios por igual labor, complementándose con otras formas de lucro como el de las AFAP en Uruguay, que inventando una “esperanza de vida” mayor a los cien años y más añeja para mujeres, reduce aún más los ingresos jubilatorios femeninos y en relación a los hombres, aún computando iguales años de labor reconocida.

CUADRO 2 Tasa de actividad Población mayor de 14 años Fuerza de trabajo % de Fuerza de Trabajo
Años hombres mujeres hombres mujeres hombres mujeres Total  Masculina Femenina
1908 95 19 319.247 61.881 303.285 11.757 315.042 96,3% 3,7%
1963 76,3 26,3 967.790 978.843 738.424 257.436 995.859 74,1% 25,9%
1975 78 29 1.027.059 1.064.263 801.106 308.636 1.109.742 72,2% 27,8%
1985 75 34 1.079.266 1.137.165 809.450 386.636 1.196.086 67,7% 32,3%
1996 71,9 46,7 1.169.383 1.277.182 840.786 596.444 1.437.230 58,5% 41,5%
2004 70 48,7 1.208.246 1.332.572 845.772 648.963 1.494.735 56,6% 43,4%
2010 73,1 54 1.251.712 1.382.920 915.001 746.777 1.661.778 55,1% 44,9%
2015 73 55,4 1.307.702 1.436.793 954.622 795.983 1.750.606 54,5% 45,5%
Fuente: Elaboración propia en base a datos INE

No se trata de reducir el patriarcado a una relación social de producción, o dicho de otra manera, a una categoría económica, pues es mucho más amplio, en virtud de su presencia en prácticamente todo tipo de estructura social y estamento de las ideas. Pero sin reducirlo, no podemos dejar de expresarlo como tal. Es el patriarcado pues, en estos términos (o sea no únicamente), también una relación social de producción específica, parte del entramado global y universal de las mismas.

Vista así la cuestión, el patriarcado no solo “atraviesa” la hegemonía de clase, sino que es parte de ella. Por tanto, no solo “atraviesa” la lucha de clases, sino que es parte de ella.

Sí antipatriarcal

Nuestras mujeres vienen peleando en causas justicieras desde antes de concebirnos como nación. Vivimos el siglo XX con luchas gremiales específicas, como las de las obreras textiles o aquellas de las sociedades de resistencia de lavanderas, planchadoras, fosforeras y cigarreras de 1901, en cuya federación se crea en 1910 la asociación femenina de oficios varios. En 1946 conmemoramos por vez primera el Día Internacional de la Mujer, cuando se hiciera cargo la Unión Femenina del Uruguay.

De hecho la lucha de las mujeres uruguayas se dio, más en el plano de las luchas de los trabajadores y el pueblo en torno a derechos económicos y sociales, por la liberación nacional, y junto a sus compañeros. Aunque siempre en desigualdad de condiciones, siendo esa una contradicción interna en el seno del propio pueblo, manifiesta en sus propias luchas, y muy especialmente en las que concretamente se vincularon a la liberación de la mujer y dentro de ello, a la equidad de género. Por tanto, y como era de esperar, dijeron presente junto a Alba Roballo y tantas otras, en la fundación del Frente Amplio.

De hecho, todos estos temas en Uruguay vuelven al tapete masificados, vinculados sin dudas al avance de la izquierda en el gobierno, desde esta “revolución de los derechos” que acabamos de vivir en estos años recientes y a pesar de todas las contradicciones del caso. Es que la misma dialéctica de las diversas formas de luchas populares, trae hoy aparejado que por vez primera un Congreso frenteamplista esté proponiendo sumar a sus principios fundacionales de antioligárquico y antiimperialista, la declaratoria de antipatriarcal en pos de su lucha por la justicia social.