Por: Matías Canabarro

La responsabilidad de Nacional para el clásico del domingo se multiplicó tras la derrota sufrida ayer en el Saroldi. De perder ante Peñarol, los tricolores quedarán ocho puntos abajo en la tabla del Clausura, lo que sería prácticamente despedirse de la posibilidad de pelear por el título. Además, no puede seguir cediendo terreno en la Anual, cuyo liderazgo perdió en manos de Defensor, que agradece la manito de River Plate.

El equipo de Martín Lasarte lució una versión más bien pobre (aunque le anularon mal un gol cuando estaba 1-0) y le dieron vuelta un partido en el que, durante el segundo tiempo y con el empate en el tanteador, tuvo muchas chances de anotar.

Un poco de cada uno

La hora de la siesta afectó a River, que tardó más de media hora en despertarse. Las brevísimas posesiones, producto de la presión tricolor y la imprecisión reinante, así como la pobreza creativa que lo hicieron un equipo completamente inofensivo (un remate a distancia de Nicolás Rodríguez que picó y complicó a Conde fue la única excepción), plantearon un escenario perfecto para que Nacional dominara buena parte del primer tiempo.

Las insinuaciones y pasajes de inspiración de Tabaré Viudez, generalmente por derecha, generaron los mejores momentos del equipo de Martín Lasarte. De los pies del formado en Defensor nació el magistral pase que dejó bien perfilado a Hugo Silveira, quien selló el 1-0 tras sacarse de encima a Williams Martínez y ligar con el rebote que dio Nicola Pérez, que había podido contener el primer remate, pero nada pudo hacer con el siguiente.

La polémica pidió permiso y se instaló en el Saroldi a mediados del capítulo inicial. Nuevamente, Nacional llegaba sin esforzarse demasiado (cualquier pase parecía bastar para desbaratar la defensa “darsenera”); aprovechando el espacio disponible, Kevin Ramírez sacó un bombazo que se estrelló en palo.

Cuando fue a capturar el rebote, las manos del arquero de River parecieron estar enjabonadas, pues no pudo controlar el balón, permitiendo que Sebastián Fernández la robara y metiera un gol que fue anulado por supuesta mano. Ocho repeticiones televisivas bastaron para demostrar que no sucedió tal cosa, lo que sirve cómo evidencia de que la acción no fue nada sencilla para la terna arbitral.

El último cuarto de hora del primer tiempo atestiguó el mejor pasaje del equipo de Tiscornia, al que sacó de su letargo un tiro de media distancia de Bruno Piñatares.

La acción más clara de los “darseneros” se produjo a los 36’, gracias a la calidad individual del “Flaco” Olivera y un error de Agustín Rogel, que despejó mal de cabeza y le regaló la pelota al delantero, que le tiró un caño al juvenil y quedó mano a mano. Pero el tiro salió demasiado centrado, facilitándole la vida a Conde.

El dominio fue local desde entonces. River alargó sus posesiones, brindó su mejor pasaje colectivo y dispuso de alguna chance más que no pudo concretar, por lo que el 1-0 seguía vivo cuando Bentancor dio por terminada la primera parte.

Estalló el Saroldi

Durante el amanecer del complemento, River consiguió el empate gracias a un gol en contra de Hugo Silveira, quien trató de despejar el cabezazo de Peraza pero metió la pelota en su propio arco.

Nacional comenzó entonces a denunciar una dualidad llamativa. La facilidad para crear ocasiones de peligro (un tiro de Polenta se fue por encima del travesaño, dos remates de Viudez terminaron en buenas atajadas de Pérez, el “Tata” González probó desde fuera del área y Ligüera estuvo cerca de romper la paridad con un tiro libre que se fue junto al palo) contrastaba con los evidentes problemas a la hora de marcar.

El mediocampo sufrió excesivamente la salida de Diego Arismendi, y la contención brilló por su ausencia. Claro que era lógico resignar parte de la marca en pos de conseguir la necesaria victoria, pero eso no alcanza para justificar la pobre actuación del dispositivo defensivo de Nacional.

Para colmo, Giovanni González bajó una pelota cruzada por derecha, se internó en el área y se topó con una floja respuesta de Conde para sellar, a los 86’, el 2-1 que mató anímicamente al albo.

Un cabezazo de “Papelito” a los 94’ pudo equilibrar la balanza, pero Nicola Pérez lo controló e hizo estallar al Saroldi de alegría.

El triunfo lo festejó todo River, pero también Defensor y Peñarol.