Que Montevideo no es una ciudad caracterizada por la pulcritud de sus calles, es una realidad que nadie puede negar. La tacita de plata nunca fue impoluta. Pero en los últimos tiempos el problema de la basura o, si se prefiere, de la higiene ambiental, ha cobrado dimensiones alarmantes.

La recolección de residuos domiciliarios y el barrido de veredas y calzadas son percibidos por los vecinos como tareas primordiales y esenciales de la gestión municipal; y lo son. No solamente en atención a la imagen que de la ciudad se lleva el turista sino, fundamentalmente, porque los vecinos que pagan puntualmente sus impuestos a la comuna merecen vivir en una ciudad limpia.

Para llegar a la situación actual, hay varios factores que han incidido: la acción de los hurgadores (clasificadores o recicladores) hace que los residuos se vean esparcidos alrededor de los contenedores; estos, por su parte, son víctimas frecuentes de vandalismo; no hay que olvidar las medidas adoptadas por el sindicato, gracias a las cuales todo el mundo se fue habituando a los basurales.

Pero como ya hemos dicho en estas páginas, los contribuyentes tienen su cuota parte de responsabilidad. La mayoría de los vecinos parece considerar que la limpieza de la ciudad es una tarea que solo compete al municipio, por lo que la población adopta una actitud de absoluta pasividad, limitándose a dejar la bolsa de residuos dentro del contenedor; los vecinos creen que a ellos no les corresponde colaborar en el mantenimiento de la higiene ambiental. La gente no se preocupa por no ensuciar porque considera que la comuna debe limpiar. Ese comportamiento está incorporado a tal punto en la población, que nadie se inmuta cuando alguien deja caer envases o envoltorios que terminan tapizando las calles.

La administración de Ana Olivera parece resuelta a enfrentar el problema mediante un ambicioso plan de limpieza que supone gastos millonarios en la compra de vehículos, contenedores y otros insumos de infraestructura. No hay duda de que son medidas plausibles, pero entendemos que la Intendencia debe idear una buena campaña publicitaria dirigida a promover un cambio cultural sin el cual no será posible mejorar la higiene de la ciudad.

Es necesario educar a la población de modo que en cada hogar se realice una primera etapa de clasificación de residuos domiciliarios, colocando en bolsas de distintos colores los diferentes tipos de residuos reciclables. De ese modo, se evitaría que los hurgadores hagan su tarea sobre la vereda, dejando los residuos que no les sirven desparramados alrededor de los contenedores.