Por: Por Constanza Moreira

Comencemos por el principio. ¿Por qué votar al FA? La respuesta más escéptica: “porque los otros son peores”, no alcanza. No debemos ser solo “lo menos malo”: debemos ser significativamente mejores. Pero, como decía Aristóteles, el mejor gobierno no es el gobierno de los mejores, sino el gobierno de todos; el que sabe conjugar las virtudes de cada uno y despertar el interés por lo público.

Porque el mejor gobierno es aquel que se parece más a una autorregulación de los ciudadanos que a la imposición autoritaria de reglas y sanciones.

No es que el FA haya llegado a esto; las notorias dificultades para avanzar en el arreglo de veredas y en el reciclaje de la basura hablan de la dificultad ciudadana por cuidar lo que es propio y común, y la responsabilización casi unilateral a la Intendencia de Montevideo (IM) por los déficits que como comunidad tenemos, habla también de la falta de asunción de las responsabilidades propias. No, no somos aún una sociedad autogobernada, responsable y comprometida con el proyecto común del “vivir juntos”.

Falta mucho para eso. Pero sin llegar allí, se puede afirmar a cabalidad que el FA buscó transformar a Montevideo en una comuna autogestionada. Lo hizo gradualmente, en parte, por ensayo y error. Lo hizo impulsando el presupuesto participativo, la descentralización, la creación de los Centros Comunales Zonales y la elección directa de los vecinos para la integración de los Concejos Vecinales.

También lo hizo impulsando la inclusión en la Ley de Descentralización de los municipios en Montevideo, a los que por cierto no se privó de darles su propio presupuesto como no sucede en el resto del país.

Sí, es cierto que no todo salió como se esperaba. La tasa de participación de los vecinos en las elecciones es aún baja, y la descentralización desconcentró servicios pero no poder efectivo en la toma de decisiones.

Pero los límites que se fueron encontrando en el proyecto son los de la propia vida. La participación no surgirá “naturalmente” como una demanda largamente esperada por la gente: la participación requiere preparación ciudadana, canales adecuados, información.

La política no es “natural” en la gente: hay que despertarla, animarla, incentivarla, enseñarla. Hay que tener buenos mecanismos y, sobre todo, una enorme voluntad de ceder poder. Pero a pesar de todas estas limitaciones, lo cierto es que los “años de la descentralización” ayudaron y mucho.

Y lo que es más cierto aún, es que el desembarco en el gobierno nacional sin los quince años de preparación previa en el gobierno de Montevideo, hubieran sido impensables.

El FA preparó en la IM cuadros para la gestión, desafió los obstáculos de gobiernos nacionales adversos y enfrentó, durante una década, los estragos sociales que causó la precarización laboral, la segregación residencial y el aumento de la marginalidad y la pobreza.

En todos esos años difíciles, y antes de que el gobierno nacional acompañara, Montevideo ya era el bastión de la izquierda, del progresismo, y donde se ensayaron todas las políticas sociales, culturales, sanitarias, educativas, que luego vinieron a transformarse en “la” gran política nacional. Así, la comuna capitalina fue vanguardia en el desarrollo de políticas más allá del ABC (alumbrado, basura, cordón-cuneta).

Consolidó una vasta red de policlínicas que desafió el centralismo hospitalario y fortaleció la gestión local; realizó el Primer Plan de Igualdad de oportunidades para hombres y mujeres y fue pionera en la lucha contra la discriminación, la violencia de género y la defensa de los derechos sexuales y reproductivos.

En estos 25 años Montevideo redistribuyó riqueza, construyó y regularizó nuevos barrios, integró a la ciudad zonas enteras abandonadas a su suerte, apostó fuertemente en la recuperación de los otrora llamados “barrios obreros” e invirtió macizamente en el oeste y en la periferia.

Todo eso fue Montevideo. Todo eso queremos que siga siendo. El domingo 10 de mayo votamos para defender todo eso: y lo votamos a través de ciertas personas, de ciertas ideas, con ciertos perfiles. Casa Grande nació levantando la bandera de la renovación generacional y de género en el FA.

Hoy, esas convicciones se expresan a través de nuestro apoyo a la candidatura de Daniel Martínez y de Silvana Pisano, quien encabeza nuestra lista de ediles.

Daniel y Silvana son parte de una generación de relevo para el FA. Están ampliamente preparados, son estudiosos, tolerantes, humildes y abiertos al diálogo. En personas como ellos ponemos la esperanza del “mejor Montevideo”.

Daniel es ingeniero, ha sido dirigente sindical, ha sido presidente de una empresa pública, ministro, senador. No le ha faltado nada en la carrera de los honores. Sin embargo, nada en él trasunta falso orgullo; por el contrario, es sencillo y accesible.

Silvana Pisano es arquitecta, formada en Uruguay y en España. Tiene un Doctorado en Dinámicas Territoriales y Estrategias de Desarrollo, se especializa en Hábitat y eligió trabajar con asentamientos de Pando Norte, Canelones, Isla de Gaspar, Montevideo, y en “La Chapita”, Paysandú. También trabajó para convertir el otrora tristemente célebre barrio Las Láminas, en Bella Unión, en el barrio fantástico que hoy se alza, orgulloso, sobre sus propios pies. Será, sin duda, una legisladora excepcional para la comuna. Y, por si faltaba más, es feminista, claro.

Nos presentamos con nuestra propia lista en Montevideo, la 3316, rodeados de nombres maravillosos, mezcla de talentos y edades, de saberes y géneros, como Alberto Couriel, Margarita Percovich, Belela Herrera, Susana Mallo, Gabriel Delacoste, Samantha Navarro, Esteban Schroeder, Emiliano Tuala, entre otras personas entrañables sin quienes Casa Grande no sería una realidad.

Tenemos por consigna “Montevideo de par en par” porque queremos un departamento de puertas y ventanas abiertas a la diversidad social, a las múltiples culturas, a la comunicación democrática. Queremos un Montevideo que desarrolle propuestas para lo urbano y para lo rural, con respeto al medioambiente y con calidad en los servicios, las infraestructuras, la vivienda y el transporte.

Queremos un Montevideo de par en par con espacios públicos abiertos a la convivencia sana, democrática y sin miedos, sabiendo que la única seguridad que nos asiste es la del compartir con el otro.

Queremos un Montevideo de par en par, donde lo viejo y lo antiguo convivan; preservando el patrimonio histórico y construyendo espacios nuevos que hablen de lo que somos ahora.

Queremos un Montevideo de par en par porque creemos en la paridad. En la paridad de los sexos, en la paridad de jóvenes y veteranos, de los “de siempre” con los recién llegados. Un Montevideo donde vivan en paridad los de la periferia con los del centro, los del norte con los del sur.

Sobre todo, creemos en Montevideo porque creemos en nosotros mismos. Porque siempre hay un lugar y un puerto al que arribar en el viaje de la vida. Como este mismo puerto. Como esta misma ciudad abierta de par en par al futuro, a la esperanza, a la vieja y nueva idea de que “otro mundo es posible”.